¡no soy una Dama!... Trilogía: Damas Rebeldes "1"

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Capítulo 10

—Señor Black, le acaba de llegar un recado. —dice mi mayordomo interrumpiendo mi desayuno, limpio mi boca con la servilleta.

—Damelo por favor.—él se acerca y me entrega el recado en las manos —Gracias, ahora puedes retirarte.

Él asiente y se marcha del comedor, abro y leo el recado.

"Mi querido amigo Black, te escribo para informarte que he vuelto, he regresado de mi estancia en Francia. Mi amigo hay tanto que debo decirte, te esperaré cuando gustes en la residencia Griffin.

Bill Adamson".

Adamson, tenía tiempo sin saber nada de ese hombre. Desde mi última visita a Francia, no lo he visto. ¿Cómo estará ese hijo de su madre?, Bill Adamson futuro conde de Griffin, cuando su padre le herede el título.

Lo conocí hace años cuando visité la ciudad por primera vez, Adamson no es precisamente un hombre santo, lo que más lo caracteriza es ser un mujeriego de lo peor, su juego y adicción es jugar con las mujeres, nunca entendí porque lo hace y tampoco me lo ha querido confesar.

Somos amigos cercamos pero si yo soy reservado, él es muchísimo peor a veces cínico y sarcástico, lo poco que le saqué de su pasado es que tuvo problemas por su sobrepeso en la infancia.

Debería ir a visitarlo, Bill es un hombre inteligente, frío y serio con las personas en quien no confía, pero cuando lo conoces mejor es un tipo bastante agradable. Termino mi desayuno, salgo de mi residencia para resolver unas cuantas diligencias antes de ir a visitar a Bill. 

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Al llegar a la residencia Griffin la estudio un poco, nunca había venido aquí, me acerqué a la puerta y la golpeé tres veces, no tardó en abrirse mostrándome a una señora ya mayor y por la manera que vestía debe ser la ama de llaves.

—¿En qué puedo ayudarle señor?

—Vengo a visitar a Lord Adamson, soy Caín Black.

—¡Oh, si! Usted debe ser el amigo que dijo el niño Bill que vendría —dice con una sonrisa amable — Pase Milord por favor.

La amable señora me da permiso y me permite entrar a la casa, su interior es lujoso y elegante con cada cosa en su lugar, las alfombras estiradas y pulidas, cuadros, muebles sin una mota de polvo. Una casa digna de un conde.

—¿Dónde está el Lord Adamson? — pregunté con el ceño fruncido.

—Él está... Atendiendo una visita en la sala.

—¿Visita?

—¡Vete al diablo maldito hipócrita! —gritó una voz femenina desde la sala, escucho sus pasos furiosos acercándose.

Al ver a la dueña de dicha voz, ella tiene la mirada gacha y sin querer tropieza conmigo, alza la cabeza dejándome ver unos ojos castaño llorosos intentando contener las lágrimas, es una mujer bajita que debe estar entre los veintiséis o veinticinco años, es linda y si se le vé de cerca se notan el río de pecas que tiene en su nariz y parte de sus mejillas.

—Disculpe, le pido un permiso —susurra con la voz ronca y sale corriendo.

Apenas sale escucho un grito de frustración y el sonido de algo rompiéndose.

—Pobrecita —dice la mujer mayor con lástima.

Sigo mi camino hasta la sala y me encuentro a mi amigo sentado en un sillón con las manos cubriendo su rostro, se ve agitado.

— Debería preguntar ¿Qué pasó? — él me mira y después desvia la mirada.

—No te esperaba tan temprano —dice frío.

—Y yo no me esperaba encontrarme con una pequeña mujer insultandote pero mira que extrañas son las cosas. — A él se le escapa una pequeña sonrisa, me siento en el sofá frente a él —¿Me dirás quién era ella? ¿Otra conquista?

—Que más quisiera, pero es una mujer difícil —dice con un tono melancólico en su voz.

—Es linda —él sonríe.

—De verdad que lo es... — suspiró, ¿Este hombre suspirando por una mujer? Solo aumenta mi curiosidad. 

—¿Cómo se llama?

—Tamina... Pero dejemos el tema de lado, ella me odia.

—Eso lo pude sentir cuando te grito "maldito hipócrita"—los dos reímos 

—Tiene un carácter fuerte... Y tú mi querido Caín, ¿Cómo te ha ido en esta porquería de ciudad?—pregunta interesado. 

—Creo que estoy casi en la misma situación que tú...

 

NAERYS.

Terminaba de arreglarme para la llegada del tío Bruno, papá salió temprano al puerto a resivirlo. Tocan a mi puerta.

—¿Naerys estás lista?! Papá ya llegó, hay que bajar—me dice Violet al otro lado de la puerta.

—De acuerdo voy—arreglo el último detalle, mi cabello, lo trenzo simple.

Abro la puerta de mi dormitprio y bajo las escaleras donde Mamá, Violet y junto con Cristal y otra dondella de servicio de la casa, están esperando.

—Naerys sitúate junto a tu hermana. —ordena mi madre y la obedezco, escucho el relincho de los caballos afuera —Al parecer ya llegaron.



Gabriela aramillo

Editado: 28.07.2018

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