¡no soy una Dama!... Trilogía: Damas Rebeldes "1"

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Capítulo 2

—Creo que la nueva conquista será Lady Jons, pero aún no lo sé, habla hasta por los codos y las mujeres parlanchinas son fastidiosas, ¿Tu qué dices Rob?... ¡ROBERTS!—vuelvo a despertar de mi trance.

 

—Sí, si estoy de acuerdo—respondo sin saber de qué estaba hablando.

 

—¡Oh! ¿Estás de acuerdo en que me case con Lady Jons y nos vallamos volando en nuestro carruaje mágico?

 

—¿Ah?—él solo se ríe.

 

—No estas atento a nada de lo que te digo Rob, ¿Se puede saber el por qué? ¿Acaso un viejo como yo es aburrido?—me rio de él.

—Gabriel no eres tú, tengo mil asuntos en la cabeza... Mi padre está haciendo negocios con un escocés, al parecer lo invitó a venir ofreciéndole hospedaje en nuestra casa, lo peor de todo es que no pidió mi opinión al respecto.

—No creo que deba pedirtela, es su casa. 

—¡Y yo seré pronto el nuevo conde de York! Debo estar al tanto de todo lo que sucede en mi casa.

—Rob no te amargues, ¿Qué podría salir mal?

—Tal vez que ese hombre sea un salvaje, como todos lo de su tierra—digo con cinismo.

—No todos los escoceses son salvajes Rob, tu problema con ellos sigo sin poder comprenderlo, mientras tú sigues aquí creandote tonterías en la cabeza, iré a disfrutar de la velada.

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—Niñas despierten... ¡Naerys arriba! —me despierto sobresaltada.

—Madre esas no son formas de levantarme.

Estiro los brazos, mi espalda duele a horrores.

—Ya llegamos, acomoda tu peinado, debes lucir impecable frente al Conde. —saco mi cabeza del carruaje, la casa de Conde de York es enorme, ahí podrían vivir varias familias. ¿Ese hombre vive solo en una casa tan grande?

—¡Vamos Bajen! —nos ordena madre, Violet es la primera en bajar, por su mirada no hay que ser adivina para saber que quedó deslumbrada por todo el lujo.

Me acerco a ella con una sonrisa.

—Violet limpiate las babas y quita esa mirada de cazafortunas—ella me mira con el ceño fruncido.

—¡Cállate Naerys! ¿Cómo quieres que no me deslumbre al ver esta preciosidad de mansión?... ¿Cuántos años crees que tenga el conde?—se me escapa una carcajada.

—Violet, tú no cambias por lo que me contó nuestro padre, el conde tiene cincuenta años pero tiene un hijo más joven que está entre los veintiséis y veintisiete —ella sonríe.

—Creo que ya fijé a mi presa—dice con su típica sonrisa.

—¡Ja! Te apuesto mi anillo de zafiros a que no logras pescar al hijo—le digo extendiendo mi mano.

—¡Trato!—ella la estrecha cellando la apuesta — Ya verás, dentro de poco seré la futura condesa de York.

Los lacayos llevan nuestro equipaje adentro de la mansión, al entrar es de esperarse que el interior le haga justicia al exterior. Es simplemente hermoso. 

—¡Bienvenidos a mi hogar!—dice un hombre entrado en años con cabello gris a los lados de su cabeza , al ver su brillante cabeza calva hago un esfuerzo sobrehumano por contener una carcajada, el Conde de York no es un hombre atractivo. 

Pero los otros que están detrás de él, son muy diferentes...

—Conde York, es un honor que nos reciba en su casa—mi padre estrecha manos con el conde —Ellas son mi familia, mi hermosa esposa Catherine...

Mi madre hace una reverencia.

 

—Un placer conde.

 

—Mi bella hija Violet—mi hermana hace una reverencia y sonríe coqueta, agitando sus pestañas a los dos hombres, la conozco, no sabe con cuál quedarse. —Y la menor, mi hija Naerys.

 

—Un placer conde—digo cortes, seria y sin una sonrisa, mucho menos una reverencia, por favor sé que si intento hacerla, lo que pasará es que me pondré en ridículo y caeré al suelo.

 

—Muy hermosas tus hijas, McAdams—dice el Conde —Él es mi hijo Robert Firz, futuro conde de York.

 

Señala al atractivo castaño de ojos verdes.

 

—Y este caballero es Gabriel Davila, el Duque Hawk—No lo negaré, el duque es un hombre sumamente buemozo, cabello tan negro como la misma noche, unos ojos ¡Dios! ¿Qué clase de color de ojos son esos? Son una mezcla de gris, verde y azul. Son raros y a la vez hermosos.

 

Lo único que tienen en común es su altura, no pasan del metro ochenta.

 

—Un gusto ver a damas tan hermosas como ustedes, Ladys McAdams—dice el Duque con una sonrisa que derretiría a cualquiera. 

 

—Deben estar cansados y hambrientos, pasemos al comedor —dice el conde York.

 

Mi hermana está como una abeja en miel, extasiada por los lujos y los dos adonis. El duque de Hawk despierta mi curiosidad, es guapo ya lo he dicho pero lo que me llama la atención es su seguridad, su gestos, a leguas se nota que es un libertino.



Gabriela aramillo

Editado: 28.07.2018

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