No te vi, te reconocí ©

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Diluvio

Diego

La clase de historia del arte es totalmente aburrida, pero la de diseño en 3D logra captar mi atención y me da buenas ideas.

Al fin algo logra distraerme un poco, toda la semana me he sentido muy mal por lo de mi abuela, Micaela tiene razón, salir de casa me está ayudando a despejar la mente.

Tengo que pensar con claridad sobre lo qué haré para esos locales, el dueño quiere una propuesta ésta semana y necesito que apruebe ese contrato. La mayor parte de mi liquidación se fue en la hipoteca de la casa y en el boleto a Londres de Delia, necesito comenzar a producir pronto.

Me recuesto de una columna, resoplo y miro mi reloj, quedé en encontrarme con Mika en la plaza del rectorado y se hace tarde, quiero almorzar con ella antes de dejarla en la pastelería, seguro que Dayana, Wil y Susana la tienen acaparada.

Me debato entre acercarme hasta la facultad o esperar un rato más, es casi mediodía y el sol no coopera mucho así que me decido por la segunda opción, tal vez la clase se extendió porque no la veo entre la gente que está saliendo. Meto la mano en mi bolsillo y saco mí teléfono para marcarle.

―¡Vaya, lo veo y no lo creo! ―Arrugo la frente y alzo la vista. Me paralizo cuando la veo. ¡Demonios, Melissa está parada frente a mí con una ceja arqueada y una mirada burlona! Veo en varias direcciones, preocupado de que Micaela haya salido, pero no, no está. Enfoco la mirada de nuevo en la rubia que me mira curiosa al darse cuenta de que busco a alguien.

―¿Qué es lo que no puedes creer? ―pregunto.

―Que hayas venido a buscarme, es tan tierno de tu parte. ―Es lo primero que dice Melissa.

―No, no vine a buscarte ―le aclaro sin querer hablar mucho con ella, debo prestarle atención a la salida de la facultad―. Ni siquiera sabía que habías regresado.

―¿Ah, no?, ¿entonces qué haces aquí? ―¡Mierda, no es su maldito problema! La tomo del brazo y trato de apartarme un poco de la vista de todos, ya muchos en administración me conocen por Micaela.

―Estoy estudiando diseño en esta universidad. ―No parece caerle de sorpresa mi confesión, de igual manera me quita el libro que sostengo en las manos y ojea la cubierta.

―¡Que excelente noticia, Diego! ―dice, quizás por instinto arrugo la frente―. Estudiar siempre es bueno, esa carrera te puede servir mucho para… para eso que tú haces con… ¿cómo es que se llama?

―Reciclaje, Melissa. ―Me cruzo de brazos―, y ahora que lo dices, qué curioso, yo recuerdo que la última vez que te lo mencioné dijiste que estudiar es una total pérdida de tiempo, que nunca podría llegar a nada recogiendo basura por todos lados ―digo con enfado, es increíble que ahora me venga con esto. Quiero terminar la conversación, si no se va ella me iré yo, de ninguna manera dejaré que Micaela nos vea hablando.

―Yo nunca dije eso. ―Se lleva una mano al pecho haciendo un gesto dramático.

―Ajá, como sea ―respondo de mala gana―. Me tengo que ir.

―Espera, Didi. ―Me detiene, resoplo con pesadez, ya me parecía extraño que no hubiera usado el bendito sobrenombre, bajo la mirada a mi brazo que está envuelto en sus uñas pintadas de verde manzana―, quiero decirte que me fue muy bien en rehabilitación. ―Se acerca un poco―. Gracias por haberme hecho entender que era lo mejor para mí.

―Odio que me digas Didi ―le digo, ella sube la mano hasta dejarla en mi hombro, retrocedo un poco tratando de mantener la distancia―. Lo hice por tu papá.

―Da igual por quién lo hiciste, lo importante aquí es que estoy agradecida. ―Algo no va bien cuando ella mira hacia la puerta de la facultad, voy a girar la cabeza, pero no puedo, su mano voltea mi rostro bruscamente y estampa su boca contra la mía, me invade con su lengua. Con la otra mano se aferra a mi camisa... ¿Pero qué diablos? Pasan unos segundos para que yo reaccione y la empuje por los hombros apartándola de mí.

―¿Qué te pasa?, ¿qué haces? ―inquiero con rabia.

―¿Es que no puedo besar a mi novio? ―Su sonrisa es triunfal, la miro sin entender, creyendo que definitivamente se ha vuelto loca, lamentablemente no demoro mucho en comprender la verdadera razón de porqué lo hizo.

Micaela

―Date prisa, Dayana, Diego ya debe tener mucho tiempo esperándome.

―Voy, voy... ¿Sabes lo que cuesta hacer pis sin sentarse? No sé quién me mandó a tomarme toda esa soda. ―Me rio, claro que lo sé, también sufro las desventajas de ser mujer―, no entiendo, a la universidad no le puede costar tanto mandar a arreglar estos seguros. ―Se queja, escucho el sonido del agua correr y sé que es la señal para soltar la puerta―. Es espantoso tratar de no sentarse, agarrar tu bolso con los dientes y de paso tratar de mantener la puerta cerrada.



Crln25

Editado: 31.05.2019

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