Noche de brillo azul

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43.Oculto.

Fabiana subía con facilidad y Heber resistía de manera memorable.

—Rayos, rayos—Dio otra zancada y la madera que apoyaba se desintegraba.

—Rápido tonto—dijo Fabiana frívola de gozo.

—¡Fabiana! ¿Quieres que yo muera?

—Sí—dijo burlona, su alegría era inmensa.

—¡Eres una malvada! ¡Una...—Heber miró con detalle arriba de Fabiana y ella escalaba directo hacia un escalón vacío sin tabla, ella no se dio cuenta de su error.

—¡Fabiana!

—¿Qué? Pa...—Heber ejecutó un enorme salto mientras Fabiana decaía al fondo. La sostuvo de su muñeca por los pelos y la sujetó con fuerza, su escalón no cedía de casualidad.

—Maldita sea.

—¡Ja!—Fabiana reía sin explicación lógica.

— ¿Quieres morir tonta?—Crujía con fuerza el escalón. Fabiana respondió entretenida.

—Nunca me había divertido tanto.

—¡Cállate la boca y dame la mano!—gritó sin medirse.

—¡No me grites! ¡¡Estúpido!!—bramó alterada e indignada.

—Lo siento—Volvió a resonar la tabla—. ¡Apúrate que esto cae!

—Dime por favor y que Fabiana es la mejor.

—¿Qué? ¿Es en serio?—respondió inaudito. Fabiana se hallaba a una mano de morir y su tranquilidad era pasmosa.

—¡Qué sí! ¡Tú si eres tonto!

—Mmm. Bueno. Eres la mejor y por favor, dame la mano.

—¡Así me gusta esclavo!—declaró animosa mientras enviaba el brazo arriba. La madera dónde Heber se apoyaba rompía en dos. «Mierda, tengo que hacer algo», pensó preocupado en menos de un segundo. No quedaba de otra, era Fabiana o él.

Sin poder analizarlo más, lanzó a Fabiana muy alto hacia delante.

Ella paró en el último piso con facilidad. La diferencia de escalones para llegar era de seis más arriba. No le quedaba mucho, pensaba.

Heber se hundía al suelo con la conciencia tranquila. Había salvado a alguien al menos, después de tanta tragedia se merecía morir así... Sin embargo, Fabiana gritó a todo pulmón.

—¡¡¡No te mueras imbécil!!! ¡¡¡Agarra la cuerda idiota!!!—Heber elevó su mirada y Fabiana velozmente lanzaba una cuerda que zumbaba a buena velocidad hacía abajo.

El alma le entró al cuerpo y agarró de la cuerda con firmeza. Fabiana no lo había olvidado en ningún momento.

—¡Ja! Ahora me debes una tonto—exclamó Fabiana desde arriba con seriedad y diversión. Heber yacía diez metros abajo.

—¡Sí yo te salvé antes!—admitió con apuro. Fabiana negó.

—Di por favor.

—Maldita sea, por favor Fabiana, ¡Súbeme!

—Así me gusta idiota, con bastante ánimo.

Fabiana encogió con sus manos ambas mangas de su extenso camisón estando cercana a la orilla, apoyó las piernas en salientes metálicas que bordaban al abismo y sonrió intensa de amplios hoyuelos en sus mejillas—¡Sostente fuerte nene!—dijo confianzuda. Heber estrechó el espacio de sus brazos y piernas, también cruzando los dedos.

En un respiro, Fabiana, con el vigor de dos poderosos marineros, subía a Heber rugiendo a medio aliento con increíble fuerza de brazos. Sus pequeños y tersos bíceps enseñaban vigor y potencia envidiables, su frente sudaba por el brío de la hazaña y sus piernas torneaban los músculos.

Heber se hallaba perplejo con la boca abierta, no creía que aquella niña pudiera con tanta facilidad ante sus setenta y cinco kilogramos de pura grasa mantecosa de cerdo granero. Fabiana le salvaba el pellejo con solvencia, sin duda alguna era una máquina, pero una de verdad, hecha y derecha con engañosa apariencia delicada y sutil de pequeño embalaje.

«¡Impresionante! ¡Qué fuerza tiene!», exclamó desde sus entrañas.

Heber había arribado al final de la cuesta y Fabiana con muestras de fortaleza, apretó sus manos y haló con violencia. Con aquella fuerza desmedida, Heber salió disparado hacia arriba como una pelota y enfrente terminó derrapando por el suelo hormiguero. El divertido desliz le hizo ver similar a una rueda, más específicamente a la de los carruajes de caballería.

Fabiana se reía frenética y Heber limpiaba sus ropas mientras intentaba ponerse de pie.

—¡Qué divertido! ¡Nunca me había reído tanto!—Siguió riendo alocada golpeando con palmas al suelo—. ¡Eres divertido!

—¿Estás mal de la cabeza? Casi nos matamos.

—Casi nos matamos—repitió en burlesca—Dah, que aburrido te vuelves después, ¿no te han dicho que eres tonto? Porque lo eres—Se colocó en pie y sacudió su camisón— abajo habían almohadas por si pasaba algo así—reiteró seria.

—¿De verdad?—respondió agridulce batiendo la cabeza.



Eduardooo96

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En el texto hay: azul, noche, brillo

Editado: 29.05.2018

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