Noche Oscura

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CAPÍTULO 28

Pasaba de la medianoche cuando un extraño sonido causó que John despertara y tomara el arma que había bajo su almohada. Quitó el seguro de la pistola mientras intentaba ver algo anormal en la oscuridad notando que las cortinas se movían a causa del viento, un indicativo de que alguien debía haber abierto la puerta del balcón. 

Se levantó y caminó cauteloso con el arma lista para disparar en caso de ser necesario. 

—Relájate, fui yo quien hizo ese ruido —comentó Nerea apareciendo desde el exterior del balcón—. Olvidé que no estaba sola. 

Asintió relajando el cuerpo y guardó el arma. 

—Pensé que estabas dormida —señaló el sillón donde ella indicó que dormiría.

—Solo quería tomar un poco de aire. Me disculpo por despertarte. 

—Descuida —hizo un movimiento con la mano para restarle importancia—. Por cierto, ¿que tienes en el cuello?

—¿Qué? —lo miró desconcertada. 

—Tu cuello tiene algo extraño —comentó señalándolo. 

Nerea tocó su cuello con claro desconcierto en su rostro. Fue al baño para observar su reflejo con John siguiéndole los pasos. Con la luz del baño era bastante llamativa la mancha negruzca que estaba tiñendo su pálida piel, no era demasiado grande, debía tener poco más de dos centímetros, pero era lo suficiente como para llamar la atención. 

—¿Eso es normal en ti? —inquirió curioso.

Sin darle una respuesta comenzó a levantar su camiseta con el deseo de que fuera la única mancha, pero también su abdomen presentaba varias de distintos tamaños. 

—¿Estas bien? —preguntó un poco más preocupado por el silencio de ella. 

—No lo sé… —admitió mirando la nada— Es la primera vez que me sucede algo así.

—Hasta el momento ninguna leyenda o investigación de vampiros ha mencionado el cambio de pigmentación en la piel, así que puedo pensar que no es algo común, sin embargo, ¿estás segura que nunca te había pasado? 

Nerea cerró los ojos y respiró profundamente.

—John, deja de meter tu maldito fanatismo aquí —pasó saliva y desvió la mirada a su mano puesta en el lavabo—, y sí, hasta el momento, solo mis manos se teñían hasta la altura de mis codos, pero nunca me salieron manchas de forma aleatoria en todo el cuerpo.

—Quizá sea una clase de reacción a algo o tal vez estés enferma de dengue vampírico.

—Deja de decir que soy un estúpido vampiro, ya te lo expliqué en la tarde. 

—Vale, ya no diré que eres un vampiro, solo intentaba ayudar. 

Ella torció los ojos y miró nuevamente su reflejo.

—Lo siento, sé que lo haces con buenas intenciones, gracias —sonrió ligeramente y lo rodeo para salir del baño—. Saldré por un momento.

—Espera, es peligroso salir de noche.

—John —lo miró seria— ¿Es en serio? ¿Le estas diciendo a un monstruo que se cuide de su alimento?

Rio con ironía ante su comentario.

—Lo siento. Ya sabes donde están las llaves de vehículo —Nerea asintió tomando la primera sudadera que vio— ¡Oye eso es mío!

—Lo regreso en la mañana —respondió saliendo de la habitación.

Negó divertido regresando a la cama.

 

***

 

No sabía por qué había vuelto a visitar la tumba de sus padres. Miraba sus manos atentamente intentando mantener la compostura y no entrar en un ataque de ansiedad. 

Observó los nombres grabados en la tumba y comenzó a recorrer las palabras con su dedo.

—¿Que tengo que hacer para estar igual que ustedes? —soltó en voz alta sin darse cuenta mientras leía los nombres de sus padres.

—¡Oh, querida! Las formas son infinitas —se escuchó la voz de un hombre no muy lejos de ella.

Nerea volteó a verlo sorprendida por no haberse percatado del momento en el que el sujeto se acercó tanto a ella. Humano no podía ser, o no del todo, porque había logrado acercarse sin que sus sentidos inhumanos detectaran su presencia. 

Él, por su parte, solo la miraba con una sonrisa afable.

—Para cualquier mortal, claro —finalizó señalando la tumba con la mirada.

—¿Quién es usted? —preguntó desconfiada tomando distancia con cautela. 

—Solo alguien que pasaba por casualidad. Dime niña, ¿por qué no acabas con tu vida si tanto deseas la muerte? 

—¿No cree que ya lo hubiera hecho si pudiera? —espetó con un dejo de molestia y lo miró atentamente esperando una respuesta común sobre valorar la vida.

—Tienes razón, sin embargo, me parece que tu error nace en que intentas matarte como si fueras humana, cuando está claro que no lo eres. 



Didem Anka

Editado: 26.01.2020

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