¡no soy una Dama!... Trilogía: Damas Rebeldes "1"

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Epílogo

Meses después.

En una boda sencilla e íntima se casaron, no hubo una gran fiesta ni siquiera se tomaron la molestia de anunciar su compromiso en la sociedad, solo lo hicieron, Caín y Naerys, se demostraban un amor aunque poco peculiar, era verdadero y extraordinario, ambos al pronunciar sus votos no dejaron de mirarse o anhelarse eran todo lo que necesitaban.

Se notaba que estaban enamorados,

—Juntos, por siempre y para siempre, uno solo seremos, mi vida la compartiré contigo, mis deseos, mis anhelos y mis ilusiones, nunca te defraudare, y cada vez que me necesites yo estaré ahí, siempre para ti.

Y Naerys, cambiaba su perspectiva respecto al matrimonio....

La vida de una casada no es tan mala como pensé que sería, mucho menos con un hombre como Caín a mi lado, lo miro dormir, esta boca abajo, algunos mechones de su cabello cubren su rostro y los aparto, se ve tan guapo cuando duerme. Comienzo a repartir muchos besos en su rostro.

—Esta es la más deliciosa manera de despertarme, señora Black —dice abriendo sus parpados, mostrando el brillo violeta de esos bonitos ojos.

—Sabía que te gustaría —digo con una sonrisa, él se levanta sentándose en la cama. Acaricia mi mejilla —Hoy en este día, estas muy cariñoso.

—Oh, si... Mi cumpleaños —dice con indiferencia.

—Controla tu entusiasmo, mi amor. —le respondo de manera sarcástica, me acerco a él sentandome ahorcajadas sobre su regazo y entrelazo mis brazos alrededor de su cuello —¿Por qué estás así? Se supone que debes estar feliz, ¡Es tu cumpleaños!

—Un año más viejo y dentro de la tumba ¡Auch! — chilló cuando lo pellizco.

—¡No vuelvas a bromear de ese modo, me escuchaste! Además tú no estas viejo, solo eres un hombre maduro y estas mucho mejor que cualquiera de tu edad, no aparentas los años que tienes, pero lo más importante es... Que traes loca por ti a tu hermosa esposa —lo besé apasionadamente, dándolo todo en ese beso.

—Me encantas Naerys —susurró mientras va haciendo un recorrido de besos desde mi barbilla, hasta mi cuello.

Mi camisón termina al otro lado de la habitación, dejándome desnuda ante los ojos de Caín, hacemos el amor sin prisas, disfrutando el uno del otro. Cuando llegamos a nuestra liberación, me acuerdo de algo.

—Te tengo un regalo —sin vergüenza salgo desnuda de la cama, Caín ya me ha visto desnuda de todas las formas posibles y el pudor a estas alturas es ridículo. Me acerco a mi peinadora, busco en los cajones la caja donde esta su regalo, al encontrarla me acerco a él y se la entrego en las manos.

—Espero que te guste la sorpresa —él sonríe y la abre, viendo el interior —¿Te gusta?

Lo saco de la caja.

—Es un hermoso colgante, Naerys —afirma con una sonrisa.

—Abrelo —le pido, quiero que vea lo más importante, él lo hace.

—Es un retrato tuyo —dice riéndose.

—Sí, pero lee lo que esta inscrito en la otra parte del colgante.

—Esta bien, lo leeré en voz alta... Mi corazón te pertenece y nuestro hijo te amará igual De lo que yo lo hago, Naerys un ¿Hijo?...

—¡Sorpresa! —grito ante su repentina confunción.

—¿¡En serio!? —se ve entusiasmado.

—Mas en serio, que me encarge de mandar hacer esa inscripción en el colgante.

—¿Desde cuándo...?

—Hace como un mes.

—¡Y no me habías informado nada! —resopló molesto y lo beso para callarlo.

—No arruinemos el momento mi amore, seremos padres dentro de poco Caín, ¡Alégrate! —digo para calmarlo.

—Y lo estoy, no sabes cuanto... Tendremos un hijo —dice asimilando todo.

—¿Crees que sea niño, niña o gemelos? A mí me gustaría mucho una niña, pero un par de gemelas sería fantástico.

—Ah... ¿No serían muchas mujeres? Primero un niño.

—Será una niña, te lo aseguro. —le respondo con una sonrisa de ganadora.

—Tú no puedes saberlo, será un niño —dice él llevandome la contraria.

—Dentro de nueve meses lo veremos, y tú te tragarás tus palabras cuando veas a tu hermoso par de gemelas.

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OCHO MESES Y DOS SEMANAS DESPUÉS.

Mi hermana no dejaba de darme consejos, para cuando sea la hora de dar a luz.

—Y tambien tienes que...

—¡Violet Basta! Por dios, estas peor que mi madre y ni ella me da tantos consejos respecto al nacimiento de mi hijo —digo callandola.

—¡Ah! ¡Yo que no siempre ofrezco mi ayuda y así me tratan! No te vuelvo a decir nada jamás en la vida —ruedo los ojos, pasa el tiempo y está no cambia.

—Deja el dramatismo, déjame disfrutar de mi embarazo en paz —agarro un emparedado.

—Naerys ¿Acaso quieres reventarte? Mira como estas, subiste mucho de peso.

—Violet cierra el pico —le digo furiosa y ella abre la boca.



Gabriela aramillo

Editado: 28.07.2018

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