No quiero morir joven ( #1 Saga No quiero)

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Capítulo 26

—Aún no puedo creer que esto sea cierto —escucho la voz de mi padre a mi lado y le sonrío antes de dar un suave apretón a su mano, la cual permanece sobre mi rodilla desde hace algunos minutos—. Pensé que jamás volvería a verte —comenta con la voz entrecortada, rompiéndome el corazón.

            —Me alegra tanto que estés de regreso, cariño —volteo el rostro en dirección a mi madre, quien ocupa el lugar a mi lado derecho—. Te extrañábamos mucho.

            —Dam, ¿puedes ayudarme en algo? —La voz de Brian se filtra en mis oídos y automáticamente una dulce sonrisa se posa en mis labios.

            —Claro que sí —toma mi mano y me guía hacia el interior de la casa. Subimos las escaleras y caminamos hacia lo que creo es su habitación.

            —Te escribí una carta hace unos días. Pensaba leerla en el cementerio, pero ahora estás aquí y quiero que la rompas —me entrega un sobre que identificó como la carta. Frunzo el ceño y me dispongo a hacer lo que mi primo desea, pero me detengo en el último minuto.

            —Quiero que lo leas, para mí —extiendo de nuevo la carta hacia él pero no la toma—.  Por favor —hago un puchero y escucho su risa.

            —Está bien, Dam —besa mi mejilla suavemente, enviando un hormigueo de felicidad a mi corazón. Se aclara la garganta y escucho como desdobla la hoja de papel ruidosamente—. Querido Dam, espero que estés bien en el cielo y que la nube en la que duermes sea tan suave como la cama de Tío Donald —una risita se me escapa—. No sé si lo recuerdas, pero hoy es mi cumpleaños número nueve. Cloe dice que seguro lo recordaste y en medio de la noche bajaste del cielo un segundo para darme un beso y felicitarme. Le pregunté a  mis papás y dijo que probablemente sí lo hiciste... entonces ¿puedes escapar del cielo sólo por hoy y darme un abrazo? Me haces mucha falta. Si estuvieses vivo me habrías preparado de desayuno hotcakes con mucha miel de mapple. Dora los preparó para mí, pero les faltaba tu toque mágico, tu amor condicional —su voz se rompe, obligándolo a detenerse. A pesar de saber que estoy aquí, es tal la fuerza de sus sentimientos al momento de escribir la carta que le es imposible no revivirlos.

—Estoy aquí, mi amor. No iré a ninguna parte —me agacho hasta quedar a su altura y acaricio su mejilla con delicadeza.

Quisiera que me hubieses despertado con muchos besos como solías hacerlo, pero mis papis lo hicieron, no te preocupes. Aunque terminamos hablando de ti y lloramos —se acurruca contra mi pecho mientras continúa su lectura—. Mi mejor regalo de cumpleaños sería que tú estuvieras aquí conmigo. Un abrazo tuyo es lo que más deseo en el mundo. Dam. Te extraño mucho, por favor regresa —siento algo húmedo caer en mi mano y entonces me doy cuenta de que mi pequeño está llorando.

            —No llores, por favor. No me gusta que llores —voltea su cuerpo entre mis brazos y esconde el rostro en mi cuello. Siento sus sollozos amortiguados contra mi piel y me estremezco—. Todo está bien ahora —susurro al mismo tiempo que acaricio su cabello—. Te amo y…, aquí está tu abrazo —afianzó aún más mi agarre a su alrededor, intentando tranquilizarlo. Vuelve a colocarse con la espalda contra mi pecho y suspira

            —Para finalizar... —besa mi mejilla y sonrió—... quiero decirte que te amo y que fuiste y siempre serás el mejor primo del mundo. Gracias por estar a mi lado nueve años y al lado de Cloe ocho. Posdata: Si no logras escapar del cielo, al menos sopla muy fuerte desde allá y ayúdame a apagar las velas de mi pastel.

            —Te prometo que hoy apagaremos las velitas, juntos —beso su frente y me levanto—. A partir de hoy, ya no necesitarás escribir cartas para mí, porque me tienes de vuelta —le sonrío ampliamente y me entrega la carta— ¿De verdad quieres que la rompa?

            —Sí, porque estás aquí —responde con seguridad. Rompo el sobre en muchos pedazos y Brian lo quita de mis manos para tirarlo a la basura.

            —Te amo, Brian —le digo una vez que toma mi mano para salir de la habitación.

            —Dime, Bri —besa mi mano como todo un caballero, haciéndome reír a carcajadas—. Yo también te amo Dam, mucho. Cuando recuperes la vista, te daré las cartas que te escribí en estos meses. Y las que Cloe me hacía escribir por ella, ya que no sabe hacerlo.



Wuilder Vargas V.

Editado: 19.06.2019

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