Nuestro Último Atardecer

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Capitulo Primero: La Promesa.

 

Aun recuerdo, el suave viento sobre mi cara impregnado del olor a sal, el sonido de las olas rompiendo al llegar a la orilla y la cálida luz del crepúsculo envolviéndolo todo de hermosos colores.

Aquella tarde, como en tantas otras ocasiones, nos quedamos observando, como el sol, poco a poco, desaparecía, engullido por el mar. En aquel momento, nuestros ojos se encontraron y vi como surgía en tu mirada una tristeza, que me presagió lo que tratabas de ocultarme...

Siendo aún unos niños, nos hicimos la promesa de luchar por nuestros sueños, sin saber,  tiempo mas tarde, que esa misma promesa nos obligaría a seguir caminos separados.

Desde entonces han pasado ya cuatro años, pero yo aun estoy aquí, cumpliendo con nuestra promesa, esperando el momento en el que por fin regreses...

Sara se despertó, incorporándose de un salto, con las mejillas empapadas y la respiración entrecortada. Se frotó los ojos, tratando de olvidar ese sueño, que siempre se repetía. Giró la cabeza y miró el despertador que tenia sobre la mesilla de noche. Aun faltaba un buen rato para que la molesta alarma marcara la hora de levantarse. Sin embargo, los primeros rayos de sol, ya comenzaban a asomarse entre las rendijas de la persiana, dibujándose tenuemente en el uniforme, que tan cuidadosamente se había dejado preparado la noche anterior.

Dudo por un momento si meterse de nuevo entre las sabanas, pero sabia que le iba a resultar imposible volverse a dormir, así que puso sus pies descalzos sobre el frio suelo y comenzó con su ritual matutino; se colocó los calcetines verdes, que le cubrían hasta las rodillas. Su camisa blanca abrochada hasta el cuello con la corbata, asegurándose de que el nudo estuviera perfectamente hecho. Después, se puso la falda escocesa verde a cuadros amarillos (los colores oficiales de su escuela) y para finalizar una preciosa blazer, del color predominante en el uniforme, con el simbólico escudo del colegio bordado con hilo dorado en el bolsillo superior.

Todo ello, conformaba el obligatorio atuendo de la escuela, a la que pertenecía desde que era una niña.

Cuando acabó, se quedó un momento de pie, mirándose frente al espejo de su armario.

La mayoría de la gente se pone triste cuando finalizan las vacaciones de verano, pero ella estaba ansiosa por empezar de nuevo las clases y al verse con aquella ropa, se dio cuenta de cuanto lo había echado de menos, la cantidad de momentos que había vivido llevando ese uniforme.

De pronto las lagrimas volvieron a correr por sus mejillas, puso su mano sobre el cristal, como si pudiera tocarse a través de su reflejo, pero, no era su reflejo lo que intentaba alcanzar...

Una imagen del pasado, apareció frente a ella,  al otro lado del espejo y puso su mano junto a la suya.

La joven, no mostró ninguna perturbación. Era una imagen borrosa, casi translucida, en la que se podía adivinar la silueta de un chico joven. No era la primera vez que la veía, al principio trató de ignorarla, sin embargo sus apariciones se fueron haciendo cada vez mas frecuentes.

Sabía que era un producto de su imaginación. El recuerdo de alguien que ya solo podía ver en sus sueños mientras dormía y también cuando soñaba despierta, recordando una frase que no dejaba de repetirse en se cabeza...

  "Algún día volveremos a estar juntos, te lo prometo"

De repente, sonó el timbre de la calle y el reflejo se desvaneció devolviéndola de nuevo a la realidad.

Caminó hacia la puerta, con gesto desconcertado ante la hora intempestiva y se sorprendió todavía más cuando vio que eran Michael y Alicia sus dos mejores y únicos amigos.

Cada mañana quedaban para ir juntos a clase, aunque todavía era muy temprano y  ellos odiaban madrugar.

-Chicos ¿Que estáis haciendo aquí?

-Buenos días – saludó Alicia, mientras Michael trataba de disimular un bostezo - Imaginábamos que no dormirías mucho esta noche, así que decidimos pasarnos un poco antes de la hora, para que no estuvieras sola.

Sara, los miró con los ojos vidriosos.  Ellos, conocían su historia, formaban parte de ella y aunque quizás de una forma diferente, también sufrían su ausencia.

-Venga, vayamos a tomar un café seguro que eso te animará- propuso Michael.

-Eso me parece genial, tengo muchas ganas de ver a Edu. Termino de arreglarme y enseguida estoy con vosotros.- cerró la puerta tras de si  y apresuradamente, recogió todos los libros que fue encontrándose por el camino y los guardó en su mochila. Después, trenzó su larga melena dorada, sin mirarse al espejo, dejandola caer hacia un lado, para salir de nuevo, casi sin aliento.

Era una cálida mañana, el verano aun luchaba por quedarse, mientras las hojas de los arboles ya comenzaba a desprenderse. Caminaban por una tranquila calle del barrio residencial donde vivían. Una zona familiar llena de casas rodeadas de jardines, parques y pequeños comercios tradicionales.

-Sara, esa mochila tiene pinta de pesar bastante ¿quieres que te la lleve? - se ofreció Michael amablemente.

-Mike, te lo agradezco. La verdad es que me he entusiasmado un poco cogiendo tantos libros – confesó la compulsiva lectora cediéndole la bolsa, algo avergonzada.

-Menuda novedad – refunfuñó Alicia entre dientes, apartando la vista de la pareja. Lo cual le hizo reparar en una tiendecita, que le recordó algo muy importante- Chicos, tengo que pasar por el quiosco. ¡¡Hoy es lunes, por fin!! - anunció animada.

- ¿Lo dices de verdad? ¿No puedes comprarlas a la vuelta? -Inquirió Mike con un suspiro exasperante.

-¡¡Ni hablar!! Llevo esperando esto toda la semana. Vuelvo en un minuto – dijo mientras entraba en la tienda, dejando a sus amigos con gesto resignado.

-¿No podría mirar esas cosas por Internet, como hace todo el mundo?

Sara lanzó una carcajada.



Merys

Editado: 14.02.2020

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