No quiero morir joven ( #1 Saga No quiero)

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 22

Una oleada de ternura se apodera de mi cuerpo y me coloco a su altura para abrazarlos también. Siento la humedad de sus lágrimas en mi cuello cuando entierran sus rostros en el mientras sollozan. ¿Eran ellos quienes pensaban en mí? ¿Gracias a sus palabras susurradas en silencio durante las noches lograba continuar viviendo en el infierno en que lo hacía?

            —¡Dam! —Escucho gritar a dos niños y siento como me envuelven entre sus brazos.

            Damián Palinchi. ¿Ese soy yo?

            Cierro los ojos con fuerza y siento que comienzan a descender lágrimas a través de mis mejillas. Estos niños solo tuvieron que verme un segundo para gritarme que soy su primo, ¿Estarán confundiéndome también?

            —Te extrañé mucho Dam. —Susurra la pequeña contra mi cuello con la voz entrecortada —Gracias por regresar, te amo mucho. —Besa mi mejilla y siento una calidez envolver mi corazón.

            —No vuelvas a irte al cielo, Dam. —El niño toma la palabra y le sonrió, agachando la mirada en todo momento. No quiero que vean mis ojos a través de los lentes y se asusten. Solo en este momento acabo de recordar las palabras de Thomas. Eres feo. Asustaras a los niños. Estos dos pequeños no parecen tener miedo de mí— Te amo mucho, mucho. —Se aferra aún con más fuerza a mi cuerpo— ¿Veías la luna junto a nosotros por las noches? —Me pregunta mientras limpia mis lágrimas con cuidado—  ¿Te quedarás con nosotros para siempre, o solo viniste a darnos un abrazo?

            —Yo... —titubeo, no sé qué decir. Aún no puedo creer lo que está sucediendo, ¡No sé cuál es la verdad! Lo único de todo esto que tiene algo de sentido es el mal trato que me daban mi madre y Thomas. Si en realidad no son mi familia, entiendo por qué para ellos yo resultaba un problema. Pero ¿Por qué me separaron de mi novio y mi familia?

            —Niños, ¿recuerdan cuando su primo perdió la memoria? —Mi piel se eriza al escuchar la voz del hombre que me trajo aquí. Siento el asentimiento de los niños contra mi piel, no parecen querer separarse de mí—, él volvió a perderla. Piensa que es otra persona, deberían decirle quién es para hacerlo recordar. —Siento su presencia detrás de mí. Sus brazos envuelven mi cintura y planta un suave beso en mi cabello. Me sorprende darme cuenta de que agachado sobre el suelo de una casa que no conozco, abrazada a un hombre y a unos niños que acaban de cruzarse en mi camino y de los cuáles no sé absolutamente nada... Me siento más en casa que en todos estos meses, donde viví junto a mi supuesta suegra y esposo.

            —Eres el mejor primo del mundo. Preparas los hotcakes con forma de flor más ricos que existen y te encantan los libros. Siempre nos lees a Brian y a mí. —Dice la niña y aunque no puedo verla, sé que sonríe— Por favor, no vuelvas al cielo. Quédate con nosotros. —Lágrimas descienden de mis ojos al escucharla. No tiene ninguna duda de que yo soy su primo.

            —Eres nuestro primo, el hijo de mis tíos Donald y Lizet y hermano de Kayes… eres el novio de Austin —comenta el niño—. Eres hermoso y tierno y dulce y bueno. Siempre cocinas pasteles para nosotros y los sirves con helado. Juegas con nosotros en el parque y en el jardín todos los días. Cuando tengo una pesadilla vienes a abrazarme y te quedas a dormir a mi lado para hacerme sentir seguro. Te amo, Dam. Y eres el mejor.

Hermoso. ¡Dijo que soy hermoso! Y qué hago pasteles con helado y hotcakes. Me gusta leer... Aunque eso ya no puedo hacerlo. Me gustaría ver los rostros de estos niños, seguro son hermosos. Me siento tranquilo y más feliz que nunca antes, pero una parte de mí aún no puede creer que todo esto sea mío. Este hombre y estos niños son mi familia y me profesan un amor puro, sincero, sin condiciones y sin límites... No puede ser cierto.

            —Niños, ¿Cuál es mi nombre? —Preguntó con la voz entrecortada. Esto parece un sueño.

            —Damián Palinchi —responden al unísono. Inspiró con fuerza.

            —Y ellos son Brian y Cloe —susurra Austin en mi oído. Mi piel se eriza ante su contacto y en un impulso, giro mi rostro para plantar un beso en su mejilla, pero terminó uniendo mis labios con los suyos. El contacto es sublime y solo quiero quedarme así junto a él para siempre, pero estamos frente a los niños por lo que me separo un poco y le sonrío con las mejillas encendidas por la vergüenza. No entiendo qué me sucede.



Wuilder Vargas V.

Editado: 19.06.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar