¡no soy una Dama!... Trilogía: Damas Rebeldes "1"

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 14

NAERYS

Cada minuto que pasa mis manos sudan y el nerviosismo es imposible de contener, la casa de Caín es muchísimo más grande que la mía, elegante con una muy buena decoración, todo limpio y en su lugar.

—¿Nariel te quedas o apuestas? — pregunta William.

—No apuesto. —seguimos jugando a las cartas pero no puedo concentrarme con la intensa mirada de Caín sobre mí.

¡Dios mío, deja de mirarme!

Los únicos que se divierten son William y el rubio de Bill Adamson, Caín tiene una cara de frialdad. 

—Si me disculpan tengo que ir al sanitario. —dejo las cartas sobre la mesa —¿Dónde se encuentra?

—Déjame y te lo indico, McAdams. —se ofrece Caín.

—Ahora que lo pienso no tengo tantas ganas, esperaré. 

—Tranquilo, no muerdo —dice con falsa diversión, nos levantamos de la sillas y lo sigo fuera de la sala por el pasillo del fondo. Veo una puerta a la derecha —Este es el sanitario.

—Gracias Señor Black, ya puede retirarse —pongo una mano sobre la perilla de la puerta y volteo a ver a Caín, quien no se ha ido aún —¿Qué espera para irse?

—Creo que eso no será posible. —me veo arrastrada adentro por él.

Cierra la puerta y con su poderoso brazo sobre mi cuello, me inmoviliza contra la puerta.

—¿Quién eres en realidad Nariel McAdams? —pregunta frío y severo. 

Mis piernas tiemblan, me cuesta respirar por la presión en mi cuello.

—Yo... ¡Soy sobrino del Lord McAdams, ya se lo dije! —digo intentando sonar seguro o segura.

¡Ya ni yo misma se lo que soy!

—¿En serio? Lo raro es que en ningún momento me enteré de tu existencia, sabes lo qué creo... —él se acerca —Eres un impostor o para ser más precisos... impostora.

Él me quita la peluca dejando expuesto mi cabello y se separó impactado. 

—¡Lo sabía! —miraba como él sostenía la peluca en sus manos —Me quieres explicar ¿Qué significa esto Naerys?

Me miró furioso, pidiendo explicaciones.

—Espero que sea una buena explicación para vestirte con semejante traje .

—Me disfracé de hombre para poder entrar al club deportivo y me dejarán practicar esgrima libremente.

—¿Tus padres saben de tu pequeño disparate?

—Mi padre fue el que me ayudó y me apoyó en esta locura también mi hermana, la única que no lo sabe es mi madre. —él apoya sus dos manos sobre la puerta y se acerca a mi rostro .

—Definitivamente estás chiflada mocosa, mira que exponerte a semejante escándalo— Caín pasa de estar enojado a darme una divertida sonrisa.

—Solo quería practicar esgrima ¡Eso no es malo!—refunfuño haciendo un puchero —¡Y de una vez te digo que si intentas decirme que deje de hacerlo, te mandaré a...!

Él me calla con sus deliciosos labios, dándome un dulce y tierno beso.

—No planeo hacer eso, pero de ahora en adelante yo seré tu instructor. —abro los ojos sorprendida.

—¿Qué?

—Como escuchaste, practicarás conmigo pero ahora solo quiero castigarte un poco por exponerte en esa taberna de mala muerte —él se pega a mi cuerpo.

Sus labios se juntan con los míos, es un beso deseoso y posesivo, el sabor del vino invade todo mi paladar, lo atraigo hacia mí. Entrelazo mis piernas alrededor de su cintura y él me pega contra la pared, separo nuestros labios y comienzo a repartir besos desde su mentón hacia su cuello. Él gruñó y sentí crecer un duro bulto en el medio de sus piernas.

Caín desabrocha poco a poco mi camisa, dejando a la vista mi pecho cubierto por la tela.

—Naerys ¿Cómo puedes hacerle esa tortura a estas bellezas? —él intenta quitar la tela y yo sonrío.

Él mueve sus caderas contra mí, haciendo que suelte un gemido por la fricción entre ese bulto y mi centro.

—Tenemos que volver, se preguntarán qué hacemos —dice Caín separándose y volviendo a poner mis pies en el piso, él con una peligrosa lentitud acomoda mi atuendo, abrocha mi camisa y me besa por última vez.

—Saldré primero, te espero en la sala, acomada tu cabello y regresa.—me ordena con un tono suave y sale del baño.

Dejándome agitada, me miro en el espejo, mis mejillas están destallantes del color rojo carmesí, igual que mis labios. Mojo mi cara con agua, calmo mi agitación y pongo la peluca en su lugar. Ese hombre terminará matandome con otro encuentro así, una sonrisa se extiende por mis labios, pensándolo bien sería una placentera forma de morir.

 

CAÍN

Regreso a la sala donde estan Bill y el muchacho castaño William Gilson, al parecer se llevan muy bien y el alcohol está ayudando mucho. Bill ya parece casi pasado de copas.

—¡Black al fin llegas! Pensaba que pasarías una eternidad para mostrarle dónde quedaba el sanitario a ese muchacho.



Gabriela aramillo

Editado: 28.07.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar