Nunca serás mi ex.

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 3.

 

 

Daniel.

Daniel.

Daniel.

Ese era el nombre el cual oía al llegar al colegio.

Literal.

Keniah estaba teniendo una especie de delirio amoroso, en el cual Daniel era el protagonista principal. Ya me tenía harta para ser sincera.

Ese día en el cual Daniel se enteró de nuestra existencia. La existencia de las tres niñas "A punto de llegar a la adolescencia" que no figuraban en el colegio... las cosas cambiaron. Stelle se había vuelto muy cercana nuestra y por ende Daniel también. No puedo evitar sentirme nerviosa al tenerlo cerca y eso me enfurece.

¿Por qué me pone nerviosa?

No es justo que él tenga ese efecto en mí, no quiero que "él" me ponga así.

No cuando él comenzó a coquetear de manera más notoria con Keniah, todos los recreos estaban juntos, Sofía y yo íbamos a nuestro habitual banco mientras esperábamos que Stelle apareciera. Todo era distinto, la manera en la cual cambió Keniah me dejaba confundida.

¿Un chico tiene el poder de hacer eso?

Nuestra nueva amiga rubia nos presentó a uno de sus amigos del octavo, que vendría siendo compañero de Daniel.

Su nombre es Christian y les puedo asegurar de que es una completa loca.

Sus preferencias sexuales son algo obvias, además de que nos habla sin pudor alguno sobre su nuevo novio.

Me cae muy bien, y es algo que me distrae en estos momentos.

— ¡No me vas a tratar así! —Dice con una voz chillona mientras zarandea a Sofía.

No puedo evitar soltar una carcajada.

— ¡Christian basta!

Stelle no quiere llamar la atención de los profesores y yo ruedo los ojos.

—Mejor vamos a mi salón allí nadie nos verá.

Chris es el primero en levantarse, Sofía frota su brazo mientras lo fulmina con la mirada.

Mientras caminamos en esa dirección miro de reojo hacia la "parejita" me sorprendo al ver como Daniel sostiene su mano y juguetea con sus dedos. Mi pecho vuelve a hervir.

Él se da cuenta de que lo miro y sonríe.

Él muy idiota sonríe.

Imito su gesto sonriendo de una manera sínica y luego volteo la cabeza mientras aprieto mi mandíbula.

Idiota, de alguna forma el piensa que soy como una de sus mejores amigas y eso me molesta más.

¿Mejor amiga? ¿En serio?

Camino detrás de Christian quien al llegar al salón sube a la mesa con algo de dificultad y comienza a cantar una canción de Lady Gaga. Es un fanático, en serio. Stelle lo mira riendo y le pide el celular para grabarlo. Él se da cuenta y para de inmediato.

— ¡Deja de grabar perra!

Todas reímos y Stelle deja el celular en su lugar entre risas mientras el sigue cantando. Realmente extraño esa etapa de mi vida donde todo era normal y sin estrés.

Los días seguían pasando y la verdad Keniah pasaba mucho más tiempo con Daniel, yo la verdad no entendía porque ella no podía venir con nosotras como antes.

Pero luego como que las cosas se calmaron, el agua turbia paso a ser un agua tranquila y clara lo cual no fue nada más para confundirnos.

Llego agosto y en realidad Daniel no venía tanto, pero ese día fue distinto, él se comportó distinto conmigo y no hizo nada más que confundirme.

Recuerdo que ese día Sofía ni Keniah habían venido a clase y yo me quede el recreo sola ya que Stelle tenía alguno que otro problema en su curso, creo que el mundo se puso de acuerdo ya que ni Chris había asistido.

Me senté en uno de los escalones frente a mi salón, tenía la mirada en un punto fijo, me aburría y recuerdo haber deseado no asistir ese día ya que me encontraba sola.

Luego una sacudida en mi hombro me pone alerta y giró la cabeza de manera brusca en dirección al causante. Me sorprendo al ver a Daniel mirarme divertido.

— ¿Qué tiene de interesante ese árbol?

Se estaba burlando de mí y eso hizo que frunciera mis labios.

—Solo estaba pensando.

—Ya veo.

Se quedó callado y miró el mismo árbol que yo miraba. Su cabello tenía un leve tono rubio entre ese cabello castaño, arrugue el ceño porque él tenía una cara de concentración que me hizo cuestionarme y volví a mirar el árbol.

— ¿Qué vez? —Pregunte.

—Nada, en realidad solo estaba pensando —Dice imitando mis palabras y vuelvo a mirarlo—. Tal vez tú técnica funcione.

Sonríe.

Siento un aleteo en el pecho pero lo ignoro en minutos.

— ¿Si quiera puedes pensar?

Él ríe y luego adopta una actitud seria.

—Soy muy inteligente conejito, no conoces mi potencial.

Lo dudaba mucho.

—No me llames así —Digo de manera fría—, y no estoy dudando de tu potencial, solo lo estoy cuestionando un poco.

— ¿No es lo mismo?

—No.

Él vuelve a reír y pasa unos de sus brazos por mi hombro, me estrecha junto a él mientras ríe y yo no hago más que quedarme tiesa en el lugar.

¿Qué demonios hace?

Sé que él solo lo hace para molestarme.

¿Pero cómo puedo molestarme con esto?

No puedo molestarme cuando esto me hace sentir tan bien, es como sí la calidez de su cuerpo fuese lo que he estado necesitando toda mi vida y cuando me aleja de su cuerpo quiero que él vuelva a estrecharme, aunque sea zarandearme.

— ¿Estás bien? —Pregunta levantando mi barbilla con su mano.

Sus ojos caramelo van directo a mis ojos azules y me quedo sin habla.

Creo que él también.

Su vista no se aparta de la mía y siento que mi mundo da vueltas. Muchas vueltas.

Va a decir algo cuando alguien lo llama y él se aleja de mí algo nervioso.

—Debo irme conejito —Dice pasándose una mano por la nuca—, el deber llama.

Se agacha hasta mi altura y besa mi mejilla para luego ir corriendo hasta donde está su compañero.

Mi mejilla arde en el buen sentido y no puedo evitar que una torpe sonrisa jugueteé en mis labios. Llevo mi mano hasta esa zona como un acto reflejo y suspiro.

Al día siguiente solo estaba esperando ver a Daniel, creo que él me gustaba y ahora que no estaba con keniah... tal vez, solo tal vez él se fijase en mí. Digo, no soy la gran cosa pero por cómo nos miramos ayer una leve esperanza se acumuló en mi pecho, esa esperanza la cual me dejo sin comer y dormir.



Mila Baez

Editado: 12.04.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar