No quiero morir joven ( #1 Saga No quiero)

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Capítulo 27

Suspiró pesadamente antes de dejarme caer sobre la cama. Ha sido un día completamente agotador y lleno de alegrías, lágrimas, abrazos... Brian y Cloe se quedaron dormidos luego de que los llenara de besos y les prometiese que cuando despertaran seguiría aquí. Son dos niños maravillosos y soy un chico muy afortunado por ser su primo, ya quiero un hijo. Aunque no sea de mí sangre, pienso esforzarme para ser una mejor persona para ellos. Austin no se separó de mi lado ni un sólo instante y se lo agradezco. Me encantan su cercanía y sus cuidados, aunque en varias ocasiones me incomodaba un poco que quisiese hacer todo por mí. Soy ciego, no inútil. Preferí callar lo que pensaba para no herir sus sentimientos, pues entiendo perfectamente que vivió sin mí durante meses y mi ausencia le dolió tanto que ahora soy vital para él.

            —¿Estás cansado, corazón? —Me estremezco al escuchar su manera de llamarme. Asiento medio adormilado y sonrío como un tonto— ¿Quieres darte un baño?

            —Sí... —susurro. No me he duchado y creo que el agua sobre mi piel me ayudará a relajarme. Justo lo que necesito.

            —Vamos a darle un baño, Damián —me toma entre sus brazos como si mi peso y el de una pluma fuesen exactamente el mismo y camina conmigo hasta depositarme sobre un suelo que se siente frío bajo mis pies. Escucho como abre un grifo y el agua comienza a correr. Regresa a mi lado y comienza a quitarme la camiseta, apenas sus dedos tocan mi piel un estremecimiento delicioso recorre mi cuerpo.

            —¿Qué estás haciendo? —Las palabras escapan de mis labios antes de que pueda detenerlas.

            —Disculpa, yo... —casi puedo sentir que está sonrojándose—, estoy acostumbrado a esto... —se detiene abruptamente y sus manos rompen su contacto con mi piel—; si necesitas algo, solo llámame —asiento y comienzo a deshacerme de mis prendas apenas escuchó la puerta cerrarse.

            Busco a tientas la ducha y me dispongo a entrar pero tropiezo con una de las baldosas y terminó tumbado sobre el suelo. Un grito de dolor se me escapa y dos segundos después me encuentro entre los brazos de Austin.

            —Dios, Dam, ¿Estás bien? —Niego con la cabeza y señalo mi barbilla. Él me toma el rostro con delicadeza y revisa la zona que le indiqué. Murmura algo ininteligible y luego planta un suave beso bajo mis labios— Tendrá un gran moretón, corazón.

            —Discúlpame por rechazar tu ayuda —susurro apenado.

            —No te disculpes, Dam. No me recuerdas, esto es muy nuevo para ti —asiento de acuerdo—; pero ahora ¿me permites ayudarte? No quiero que vuelvas a caerte.

            —Será un placer, Señor Marck —aleteo mis pestañas y acaricio su rostro dulcemente—. Eres maravilloso. — Me pongo de puntillas y uno mis labios con los suyos.

            Mi cuerpo parece cobrar vida y se pega al suyo hasta que no existe ni un milímetro entre nosotros. Su lengua traza un recorrido sobre mis labios, como reclamando algo que sabe que le pertenece. Mi boca parece captar el mensaje y se amolda a la suya a la perfección. Sus manos viajan a mi espalda, haciéndome sonrojar. Traza suaves círculos con sus dedos que arrancan ligeros gemidos desde lo más profundo de mi garganta.

            —Creo que necesita descansar, corazón —murmura con la voz entrecortada.

            Suelto una risita nerviosa y me aparto un poco de su lado para intentar aligerar el ambiente que de pronto se ha vuelto pesado, cargado de una tensión sexual palpable. Es mi novio, no tendría nada de malo que hiciéramos el amor... No. Debo conocerlo mejor. Debo recordarlo antes de entregarme a él.

            —¿Me ayudará, Austinsito? —Tomo su mano y me guía a la ducha. Él continúa vestido pero aun así se introduce bajo el agua tibia a mi lado, provocando que su camisa quede completamente pegada a su pecho.

            —¿Necesita que lo enjabone, corazón? —Su voz tiene un tono tan sensual que un jadeo sale de mi boca. ¿Qué me sucede? No recuerdo haber estado tan desesperado en estos meses. La presencia de Austin está causando estragos en mí.

            —Eso puedo hacerlo yo mismo —murmuro mientras tomo el jabón de sus manos y comienzo a frotarlo en mi cuerpo. Mis mejillas queman cuando llegó a mis partes íntimas— ¿Puedes darte la vuelta? —Pregunto apenado, ¡es mi novio! ¡Debe conocer esa zona más que yo!



Wuilder Vargas V.

Editado: 19.06.2019

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