No quiero morir joven ( #1 Saga No quiero)

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Capítulo 24

—Damián —murmura con la voz entrecortada. Intento alejarme un poco para que pueda verme pero no me lo permite, presiona fuertemente mi cuerpo contra el suyo como si fuese una tabla de salvación—. Dam... ¿Eres tú?

Envuelve los brazos a mi alrededor y sonrió cuando siento una suave calidez inundar mi corazón.

            —Sí... —susurro—… estoy vivo —sonrío débilmente.

            —Pero... ¿cómo? —Separa nuestros cuerpos apenas unos centímetros y clava sus ojos en mí. Aunque no puedo verlo, siento su mirada recorrer mi cuerpo para asegurarse que soy real, que estoy aquí.

            —Te explicaré todo, Donald —escucho la voz de Austin y sonrío automáticamente. Tiene un efecto sobre mi cuerpo que no alcanzo a comprender, pero que me encanta.

            —Dam —vuelve a estrecharme contra su pecho y no me opongo. No sé quién sea este hombre, pero siento que lo quiero con toda el alma—. Nunca había sido más feliz que en este momento. Perderte ha sido lo peor que pudo sucederme... —su voz se quiebra y afianzo mi agarre a su alrededor.

            —Disculpa pero... Perdí la memoria. Si no fuese por Austin, seguiría pensando que mi nombre es Damián Hamilton —su cuerpo se tensa y un segundo después ya no siento su calor envolviéndome.

            —Soy Donald —acaricia mi mano y sonrió—, tu papá —mi sonrisa se amplía aún más.

Tengo un padre.

Me siento emocionado casi al punto de la euforia. Tantas noches pensando que no le importaba a nadie, creí que estaba solo y que nunca llegaría a mi vida alguien que se preocupara por mí... Y ahora todo es diferente. Tengo un novio, dos primos, un padre, una hermana, una madre... Y probablemente haya otras personas que se alegrarán de saber que estoy vivo y he regresado.

            —Papá. —Susurro y me cuelgo de su cuello como han hecho Brian y Cloe conmigo desde que llegué. Me siento como un niño pequeño en sus brazos.

            —Dam, ¿no puedes verme, cierto? —Pregunta en un hilo de voz. Las palabras se vuelven un nudo en mi garganta y me limito a negar con la cabeza. Besa mi frente con dulzura y con mucha delicadeza se deshace de mis lentes de sol. Cierro los párpados con fuerza para que no vea mis ojos—. Abre los ojos, Dam, por favor —su voz tiene un tono de súplica que me rompe el corazón, pero mis ojos son mi punto débil.

            —No —digo rotundamente—. Son horribles —lágrimas calientes ruedan a través de mis mejillas.

            —Por favor —susurra.

            —Corazón... —la voz de Austin me sobresalta y suspiro al sentir su cálida mano envolver la mía—…, sé que Thomas te hizo creer que tu aspecto no es el mejor, pero te mintió. Eres hermoso, tus ojos también lo son. Ábrelos, por favor —besa mi cabello y una tímida sonrisa se apodera de mis labios. Inhalo con fuerza y abro los ojos.

            Escucho a Donald tomar aire y automáticamente vuelvo a cerrarlos e intentó salir corriendo de la habitación. Austin me toma de la cintura apenas un segundo después y presiona mi rostro contra su pecho, provocando que empape su camisa con mis lágrimas.

            —Dam, tus ojos son los más hermosos del mundo, siempre lo han sido —Donald acaricia mi cabello—. Lo que me molesta es que esto se pudo haber evitado. Pudiste ser operado...; pero te separaron de nuestro lado —su voz destila enojo, pero sé que va dirigido a Thomas, a pesar de que este hombre no sabe la historia detrás de mí desaparición—. No eres horrible, Dam. Eres el joven más bello que he visto.

            —Estoy de acuerdo contigo, Donald —susurra Austin—. Damián, es él chico más hermoso del mundo y soy muy afortunado por tenerlo a mi lado.

            —¡Tío!, ¡Austin!, ¡la prima Kayes ya despertó! —grita Brian y siento la felicidad en su voz.

            —Joder, ¿qué sucedió? —La voz de una mujer inunda la habitación y la identificó como la primera voz que escuché antes de que mi padre me abrazara hace unos minutos—, creí haber visto a... —se detiene abruptamente y la escucho levantarse y caminar apresuradamente—… ¿Damián? —Susurra entrecortadamente y yo asiento. La emoción en su voz me ha dejado desarmado.



Wuilder Vargas V.

Editado: 19.06.2019

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