Nueva era

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CAPÍTULO II

Al salir al exterior enseguida encendimos los rastreadores pero no había un Lacerto en kilómetros.

—Al parecer tu rastreador se jodió, ¿O tratabas de matarme deliberadamente? —pregunté cortando el silencio que había entre ambos.

Farrell hizo una mueca antes de contestar.

—No lo tenía, lo perdí cuando estaba protegiendo el perímetro, siento haberte asustado.

—Da igual, concentrémonos en buscarlos.

—Ya sabes lo que tienes que hacer ¿No?

—Sí.

—Muy bien, porque ya estamos cerca.

Esa fue la señal para acercarme más a los Lacertos haciéndoles creer que estaba sola, ya que Farrell había sido rodeado por el mismo perfume con el que roseaban el búnker para que no detectaran el olor humano que a ellos tanto los atraía.

Caminé con paso ligero y me tensé cuando vi en mi pequeño rastreador como la pantalla se volvía absolutamente roja dando a entender que ellos estaban aquí.

Yo me puse nerviosa enseguida, era inevitable.

Tantos años huyendo, procurando estar lo más lejos posible de esas bestias espaciales y ahora los buscaba.

Era una locura.

Cuando sentí una mano fría en mi brazo supe que el momento de pelear había llegado, ellos no me iban a capturar, no tan rápido, así que para la sorpresa del Lacerto moví mi pierna con rapidez haciéndole caer enseguida y que un gruñido brotara de su garganta, su mirada era salvaje sobre mí mientras me miraba de pies a cabeza, era repulsivo y me enojaba demasiado.

Mi oído me indicó que el otro ponía detrás de mí por lo que me giré con gracia pura con rapidez abrumadora sacar mi arma de la cintura y apuñalarlo con la misma.

El rugido del que estaba detrás de mí me despertó, y de un momento a otro lo sentí acercarse volviéndome más furiosa.

Apuñaleé superficialmente su vientre y él me soltó enseguida quejándose de dolor, sin embargo vi como quería lanzarse a mí otra vez pero Farrell llegó enseguida ocupándose de él.

Yo por mi parte contemplé al que ya había apuñaleado, su sangre azul se derramaba por su pecho aunque un instante después como por arte de magia dejó de brotar y tan rápido como eso abrió los ojos mirando en mi dirección antes de levantarse.

— ¡No! —chillé histérica, se suponía que él debía morir.

El Lacerto dijo unas palabras que no entendí mientras caminaba en mi dirección y yo retrocedía.

Con determinación tomé más fuerte mi arma y me planté ante él.

El momento de huir ya había pasado.

— ¡Vámonos, han llamado refuerzos! —gritó Farrell tomando mi mano y arrastrándome con él sin embargo en un acto lleno de cólera yo lancé el arma al Lacerto que ahora corría detrás de nosotros justo donde los humanos tenemos el corazón y para mi sorpresa el Lacerto que cayó al suelo con el arma incrustada en su pecho y los ojos vidriosos con la luz apagada, como si... estuviera muerto.

No pude ver mucho más porque un grupo de cinco Lacertos había llegado y Farrell me hizo correr más deprisa.

 

*

 

— ¿Estás bien Liron? —Preguntó Farrell cuando llegamos al búnker—. Respóndeme —dijo preocupado.

—Lo maté —fue todo lo que dije aún ensimismada en mis pensamientos.

Aquello captó la atención de todos ellos quien enseguida me bombardeó con preguntas.

—No, no lo hiciste —gruñó Farrell como si yo hubiera dicho la locura más grande del mundo—. Yo estaba ahí, el arma solo los hiere por unos segundos pero nada más.

—No cuando apuñalas su corazón, cuando lo haces ellos mueren irremediablemente, lo hice, se la lancé al corazón y murió.

— ¡Ellos no tienen corazón! —exclamó él indignado y yo lo miré de la misma forma.

—Tú no lo sabes.

— ¿Acaso lo sabes tú? —Gruñó y con esto dio por acabada la conversación—. Descansa, ahora todos debemos mejorar esas armas.

No quise llevarle la contraria así que asentí sin embargo cuando no me echaran de menos escaparía de ese lugar en busca de mi destino, aún debe salvar a Amanon y por fin, ya sé cómo.

 

*

 

Finalmente estaba entrando a el infierno, ahora debía buscar donde tenían a Amanon.

Había robado el Smuk que hace que mi olor humano desaparezca además de haber robado el rastreador y el arma.

No tenía miedo de nada era el momento de actuar.

Fui acercándome a donde estaban los Lacertos, había logrado un perfecto camuflaje y ellos no me habían notado.

Sin embargo no podía fiarme.

Me dediqué por largo tiempo a observarlos y a tratar de entender su comportamiento.

En el tiempo que estuve ahí no pude ver a ninguna mujer lo que me preocupó y me maldije por no robar el chip de lenguaje que había visto en el búnker.



ANGGIE

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En el texto hay: extraterrestres, futurista, horror y drama

Editado: 30.06.2019

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