No quiero morir joven ( #1 Saga No quiero)

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Capítulo 12

Me siento como si un camión me hubiese golpeado, lanzándome a las vías de un tren. Mi abuela Clarissa y Kayes intentan calmar a mi padre pero es en vano.

—¡Joder, mierda! —Abro los ojos al escuchar gruñir a mi padre. Me encuentro en una habitación de hospital, lo cual no me sorprende, últimamente estos lugares son como mi segundo hogar—; ¡puedo perderlo!, joder —su voz es un sollozo estrangulado. Ambas están concentradas en él, que no han notado que estoy despierto—. ¡Él es una de las personas más valiosas que tengo y está en peligro!

 

—Donald, querido, Damián estará bien. Es un chico muy fuerte —lo abraza con todo su amor de madre mientras que Kayes contiene las lágrimas.

 

¿Qué está mal?

 

—¡Dam! —Chilla mi hermana cuando me ve con los ojos abiertos y corre a mi lado. Toma mi mano y aprieto mientras sonrío—. ¿Cómo te sientes?

 

—Mal —digo, pues quiero ser sincero. Ocultar cosas me trajo hasta aquí—. Me duele todo.

 

—Es normal, te hicieron muchísimos estudios —abro los ojos como platos y recuerdo que debo organizar la fiesta de cumpleaños de Chloe. Intento levantarme pero mi padre me detiene mientras me dedica una mirada que me deja estático.

 

—Hijo, debes descansar —besa mi cabello y suspiro.

 

—Debo organizar la fiesta de Chloe.

 

—No puedes, Dam. Te dejaran internado.

 

—¿Qué? —Mi voz se eleva unas octavas—. ¡¿Por qué?! ¡Mi prima no puede quedarse sin su fiesta de cumpleaños! ¡Es deshonrado de mi parte!

 

—Dam, querido…—mi abuela se acerca y mira a Kayes, parecen comunicarse y ella asiente y se aparta. Mi mano ahora se cierra sobre la de mi abuela—… Llevas cuatro horas aquí, en ese tiempo se te realizaron unos estudios y te detectaron un tumor maligno que está bajo del cerebro. Comienza a ocupar tus nervios ópticos, lo que produce tus mareos y desmayos. Quiero que seas sincero ¿has tenido dolores de cabeza? —Miro de reojo mi padre y asiento. Papá se tensa y se aleja mientras pasa sus manos atreves de su cabello.

 

—¿Por qué mierda no dijiste nada? ¡Estás recién operado, Damián! —Sus palabras me sobresaltan y las lágrimas bajan de mis ojos—. No llores, por favor —suaviza su tono y se acerca y con la yema de su mano limpia mis lágrimas—; no debí hablarte así, pero, estoy muy nervioso. Tú en peligro… Mi mayor temor se ha hecho realidad y no puedo hacer nada al respecto.

 

—Todo estará bien, me operarán y lo extirparan ¿cierto, abuela? —La miro y frunce el ceño, eso no significa nada bueno.

 

—La zona donde se encuentra ubicado es muy delicada. Un solo error y podrías quedar ciego —su voz tiembla al igual que lo hace mi corazón.

 

Podrías quedar ciego.

Podrías quedar ciego.

Podrías quedar ciego.

 

No concibo la idea de no ver a mis padres y a mi familia. No voy a ver a mis primos jugar, crecer, no podré tener un novio al cual contemplar, no podré leer más nunca, cuando vaya a caminar tampoco sabré por donde ir… Me enferma pensar que quizás entre a un quirófano y al salir no sea capaz de observar el rostro, de aquel chico de ojos azules. De volver a verlo nuevamente.

 

—Quiero regresar a casa y organizar la fiesta de Chloe —al ver a mi padre tuerce el gesto y aclaro—. Y me refiero a nuestra casa aquí en Aspen.

 

—Dam, por una vez en tu vida, has lo que se te dice, por favor —sé que estoy acabando con su paciencia pero para mí es importante el cumpleaños de Chloe. Mi niña cumple ocho añitos y quiere una fiesta y de mi parte la va a tener.

 

—Damián, entiende que no estás en condiciones de organizar una fiesta. Hablaremos con Chloe… —fulmino con la mirada a Kayes, haciéndola callar.



Wuilder Vargas V.

Editado: 19.06.2019

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