No quiero morir joven ( #1 Saga No quiero)

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Capítulo 23

Mi sonrisa no ha abandonado mi rostro desde hace dos horas. Brian y Cloe no se han separado de mi lado y Austin mucho menos. No me siento incómodo ni asustado por sus constantes atenciones, en realidad, nunca he estado más feliz.

            —¿Alguien quiere darme un abrazo? —Abro mis brazos esperando que alguien lo haga y mi espalda termina hundida en el sofá cuando se abalanzan los niños sobre mí.

Los tres reímos y los llenó de besos. No me queda duda alguna de la veracidad de sus palabras. Soy Damián Palinchi, hijo de Lizet y Donald Palinchi, hermano de Kayes Palinchi, novio de Austin Marck y primo de Brian y Cloe. No pertenezco a la familia Hamilton.

            —Los amo —susurro en sus oídos y los escucho suspirar. Sus cálidos alientos golpean contra mi cuello, erizando la piel y causando un hormigueo por todo mi cuerpo.

            Mis primos están entre mis brazos otra vez, un lugar de donde nunca debieron ser separados. Un sentimiento agrio crece dentro de mí. Es algo que no había sentido antes: Desprecio. No soy una mala persona y no creo en la venganza o en el ojo por ojo, pero gracias a Thomas y Lucy mi familia sufrió al pensar que yo estaba muerto. Estos dos pequeños seres inocentes lloraban durante las noches por haber perdido a su familar mientras yo estaba anhelando tener una vida mejor en una solitaria habitación, sintiéndome vacío, solo, triste y desdichado. Espero que cuando Austin y yo estemos solos que él me cuente qué tiene pensando hacer

            —Dam, ¿cómo es el cielo? —Pregunta Brian, sacándome de mis pensamientos. ¿Debo decirle la verdad o inventar algo? Creo que lo mejor será explicarles, de una manera algo maquillada, lo que en realidad sucedió.

            —Yo no estaba en el cielo, bebé —digo acariciando su cabello. Cloe y Brian se ponen de pie, de manera que no puedo decir con exactitud dónde se encuentran. Los busco a tientas con mis manos pero no logro dar con ellos.

            —Entonces ¿te fuiste a otro lugar? —Susurra Cloe con incredulidad. Volteo y entonces mi mano se topa con una de sus piernas. Está abrazada a Austin.

            —Nos abandonaste... —dice Brian en un tono de voz tan bajo que apenas escuchó sus palabras. Me horroriza la línea que han tomado sus pensamientos y me apresuro a sacar a los niños de su error, lo último que necesitan mis niños luego de tanto sufrimiento es creer que me fui porque no los quería.

            —No, mis bebés. No los abandoné, digamos que... Unas personas me llevaron a otra casa porque me querían con ellos.

            —¿Otros niños te querían como su primo? —Cloe vuelve a mi regazo y aspiro el aroma de su cabello.

            —Sí, exactamente —decido que lo mejor será que no se sientan amenazados o crean que cabe la posibilidad de volver a perderme—. Otros niños querían que yo los cuidara, pero mis únicos primos son ustedes y los amo —Cloe besa mi mejilla y Brian se acurruca a mi lado. Sonrío y siento los labios de Austin posarse sobre los míos con delicadeza, pidiendo permiso para continuar. Tomó la iniciativa y comienzo a mover mi boca contra la suya, pidiendo, exigiendo. Él me da lo que pido y nos separamos con un suspiro—. Te amo.  —Susurro involuntariamente. Las palabras escaparon de mi boca de manera espontánea, no fue forzado ni pensado, simplemente lo dije como si fuese lo más natural del mundo.

            —Yo a ti, Damián —contesta y pasa su brazo por detrás de mi cabeza. Me pegó más a su cuerpo y mis párpados comienzan a cerrarse. Me pregunto cómo eran las cosas entre nosotros antes de que sucediese todo. Sólo tengo unas horas aquí y estoy eufórico gracias a tanta felicidad, probablemente fui el chico más dichoso que ha existido, y pienso recuperar mi vida, mi felicidad y a mi familia.

            —¿Tienes sueño? —Susurra Austin en mi oído. Asiento débilmente, han sido demasiadas emociones—, hora de descansar —dice en voz alta y toma a los niños entre sus brazos—, ya regreso —besa mi mejilla y me acuesto en el sofá, estoy tan cansado. Al cabo de unos minutos regresa y me toma entre sus brazos. Escondo mi rostro en su cuello y suspiro al sentir el olor de su piel, huele delicioso. El aroma de Austin Marck es mejor que cualquier perfume—. Estoy tan feliz —murmura mientras mordisquea mi oreja. Suelto una risita y beso su mandíbula.

            —Esta sensación de dicha es muy nueva para mí —confieso—. Thomas me trato tan bien y me trató muy mal y se encargó de hacerme saber cada día lo horrible que me veo y el miedo que generan mis ojos. A veces agradezco no ser capaz de verme en un espejo —lágrimas pinchan mis ojos y siento como el cuerpo de Austin se tensa. Abre una puerta y me deposita en una cama que se siente extremadamente suave y cómoda—: ¡No me dejes solo! —Chillo cuando dejo de sentirlo a mi lado—, no quiero volver a sentirme como antes —susurro mientras abrazo mis rodillas contra mi pecho. Siento su peso sobre el otro lado de la cama y como sus brazos vuelven a envolverse a mí alrededor. Me aferro a su cuerpo como si fuese lo más importante que tengo y en realidad, eso son él y mi familia. Mi todo.



Wuilder Vargas V.

Editado: 19.06.2019

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