No te vi, te reconocí ©

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Guarda el secreto

Remuevo el azúcar de mi segundo café sin prestar atención a lo que dicen a mí alrededor. Ya les he contado a todos lo que sucedió en el pasillo de la facultad y ellos se encargan de repetirle cada detalle a Celeste, que acaba de llegar, le mandé un mensaje de texto para que se encontrara con nosotros en el café.

Estoy sumergida en mis propios pensamientos, no me arrepiento de haberme defendido, pero no puedo quitarme el trago amargo, que nada tiene que ver con el capuchino que me estoy bebiendo, ¿cómo pude perder el control tratando de ahorcar a alguien? Independientemente de que se lo merezca, yo no soy una persona violenta, no me siento para nada bien con lo que ha sucedido.

―Mika. ―Giro el rostro y doy con los ojos verdes de mi mejor amiga, que me observa con preocupación.

De todas las personas aquí reunidas estoy segura de que ella es la única capaz de entender como me siento en éste momento, la única que conoce todos los enfrentamientos que he tenido con Melissa, la que sabe todo lo que he soportado de esa bruja tantos años, la que puede comprender por qué perdí el control; por eso decidí pedirle que viniera.

―Perdón ―le digo―, ¿me decías algo?

―¿Estás bien? ―Asiento, por su gesto sé que no la convenzo. Me conoce lo suficiente como para saber que lo ocurrido me ha afectado, eso implicará una conversación bien larga cuando estemos a solas―, ellos preguntan si tú alguna vez has descubierto el motivo por el cual Maléfica es así contigo ―me dice.

Todos ríen por su manera de referirse a Melissa, pero yo no, bajo la mirada y la clavo en la taza que tengo en las manos, trato de pensar en algún motivo… ¿Cómo explicas que alguien te odia desde que apenas eras una niña y que de insultos hemos llegado hasta el punto de amenazarnos y tratar de ahorcarnos?

―No lo sé, simplemente no le agrado, ni antes ni mucho menos ahora. Todo ha empeorado con el tiempo, creo que no hay un motivo en específico.

―Tal vez nació mala ―afirma Wil, Dayana rueda los ojos y lo ve con cara de ¿en serio?

―Nadie puede nacer malo ―le contesta―, eso es imposible, cariño, más bien yo creo que es envidia.

Celeste bufa.

―¿Envidia de qué? Esa rubia oxigenada lo ha tenido todo en la vida: el carro del año, ropa de moda, ha viajado por todo el mundo… ―Lo piensa un segundo―, con solo hacer un chasquido de dedos y ¡Pum! su papi millonario ya le da lo que quiere.

Susana hace una mueca.

―Yo quiero un papi así ―suelta de repente sacando risas―, denme la dirección de la casa de Melissa que hoy mismo le pido a ese señor que me adopte.

Me saca una sonrisa, así es Susana, la más calladita, pero cuando habla siempre logra hacernos reír.

―Las cosas materiales no son las únicas que se envidian, chicas ―dice Wil en tono serio, logra captar la atención de todas y él se acomoda un poco en el asiento.

―Explícate. ―Le hago un gesto para que continúe.

―La verdad no tengo idea de que pasó antes, las conozco a ambas desde hace apenas tres años, pero eso es tiempo suficiente para saber que Tony es uno de los principales motivos de sus peleas, eso que ocurrió con él debió haberle afectado terriblemente en su ego.

Dayana le da un codazo en las costillas y las demás se quedan mudas, me revuelvo incómoda en la silla al escuchar su nombre, de lo último que quiero hablar en éste momento es de Tony; aún hay heridas sin sanar respecto a ese tema y no estoy dispuesta a desenterrar el pasado, puede que ella haya sufrido cuando él prefirió estar conmigo y no creerle su mentira del supuesto embarazo, pero ninguna de las dos ganó esa pelea. Al final yo también sufrí cuando Tony se fue sin darme ninguna explicación.

―Pues si ese es uno de sus motivos, ya no tiene nada que envidiarme ―le respondo molesta―, ya Tony no está y aunque volviera, no me interesaría en lo absoluto nada con él, yo estoy bien ahora y la verdad no quiero seguir hablando del tema.

Miro a Celeste con ojos suplicantes y ella entiende a la perfección.

―Bueno gente, gracias por el café, tengo un compromiso ésta noche y quiero ir a la peluquería. Mika, ¿me dejas ahí antes de irte a la pastelería?

―¡Claro! ―digo agarrando mis cosas.

―¿Nos vemos mañana en clases? ―pregunta un Wil apenado, le sonrío a medias para que se quede tranquilo, seguramente está pensando que ha metido la pata hasta el fondo. En otro momento le hubiera dado pacientemente una explicación, pero no hoy, no ahora.

―Los veo mañana. ―Me despido de todos―, Dayana me debes esa cerveza ―le digo y ella alza el pulgar.



Crln25

Editado: 11.04.2019

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