No te vi, te reconocí ©

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Extra

Diego

En la mañana cuando llego a la empresa, mi secretaria me dice que Jorge me está esperando en la sala de juntas porque tiene que hablar conmigo algo urgente. Agarro mi café y me dirijo a la puerta, hago una mueca porque todos los teléfonos suenan a la vez y ella resopla exasperada.

Jorge está sentado de brazos cruzados, con un ceño en la cara mientras mira el televisor. Me siento a su derecha y bebo un sorbo de café, él se gira y murmura:

―Esto no te va a gustar nada, de camino aquí lo escuché por la radio y en el canal de noticias lo están confirmando. Mejor oye y luego lo discutimos.

Fijo los ojos en el televisor y en lo que dice la reportera de pelo rubio, está parada frente a una cárcel de Caracas.

«El Tribunal IV resolvió reducir la condena de Anthony Villarreal, quien hace cinco años le disparó muy drogado, por problemas pasionales, a Melissa Cañizales, hija del prestigioso fiscal Antonio Cañizales.»

La pantalla comienza a mostrar imágenes de él siendo arrestado aquella maldita noche en el Blom Club.

«El fiscal Cañizales no está contento con esta excarcelación y su hija Melissa se negó a darnos declaraciones, la noticia simplemente la desequilibró emocionalmente, es comprensible, ya que una mujer necesita que su agresor esté tras las rejas y con esto Anthony Villarreal vuelve a tambalear la paz de esa familia.»

Me tenso cuando la cámara muestra a Tony saliendo de la cárcel. La reportera logra acercarse brevemente porque es escoltado por unos hombres hasta una camioneta verde que arranca a toda velocidad.

«La excarcelación de Villarreal convierte al tribunal en un circo, las múltiples demandas dejan claro que su caso aún es turbio. Esperamos que Micaela Andrade, la otra involucrada en el caso Villarreal, pueda darnos una entrevista y decirnos qué opinión tiene de este preocupante hecho que vuelve a salir a la superficie.»

Mis cejas se alzan ante la mención de mi esposa en boca de esa reportera. Ella ha puesto mucho esfuerzo para olvidar por completo el escándalo de ese año para que venga ahora esa mujer, sabe Dios con qué interés, a arrastrarla de nuevo a esa mierda.

« ¿Será suficiente la protección que le ha ofrecido su esposo Diego Dávila? Incluso luego de tantos años, ¿cómo podrán manejar que este sujeto esté en libertad nuevamente? Normalmente no la mencionaríamos, pero ya que tiene una relación directa con Melissa Cañizales sentimos que es de interés público que ella como fuente fidedigna hable con la prensa.»

Suelto una gran obscenidad y Jorge apaga el televisor con el mando. Me mira con preocupación. Resoplo y me restriego la cara con las manos, había olvidado por completo a ese mal nacido.

―Es el mismo sujeto del que hemos hablado, ¿verdad?

―El mismo ―mascullo con asco―, ¿por qué lo habrán soltado antes de tiempo? ―Aprieto los dedos en el ahora frío café.

―No lo sé, Diego. ¿Crees que intente algo?

―¡Por su integridad física espero que no se le ocurra! Debería haberse podrido en la cárcel, eso va a traerle pesadillas a Micaela.

―¿Viste por quien estaba acompañado? ―Asiento y rechino los dientes―. Debemos tener cuidado. Si Gastón Corona lo sacó es porque no trama nada bueno.

Abruptamente comienzo a maldecir. Odio la necesidad de tener que usar de nuevo escoltas.

Jorge toma el teléfono y marca.

―Isabel, programa una rueda de prensa para las tres. Diego la convoca. Te explicaré todo en breve.

Me levanto de la silla con rapidez.

―No quiero dar explicaciones, Jorge. No daré entrevistas.

―Pues tendrás que hacerlo o atosigarán a Micaela. Eres su esposo, haz lo que tengas que hacer para evitarle un mal rato.

El nudo en la garganta me crece cuando suena el celular y atiendo.

―¿Cómo demonios lo dejaron salir?

―¿Micaela?

―¿Quién más?, ¿qué número te sale en la pantalla?

―Cálmate.

―¿Y si quiere vengarse?

―¡Cálmate, por favor! ―Entonces a ella le explota la rabia y la frustración. Micaela grita y maldice hasta más no poder, pero cuando al fin consigue calmarse, le digo―: Amor, no se acercará a nosotros, no lo permitiré. No me alegra lo que voy a decir, pero contrataré mil escoltas si es necesario, prometo que no verás su maldita cara otra vez. Cuando te juré en el altar que te cuidaría no fue en broma, ¿me oyes? Ustedes son lo más preciado para mí. 



Crln25

Editado: 31.05.2019

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