No quiero morir joven ( #1 Saga No quiero)

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Capítulo 31

Austin toma mi mano y la besa mientras entramos en la clínica para mi consulta con su padre el Doctor Marck. Él fue quien me operó y es el único que puede decirme si podré recuperar la memoria. Luego deberá remitirme a un oftalmólogo para saber si seré capaz volver a ver. Estoy muy nervioso. Hoy se definirá una parte muy importante de mi futuro que hace mucho tiempo había dejado de anhelar. Antes no tenía razón para querer recuperar la memoria, pero ahora lo que más deseo es tener de vuelta cada uno de mis recuerdos junto a mi maravillosa familia. Mi visión, por otro lado, siempre he querido recuperarla, pero ahora lo anhelo con toda el alma. Deseo ver los rostros de mis pequeños, el de mis padres, el de mi hermana, de mi familia y el de mi novio. Aunque estoy seguro que Austin es guapísimo y los pequeños son los más hermosos del planeta, quiero verlo por mí mismo.

            —Marck —dice Austin a quien debe ser la secretaria. Escucho que ella se ríe bajito, casi nerviosamente.

            ¿Por qué no hace nada?

            —Oh, Austin, tu padre, el doctor Marck lo recibirá en seguida. ¿Necesita un café o algo? Puedo ayudarlo en lo que quiera —el tono en que lo dice me deja claro que sus intenciones son darle a Austin mucho más que un simple café. Frunzo el ceño y me aferro al brazo de mi cascarrabias. ¿Cascarrabias? No es la primera vez que eso viene a mi mente en relación a Austin, debo preguntarle si significa algo. Sonrío y me acerco para besarlo castamente

            —No, Señorita Austin no necesita nada. Muchas gracias —Austin hace círculos con sus dedos en mi espalda, lo que consigue relajarme instantáneamente.

            —Bien, ehm... —tartamudea y una sonrisa se posa en mis labios, a pesar de mis esfuerzos por suprimirla—. Pueden pasar.

            —Gracias —dice cortante y caminamos hacia el consultorio del doctor y padre él.

            Al entrar a Austin le toma alrededor de veinte minutos explicarle a su padre completamente todo. El en seguida comenzó a buscar los nombres de quienes trabajaron ese día en el hospital para lograr que se haga justicia. Ellos ayudaron a ese hombre a destruir mi vida y Austin no está dispuesto a permitir que sigan con sus vidas tranquilamente. Una hora después, por fin están los posibles sospechosos en una lista que será enviada a            Michael, que es un genio de la informática, según me dijo mi padre. Él investigará todo sobre cada una de esas personas y descartará a quienes crea conveniente. Por ahora, decidimos olvidarnos de todo ese asunto y centrarnos a la razón principal de nuestra visita.

            —¿Hay alguna forma de saber si recuperaré o no la memoria? —Pregunto con suavidad. Austin tiene mi mano firmemente anclada a la suya y se lo agradezco. Él se ha convertido en mi fuerza, el ancla que me mantiene en pie.

            —Debo practicarle una serie de estudios. Si no encontramos daños permanentes en su cerebro, hay una posibilidad. Si sus recuerdos están aún allí almacenados, deberán regresar tarde o temprano —se aclara la garganta, en clara advertencia de que lo próximo que saldrá de su boca no serán precisamente buenas noticias—. En muchos casos, a pesar de no haber causas aparentes, la memoria nunca regresa y las personas deben aprender a vivir simplemente con lo que recuerdan desde el momento en que recuperan la conciencia.

            —¿Y mi visión? —Las lágrimas pinchan mis ojos al saber que tal vez saldré del hospital hoy sin las respuestas que quería

            —El Doctor. Leroy Tucson, quien me acompañó durante su operación, viene en camino al hospital para revisarlo. Él si podrá darle un diagnóstico preciso sobre si podrá o no recuperar la visión. Mientras esperamos, quiero que me acompañe a practicarle los estudios pertinentes para ver su cerebro —asiento lentamente y me acerco a mi novio para unir mis labios con los suyos tiernamente.

            Austin me besa con delicadeza, como si temiese romperme. Sonrío como un bobo cuando nos separamos y acompaño a mi suegro el Doctor Marck mientras flexiono mis dedos al sentir que algo me falta. Necesito la mano de Austin sosteniendo la mía.

 

~***~

 

             —Bien, Damián, tengo buenas noticias para usted —mi corazón comienza a latir con fuerza ante las palabras del Doctor. Tucson. Llevo dos horas ante su atento cuidado. Me ha realizado alrededor de diez estudios y me ha hecho infinidad de preguntas sobre lo que he logrado distinguir estos meses, ya sean sombras, imágenes abstractas o cualquier indicio de que mis ojos aún tienen algo de vida—. Su pérdida de visión es por un problema de la retina, consecuencia de la operación, que puede ser corregido con una cirugía láser —suelto un chillido y las lágrimas comienzan a correr a través de mis mejillas.



Wuilder Vargas V.

Editado: 19.06.2019

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