No te vi, te reconocí ©

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Bailar bajo la lluvia

Diego

―Y luego hablan de que los milagros no existen ―dice Manu luego de que las chicas salen de la habitación.

―¿Por qué lo dices? ―Me río porque ya imagino por donde viene el comentario.

―Hermano, tiene que ser un milagro:

1- Que luego de estar tan estropeado estés mejorado tan bien.

2- Que la chica que ayudaste sea una lindura y su amiga un bombón.

3- Que haya aceptado darte su número, ¿viste la cara que tenía? creo que quería salir corriendo.

La verdad es que sí me estoy recuperando rápido, y Manuel tiene toda la razón, Micaela es hermosa.

―Me gusta ―suelto con una extraña sensación recorriéndome el cuerpo―, pensé que no tendría oportunidad de verla de nuevo.

―¿Hablas de aquella noche del accidente? a todas estas no me has contado lo que paso ese día, ¿cómo fue que terminaste ayudando a esa chica?

―Ese día fue una locura, arrima la silla para contarte.

Manu hace lo que le pido y me hace señas para que comience a hablar.

10 días antes

Me levanto temprano como siempre, es costumbre para mí ducharme, vestirme, desayunar y revisar las cuentas antes de ir al trabajo.

Le doy un sorbo a mi café y reviso cada cosa que tengo que pagar este mes, trato de conseguir soluciones, pero se me hace cada vez más complicado resolver con solo mi sueldo de quince y treinta.

Esta mañana me siento impotente y frustrado, pero es mi obligación resolverlo, tengo a mi cargo a dos personas que amo con locura y que merecen estar bien; coloco la taza de café en el fregador y agarro las llaves del auto.

Llego muy tarde al trabajo debido al espantoso tráfico que hubo, eso provoca que tenga que quedarme más tiempo del debido en la oficina. Las horas pasan lentas, veo el reloj a cada rato deseando que el tiempo transcurra más rápido; estoy inquieto, quiero marcharme lo antes posible.

Cuando al fin son las cuatro treinta, tomo mi chaqueta y me dirijo al ascensor, estoy por entrar cuando mi teléfono suena, veo la pantalla y ruedo los ojos; dejo que repique varias veces para ver si se rinde, pero no lo hace.

«Que insistente y fastidiosa.»

A la tercera llamada contesto exasperado.

Hola.

Hola, Didi, ¿podemos vernos?

Suspiro hondo, ¿cuantas veces tengo que decirle que odio que me diga Didi? no vale la pena repetírselo, seguro no dejará de hacerlo.

No lo creo, estoy cansado y hoy fue un día de mierda.

¡Ay, pero que vocabulario! ¿Y cómo hacemos? yo sí quiero verte, ¿me estás evitando?

Como si eso fuera posible digo entre dientes.

¿Qué dijiste?

Tengo ganas de gritarle lo que ya he dicho, pero me contengo, solo Dios sabe hasta cuándo le tendré paciencia.

Nada, que hoy va a ser imposible.

Umm… ¿Y mañana?

¿Pero es que no entiende las indirectas? piensa rápido, Diego, cualquier excusa.

Mañana no puedo, quedé en verme con Manu.

Pues cancélale a ese idiota. Me estás haciendo molestar, Diego, tenemos muchas cosas que hablar.

El que está molestándose soy yo, si sigo escuchando su vocecita chillona por más tiempo me ganaré una jaqueca segura.

Estoy a punto de entrar al ascensor así que… Hago sonidos extraños imitando interferencia, grrssshhhhhffffshfhgsshh, no te oigo.

Cuelgo, no tengo ganas de seguir escuchándola y mucho menos verla; si se molesta o no ese es su problema, además ella solita se lo ha buscado.

Salgo del edificio y me fijo en que parece más tarde de lo que es. El cielo está oscuro y comienza a llover, no tengo problema con eso, parece que muchos odian la lluvia, pero a mí me hace sentir bien, me trae siempre buenos recuerdos del pasado; sobre todo de mi mamá. Respiro el característico olor a lluvia mientras recuerdo una frase especial que ella siempre me decía:

«La vida no se trata de esperar a que pase la tormenta, se trata de aprender a bailar bajo la lluvia»



Crln25

Editado: 31.05.2019

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