No voy a perderte

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Capítulo 1

 

Se está demorando César, debí comentarle sobre nuestro aniversario, pero quería darle una sorpresa y no sabe de ella, lo espero con una cena romántica —miré el reloj, tomé el celular, ¿debería marcarle? —. No es tan tarde, son las nueve de la noche, hace un par de horas hablé con él y me dijo que seguía en la oficina —escuché abrir la puerta del garaje. Sonreí por los nervios, ya es tiempo que vuelva a tocarme, por más que… no importa ahora, la idea es salvar nuestro matrimonio. Es lo único importante, nuestra intimidad nunca ha sido muy activa, siempre ha sido así desde que nos casamos… Supongo que es por su problema. No sé si casarnos fue la mejor decisión —negué rápidamente, debo alejar todas mis inseguridades—. Bajé las escaleras, nuestros hijos estaban con su tía Patricia quien me hizo el favor de llevarse a Julián y a Samuel.

—¡María Joaquina! —llamó, debe extrañar el que los niños no fueron corriendo a saludarlo.

—Hola, ¿qué tal el trabajo? —puso su maletín en el vestíbulo que hay al ingresar por el garaje, no se quitó la chaqueta y me sorprendió que no se cambiara los zapatos, en las noches siempre lo hace. Sonreí como una tonta, eso quiere decir que si se acordó y piensa invitarme a salir. Miles de hormigas salieron a bailar en mi estómago, caminaban de un lado al otro, hace tanto que no salimos como una pareja de esposos, bueno, desde la universidad no lo hacíamos.

—Hola, ¿dónde están los niños? —se dirigió a las escaleras—. Vengo a cambiarme, el trabajo no ha terminado, tengo cena con unos clientes —el pecho se me comprimió, sentí pena conmigo misma, yo había imaginado… Cálmate, cálmate, respira María Joaquina.

—Los niños con la tía y una cena ¿a esta hora? —lo seguí hasta la habitación, ya tenía el pecho tan recogido, aunque… no me extraña, él nunca se ha acordado de nuestro aniversario de bodas, y de noviazgo… “ja”, jamás lo fuimos oficialmente. Una noche de alcohol fue el causante de nuestro matrimonio, eso acabó con esa linda amistad o no sé si fue antes, no pienses en eso, no es el momento de quejarme.

—¿Algún motivo especial para que Patricia se los llevara? —a pesar de los años no he podido ser indiferente ante su desinterés con nuestro matrimonio, es difícil aceptar que el amor de tu vida te ignore y por más que trate de comprenderlo por su problema, no deja de doler cada desprecio—. Debo ponerme el traje gris, el último que me compraste con las mancornas de oro.

—Es una reunión importante, ¿puedo acompañarte? —¡es que no se da cuenta lo arreglada que estoy!, pasé horas buscando el mejor vestido para esta noche.

—No, son inversionistas estadunidenses, no eres buena con el idioma —me puse roja, sé muy bien hablar inglés, desde niña, además viví un año de intercambio después de graduarme del colegio y antes de entrar a la universidad—. María Joaquina, te aburrirías escuchar hablar de finca raíz y los proyectos que tenemos en la constructora. No es un tema en lo puedas aportar, estudiaste psicología, además nunca la has ejercido —apreté los labios, tenía tantas ganas de llorar, le di la espalda, saqué las mancornas del cajón donde guardaba sus cosas, también saqué el reloj a juego y el traje… “es una reunión de negocios en la noche y se va bien presentado”. Tranquila, si él tiene problemas para… no te engañará, no se expondrá a que hablen de su virilidad, es muy orgulloso.

Mi marido es un hombre normal, no tiene una gran belleza, eso sí, es atractivo, tiene su no sé qué muy varonil, además se viste y huele muy bien, es alto, le gusta trotar todos los días, eso lo mantiene con un físico atlético, a diferencia de mí, odio hacer ejercicio, voy al gimnasio y nado, eso hace que no tenga tanta celulitis, aunque según mi esposo tengo millones. Salí de la habitación, me senté en la sala, lo escuché bajar las escaleras, tomar las llaves y desde el pasillo del garaje gritó.

—Llego un poco tarde, mañana ve por los niños temprano, recuerda que Julián tiene entrenamiento de tenis en el club. ¡Ah!, se me olvidaba, tenemos una reunión familiar en la finca de mis padres —no se había subido al auto cuando las lágrimas corrían por mi mejilla. Nueve años… nueve años casada y no he logrado que él me ame, o que enfrentemos el problema de fondo que tenemos. La falta de amor, eso es lo que debe pasar, César nunca me ha amado, ni siquiera cuando jóvenes y lo juramos.

Me serví una copa de vino, la tomé sorbo a sorbo mientras las lágrimas seguían saliendo, ¿así serán los matrimonios?, me levanté. Pasó al lado del comedor, ni siquiera preguntó por la decoración visible en la mesa. Guardé los candelabros, recogí los platos y al escuchar movimientos en la cocina apareció Carmen, ella en silencio terminó de recoger todo.



Eilana Osorio Páez

#90 en Novela romántica
#37 en Joven Adulto

En el texto hay: infidelidad, celos, amor

Editado: 18.08.2019

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