Noche de brillo azul

Tamaño de fuente: - +

38.Sueño.

Sin la noción del tiempo mismo, constató que su madre había fallecido por envenenamiento. No deseó entrar al cuarto de ella, no quería molestarla en su sueño eterno. Heber sacaba conclusiones distraído y enfrascado en la incredulidad de lo absurdo; su existencia era atroz, cruel e inhumana. No tenía más razón para seguir.

Salió del hogar sin energías ni expresión alguna, su imagen era similar a la de un vagabundo con el estómago vacío, sediento de rostro reseco, desorientado sin más.

Luego de vagar por buena cantidad de minutos, fue a parar en la plaza, la desgarradora pérdida era impugnada en cada paso dado uno por delante del otro, aquello era hecho con penuria de vida, sus zapatos rasgaban la pantanosa tierra como un hierro de espadas afiladas.

Poco a poco, Heber se veía desmoronado, la vida lo marginaba, dejándolo sin amigos ni familia debido al efecto de la noche, al sentarse en la fuente, su mirada se trastornó del matiz normal de los ojos a un azul claro.

Cerró los ojos una y otra vez, confundido y agitado. Los volvió abrir en desesperación, nada lo hacía volver a la normalidad de la visión. La noche lo contaminaba lentamente sin dar cuenta de ello.

Heber enseguida posó sus ojos al filo del mañana, la soledad le tomaba con descuido y le invitaba a tomar descanso. Con la poca conciencia que reservaba en el cerebro y sus ojos bien desenfocados, dijo descarriado.

—Dormiré aquí. Tengo sueño.

Acto seguido elevó sus piernas a regocijo del borde de la fuente, colocó las manos de almohada para su cabeza y se recostó de medio lado cómo una mujer embarazada.

Cerró los ojos sin mayor gracia y durmió profundo, su manera de cerrarlos fue para no pretender abrirlos nuevamente, Heber no quería despertarse más y motivos no faltaban; su vida era sólo de muerte y dolor para cada uno de aquellos que conocía.

En los anhelos reprimidos y abnegados de sus sueños, soñó una vil pesadilla, estrellas que caían del cielo con violencia y personas de color oscuro, similar a las penumbras de la noche, arboles de mil kilómetros de altura y una noche azul de tono rojizo por los lados con terminaciones en las nubes.

—¡Heber! ¿Por qué los mataste?—exclamó una fúnebre y tenebrosa voz en clamoroso canto.

—¡Yo no he matado a nadie!—admitió Heber en defensa propia, la pesadilla lo arrinconaba a verse enfocado así mismo con crudeza. Estaba decidido a no rendirse.

—¿Por qué deseaste eso Heber...? Los mataste a todos.

—Te repito, yo no he matado a nadie—renegó tajante.

Su tía josefina apareció de la nada reflejada enfrente, dijo con dulzura:

—Es cierto señor maligno, mi sobrinito no hizo nada.

—¡Tía!—replicó eufórico. Ella remató sus palabras.

—Simplemente nos mató a todos.

—No...—Volvió a negar con la cabeza.

—Claro que lo hiciste.

—¡Jaider!—Giró desesperado y atrás se hallaba él—. ¿Cómo pudiste Heber?—contestó entrecerrando los ojos mientras meneaba su cabeza desaprobando.

—Amigo...—Otra voz le interrumpió.

—Tanto que te quise y a ti ni te importó.

—¿Kendry?

—Eres un tonto, no hables...

—Lo siento...

—Muy mal hecho hijo—sentenció la voz de su padre.

—Papá...—dobló a la derecha y ahí se encontraba.

—No te enseñé a ser egoísta hijo mío...

Heber no respondió y retuvo con inmenso dolor reflejado en su rostro la lapidaria verdad emitida por su padre.

—Hebobongo, siempre has sido un desastre. Hasta en tus sueños... Generas lástima.

—Camacho...

—La noche de brillo azul también te absorberá tal y como hizo conmigo, niño.

—Garrafa...—dijo a mediana voz, comenzaba a sentirse de perros.

—¿Por qué esa cara querido nieto?—preguntó el abuelo de pie apoyado en su bastón y con los ojos abiertos.

—Abuelo... Los maté a todos. Estoy decepcionado de mí. Les fallé a todos...

El abuelo sonrió de medio lado, y se aproximó caminante a tocar el hombro de Heber, que tenía vista fija al suelo de la oscuridad.

—No todo está perdido—Heber levantó la cabeza con expresión de asombro—. La noche tiene solución.

—¿Cómo abuelo? ¿Cómo?—admitió efusivo.

—La respuesta... está en tu corazón, mi niño...

—Madre...—Sus ojos se conmovieron al escucharla y sus pelos pararon de puntas. Ella andaba sentada en las gradas de terciopelo del campo de juego. Heber vio cerca de él, en donde estaba ubicado, y tenía puestas las botas de juego, encontrándose en el mismo lugar donde consiguió el campeonato de tin tin colorado.

—Podrás hacerlo hijo—replicó su padre apareciendo iluminado al lado de su esposa, la rodeaba con su brazo por el cuello con mucho amor. Ambos sonreían orgullosos mirando a Heber.



Eduardooo96

#7040 en Fantasía
#1118 en Paranormal
#350 en Mística

En el texto hay: azul, noche, brillo

Editado: 29.05.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar