¡no soy una Dama!... Trilogía: Damas Rebeldes "1"

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Capítulo 5

Después de cambiarme la ropa de hombre, regreso a casa, subo a mi habitación. Solo un pensamiento ronda mi cabeza, Caín Black.

—Y esa sonrisa de estúpida ¿A qué se debe? —pregunta Violet de entrometida en mi habitación.

—¡Que te importa! ¿Qué quieres?—Violet se acerca mí.

—Anda Naerys, cuéntame, ¿Quién es el afortunado? —ruedo los ojos.

—No hay ningún afortunado.

—¡Ay por favor! A mí no me engañas, esa sonrisa es muy poco común en ti hermanita, me imagino que debe ser un hombre muy guapo. —Y no se equívoca.

—De acuerdo, solo te diré un nombre... Caín Black.

—¡Oh! Hasta su nombre roba el aliento Naerys, ya me lo imagino es castaño.

—Rubio—la corrijo.

—¿Ojos azules?

—Violetas. —ella me mira sin creerlo.

— ¡Ojos violetas! ¡Me estás jugando una broma!— niego con la cabeza —Me imagino que es un hombre alto.

—Demasiado —admito casi suspirando. 

—Debe ser rico, ¿Qué es? ¿Un duque, vizconde, marques, conde?..

—Ninguno de los anteriores a él se le dan bien los negocios... odia los títulos.

—Estas deslumbrada por un rubio, alto, de ojos violetas, inmensamente rico en los negocios y que odia a la aristocracia... ¡Es perfecto para ti!—dice mi hermana con un exagerado tono de voz

—¡Violet! No soy como tú, recuerda que aún soy muy joven y no busco un esposo.

—Naerys dentro de un mes cumples diecisiete años, el tiempo vuela y en esta época casarse es estabilidad más un buen techo sobre tu cabeza cuando nuestros padres se les estire la pata.

—¡Deja de agobiarme Violet!

—Solo soy realista, le guste a quien le guste... .

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—¡Casese, Señor Black!—vuelve a repetir el señor Higgins.

—Señor Higgins no lo volveré a decir, se calla o lo despido como mi abogado.

—Pero señor Black...

—¡No quiero oírlo más! Dios santo ¿Matrimonio? ¿boda? ¡bah! ¡No quiero oír nada de eso! El solo pensarlo me da nauseas.

—Señor Black necesita una mujer o por lo menos una prometida ante la sociedad, una joven de buena familia, educada que despeje esa mala fachada que tienen las personas de usted. —sigue insistiendo el viejo.

—Por mí que se mueran creyendo los que les de la gana

—Estoy seguro que no existe un hombre más terco que usted señor Black.—dice con un tono cansado.

—Señor Higgins usted es mi abogado ¿¡Qué carajos le importa si me caso o no!?

—Quiero que tenga una vida tranquila y normal con una buena mujer a su lado, después de todo lo considero un buen amigo.—sonrío.

El señor Higgins un hombre que pasa de los cincuenta con pelo canoso, bivarachos ojos marrones, siempre jovial, humilde y preocupado por los demás. A veces no entiendo de dónde saca tanta amabilidad este hombre.

—Señor Higgins, usted me conoce, en mi vida no hay mucho espacio para una mujer, la pobre de seguro querrá volverse viuda al instante cuando se de cuenta que yo estaría más casado con mi trabajo que con ella misma.— el señor Higgins suelta una carcajada.

—Señor Black, aún está a tiempo ¿Cuántos años tiene? ¿treinta?

—Treinta y cinco — le respondo.

—¡Imagínese! Treinta y cinco años, casi, casi cuarenta, aún es guapo se ve más joven de lo que es y me va a decir que ninguna mujer le llama la atención para ser la señora Black.— me recuesto en el espaldar del sillón.

—No, ninguna, usted sabe que soy muy...

—Reservado, frío, ermitaño, creo que me falta soberbio y engreído.

—Si no fuera mayor y no lo considerara mi amigo, ya lo hubiera corrido de mi casa por hablar tan mal de mí —digo con una sonrisa — Pero si tiene razón señor Higgins.

—Ya lo sé, piénselo no me cansaré de insistir hasta que lo vea felizmente casado. — dice para después levantarse y salir de mi despacho.

El señor Higgins aparte de ser como un padre para mí, es peor que una madre casamentera, el hombre nunca se rinde pero tiene un punto a su favor, necesito una esposa para continuar mi legado y mi apellido, obviamente no quiero que tanto esfuerzo de años se vaya a la basura cuando muera. 

¿El problema? ¡No existe una muchacha que sea lo suficientemente buena! La muchachas que conozco en los pocos bailes que me digno asistir, son muy parlanchinas o aburridas, remilgadas o vulgares. 

¡Es una perdida de tiempo!

Miro la invitación sobre mi escritorio es para una fiesta de disfraces. ¿Debería asistir? Si no voy el señor Higgins seguirá con la cantaleta, mejor ir, no pierdo nada.

 



Gabriela aramillo

Editado: 28.07.2018

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