¡no soy una Dama!... Trilogía: Damas Rebeldes "1"

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Capítulo 1

¡Maldito bordado que no me sale como quiero!.

 

—Naerys deja de ser tan rústica, las costuras están chuecas y disparejas—me regaña la institutriz Marga, creo que en vez de Marga hay que decirle amargada, como su personalidad —¡¿Por qué no eres como tu hermana?! Mira lo bien que hace su bordado.

 

Ruedo los ojos, otra vez elogiando a la insoportable de Violet. Ella solo sonríe y sigue haciendo su perfecto bordado.

 

—¡Odio esto! No sirvo para bordar, prefería gastar mi tiempo en algo más entretenido como la esgrima—digo altanera, Marga me lanza una mirada llena de reproche.

 

—¡Una dama nunca practica deportes tan...! ¡Peligrosos como esos!—la miro con el ceño fruncido.

 

—¡Pues prefiero lo peligroso a lo aburrido sin emoción!—replico lanzando el estúpido bordado al piso para salir del salón dando un puertazo, escucho a mis espaldas como Marga comienza a despotricar contra mis faltas de respeto. 

 

Odio a Marga, odio a Violet, pero sobretodo ¡Odio los estúpidos bordados!. 

 

Necesito salir, corro hacia los establos, ensillo a mi yegua Amanecer, cabalgo lo más lejos posible. No quiero ser refinada, no deseo ser como Violet que solo se preocupa por su apariencia, vanidosa y prejuiciosa, no digo que sea una mala persona es mi hermana mayor y la quiero, pero el dejarse llevar por la posición, título y estatus social de una persona, no es correcto.

 

Yo soy todo lo opuesto a ella, Violet es perfecta, mientras yo soy la obeja negra del rebaño. 

 

Ella quiere casarse cuando apenas cumple dieciocho años, con mis dieciséis años quiero conocer el mundo, vivir mi vida antes de ponerme en una situación tan difícil como lo es el matrimonio. Debí haber nacido siendo un hombre, no tendría que darle explicaciones a nadie y podría ser feliz como un buen libertino. ¡Sería maravilloso! Pero soy una mujer que se tiene que regir le guste o no por las normas sociales.

 

Quisiera poder escapar a un mundo de fantasía como siempre leo en los libros. Detengo a mi yegua y respiro un poco el aire limpio del bosque, es una de las cosas que amo de mi tierra natal Escocia, sus bosques puros y amplios, no es como en Londres, los ingleses prefiren las comodidades mientras los escoceses preferimos la tierra y el aire salvaje.

 

Pasan las horas, mi yegua se encuentra cansada de tanto ejercicio, doy la vuelta y regreso a mi hogar, se lo que me espera al regresar. 

 

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Dejo Amanecer en los establos y regreso a la casa.

 

—¡Naerys Grace McAdams! ¡¿Qué son esas fachas?! ¡¿Dónde estabas?! —lo que me suponía, Marga fue con el chisme a mi madre.

 

—Salí a pasear un poco.

 

—Marga me contó lo que pasó en la tarde, no sé qué haré contigo Naerys, ¿Por qué no eres más como tu hermana? Ella nunca hace estas cosas —otro puñal a mi corazón ¿Están difícil que ella me quiera por lo que soy? ¡No soy Violet ni jamás seré como ella! Soy... Soy solo yo, soy Naerys.

 

—¡Oh! hija disculpa, no quería...

 

—Perdón por no ser perfecta como tu deseas madre—aguantando las ganas de llorar subo las escaleras corriendo hacia mi dormitorio. 

 

Azoto la puerta y me escondo debajo de la cama, en ese momento alguien toca a mi puerta.

 

—¡Fuera!— grito enojada y la persona igualmente entra, veo esas botas bien lustradas que reconozco de inmediato.

 

Él se agacha y me mira con una sonrisa. Aparto la mirada. 

 

—¡Largo! No quiero ver a nadie, mucho menos a ti padre —respondo sin mirarlo y lo escucho reír.

 

—Naerys sal de ahí abajo, ya no eres una niña —dice con un tono cariñoso que siempre tiene reservado para mí. 

 

—Me gustaría serlo para que mi madre ya no me exija ser perfecta—respondo melancólica.

 

—No seas tonta lobita, tu madre te ama como eres.

 

—Permitame que lo dude padre, a veces parece que solo quiere a su hija predilecta, su Violet —digo seca.

 

—Naerys anda sal de hay abajo, hablemos—lo miro a sus grandes ojos grises iguales a los míos y salgo de mi escondite —Tu madre solo quiere que seas una dama, una señorita.

 

—Debí haber sido hombre, no soy compatible con todas esas tonterías del protocolo, ni mucho menos elegancia. 

 

Mi padre quita un mechón de mi cabello castaño oscuro del rostro, él y yo somos tan parecidos, tanto en apariencia como en mentalidad, Violet por el otro lado es la viva esencia de mi madre con su cabello pelirrojo y ojos intensos de color verde. 

 

Todos los que nos conocen, no pueden entender cómo somos hermanas. Violet es un pequeño pajarito delicado, cantarin y elegante.Yo, soy una Loba como dice mi padre, fiera, luchadora y con un fuerte espíritu.



Gabriela aramillo

Editado: 28.07.2018

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