Noches de Sangre

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Que lindo es despertarse luego de una noche de cacería, aunque tuve que quedarme en el garaje hasta que Charles y Julius me quitaran todos los pedazos de vidrio que tenía incrustados, pero más allá de eso,  me bañe, pude dormir bien y ya me regeneré. Me quito el bóxer, que fue la única prenda con la que dormí, lo dejo encima de la cama y me dirijo al baño, es hora de una buena ducha.

Entro y veo el gran espejo de marcos dorados y el hermoso lavabo de cerámica que conforman mi baño. A su izquierda, se encontraba el inodoro y el bidet y, a la derecha, se encontraba una gran bañera circular de color blanca y en el techo un cabezal de ducha enorme. Miro en el espejo mis ojos marrones, mi piel caucásica, mi pelo castaño oscuro, y comienzo a recordar mi lado lobuno, esa expresión de ira, esos ojos dorados y ese pelaje grisáceo y blanco que recorría mi cuerpo. Ni siquiera mi cuerpo atlético se asemejaba al gran tamaño que había tenido la noche anterior.

Entro a la bañera y abro la canilla del agua caliente. De pronto, comienzo a sentir como esta cae sobre mí. Empiezo a girar la otra perilla para poder regular la temperatura del agua. Ahora si, comienzo a lavarme lo más veloz que pueda. Pronto llegará Daniel a mi hogar. Acabo de ducharme, me seco y salgo a toda prisa. Abro mi armario y cojo una camisa blanca ajustada, ropa interior negra, un pantalón de vestir de color beige y mis medias y zapatos negros. Me visto y voy a abrir la puerta... Me olvidaba de mi corbata negra, no podría ver a mi primo sin demostrar clase.

Bajo las escaleras y me encuentro a Charles, Griselda y Julius frente a la entrada principal. - Griselda, hazme el favor de decirle a Mary que prepare el mejor roast beef que haya probado. Julius, dirígete a la puerta y espera allí para abrirle a Sir Daniel. Charles, tráigame una copa de vino blanco y luego quédese a mi lado para recibir a mi primo en la puerta.- empiezo a ordenar. Todo debe ser perfecto, y ellos lo saben. Tras una pequeña reverencia, cada uno de mis sirvientes abandona la sala hacia donde les había ordenado. Salgo detrás de Julius por la puerta principal y me quedo ahí parado observando como mi chofer se dirige hacia el portón. A los pocos minutos, siento la voz de Charles detrás mío- Aquí le traigo su copa, mi Señor.

- Muchas gracias, Charles.- digo. Doy un pequeño sorbo. Magnífico, ese vino seguía deslumbrándome tanto como lo había hecho ayer. De pronto, comienzo a oír música. Es una canción veraniega, de eso no tenía duda. Miro hacia el portón principal y veo un auto, de primera gama, color plateado y de vidrios polarizados. Veo como Julius abre el portón y el vehículo se acerca hacia donde me encuentro. Más se acercaba, más fuerte escuchaba esa horrorosa canción. Termina por detenerse frente a las escaleras de mármol. La puerta del conductor se abre y comienza a asomarse unos cabellos enrulados de color negro. Sin duda, era mi primo. Comenzó a rodear el auto para acercarse a mí. Viene con una camisa blanca, unos pantalones negros, zapatos marrones y unos lentes para el sol, pero su corbata está desajustada. Siempre era igual con él, nunca lo había visto bien arreglado cuando nos juntábamos. - Veo que no puede ajustar su corbata sin la ayuda de su madre, Sir Daniel.- digo seriamente, a lo que él me responde - Y yo veo que no puede estar parado sin llevar un cartel que diga "antipático" en la frente, Sir Matt.

Siento como en mi boca se forma una mueca de disgusto. - Tranquilo primo, no he venido a discutir.- me dice con una sonrisa- Solo vine a platicar y pasar un buen momento en familia. Además, vine acompañado.

Termina de decir esto y abre la puerta trasera de su vehículo, para dejar salir a tres jóvenes de su edad, unos veintiún años. Dos de ellas, estaban vestidas de manera muy provocativa, tanto que me parecía vulgar, pero la tercera, tiene algo que me llama la atención, pero no sé qué es. Su pelo largo y rojizo que llegaba hacia su cintura, unos ojos grandes color miel y lleva un vestido largo color turquesa que marca su elegante figura. - Bienvenidas.- digo mientras trago saliva y levanto la copa. Me giro hacia mi mayordomo- Charles, acompañe a las doncellas hacia el salón, mientras me quedo hablando con Sir Daniel unos momentos.- vuelvo a dirigir mi mirada hacia la joven de pelos rojizos- Cualquier necesidad, díganle a Charles, mi mayordomo.

Las dos jóvenes vulgares me agradecen y comienzan a caminar hacia la puerta de entrada, mientras que la deslumbrante chica del vestido turquesa se limita a simplemente sonreírme. Comienzo a girar lentamente, viendo todo su trayecto desde el auto hasta perderla de vista dentro de la casa.

- Veo que alguien no tiene un corazón de hielo como pensé.- escucho decir a mi primo en tono burlón.

- ¿Quiénes son? No parecen ser chicas con prestigios.- digo, intentando sacar de mi mente a la joven que acabo de conocer.

- Solo son unas turistas que fueron a ver el torneo en el que me encontraba ayer. Creí que sería divertido ver tu cara de asombro ante la llegada de personas sin un título honorífico a tu hogar, pero tu reacción de hace unos segundos, déjame decirte querido primo, me ha dejado perplejo.



Matt Winter

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En el texto hay: muertes, noches, hombreslobo vampiros cambiantes monstruos

Editado: 04.10.2019

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