Noches de Sangre

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Los días pasaron. Desde aquella mañana en que la despedí, al igual que a mi primo y sus amigas, no he vuelto a saber de ella. Intercambiamos nuestros números de celular, pero hasta ahora no me ha vuelto a hablar.

- ¿Debería enviarle un mensaje?- pienso en voz alta. Las dudas comienzan a carcomerme la cabeza, y no sé que hacer. En ese momento, escuchó que alguien se acerca a mi habitación y golpea la puerta. - ¿Quién es?- pregunto.

- Mi señor, soy Charles.- me contestan- Vengo a traerle una carta.

Me levanto y abro la puerta para recibirla. Me la entrega en la mano y miro el sello familiar que hay en ella.

- Es de Shepard. Puede retirarse Charles, necesito un momento para leer la carta.

Me hace una reverencia y cierra la puerta. Abro el sobre, rompiendo el sello, y me encuentro una nota. Comienzo a leerla. Es una invitación a una pequeña reunión donde asistirán los caballeros pertenecientes a La Cuadrilla del Bosque Norte y también los de La Orden del Manto Sagrado  de la que será dentro de una semana y se celebrará aquí, en Estados Unidos, en un hotel de Washington D.C.

Me visto, cojo mi teléfono celular y salgo de la habitación. Me dirijo escaleras abajo, al mismo tiempo que llamo a mi primo. La música de espera que le añadió es horripilante.

- Hola primo, ¿Cómo estás?- me atiende Daniel- Desde ese día que me fui de tu casa que no se nada de ti y ya paso una semana. Ya sé, seguro me llamas por la carta.

- Ya la has recibido.- contesto cortante- Te quería decir si te apetece de ir los dos juntos, desde mi mansión. Hay algo que no me gusta, ¿Por qué Shepard hace una reunión en este país? Además, ¿Por qué quiere que tu orden se junte con los nuestros?

- Pensé lo mismo, Matt, pero debemos asistir por compromiso. Igual, tienes razón. Debemos ir juntos, ¿Cuándo quieres que vaya para allí?

- Puedes venir hoy mismo.

- De acuerdo, en una hora saldré para allá...

Siento que va a cortar la llamada y le grito - Sir Daniel, espera.

- ¿Qué sucede?

Algo en mi mente dice que no le diga absolutamente nada, pero no quiero quedarme con la duda - ¿Sigues saliendo con tus "amigas"?

Comienza a reírse - Dime que al menos fuiste cortés y le enviaste un mensaje a Anki.

Me quedo perplejo ante su comentario - ¿Cómo sabes lo de Anki?

- Habló mucho sobre ti cuando volvíamos en mi auto. Sobre todo cuando hice un chiste sobre como eres y te defendió. Creo que le diste una buena impresión.

- Invítalas y ven con ellas hoy. Los esperare al anochecer.

- Como usted ordene, capitán.- me contesta burlándose y corta la comunicación. Maldito Daniel, siempre riéndose de mí. Encima, yo le doy letra para que lo haga. Maldición, ya no estoy de humor.

Bajo al gran salón para almorzar. Veo que la mesa está servida y mi plato aun tapado esperando por mi llegada. Levanto la tapa y miro mi comida. Salmón con rodajas de papas cocidas al horno. Comienzo a comer enseguida, mientras mi fiel mayordomo se me acerca al hombro.

- ¿Quiere compartir los deseos que expresó en la carta el señor Maximilian Shepard, mi Señor?- me pregunta al oído. 

- ¡Si quisiera compartir lo que decía la carta con usted se lo diría, Charles!- digo enojado mirándolo fijamente. Veo como él se sobre salta ante mi enojo y se queda petrificado en el lugar - Lo siento, Charles. No es contigo, solo no tuve un buen comienzo del día y hay temas que me hacen ruido en la cabeza y no sé el por qué.- me levanto de la silla- Iré a correr al bosque.

Dejo de comer y vuelvo a mi cuarto. Me desvisto totalmente y solo me coloco mi túnica negra y agarro las llaves del portón trasero. Si, es hora de volver a liberar mis instintos para poder sacarme el malhumor que tengo.

Recorro todo el camino hasta el jardín trasero, abro la puerta y comienzo a entrar en el gran e inmenso bosque. Dejo mi prenda escondida cerca de un gran tronco y comienzo a transformarme. El dolor y placer vuelven a recorrer mi cuerpo hasta completar mi gran forma lobuna. De pronto, escucho disparos. Comienzo a olfatear en el aire. Siento el olor a pólvora que proviene de unos kilómetros enfrente mío. Eligio un mal día para cazar, porque esta vez será él la presa.

Tras un gruñido estremecedor, empiezo a correr a toda velocidad hacia la dirección donde debe estar el cazador. En pocos minutos, llego al lugar, pero lo que encuentro no es lo que esperaba. Un hombre, con el cuello despedazado, yace tendido sobre el suelo con su rifle de caza aun en la mano, mientras que otro está parado contra un árbol mirándome fijamente con una sonrisa en sus ensangrentados labios. Acabo de conseguir una presa mucho más grande de lo que esperaba, pero por la forma en que sus ojos rojos me miran sin temor demuestra que esta vez será una pelea digna para un ser como yo.

 

 

 



Matt Winter

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En el texto hay: muertes, noches, hombreslobo vampiros cambiantes monstruos

Editado: 04.10.2019

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