Obligada a ser tuya

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Capítulo 23

Le había quitado las llaves del auto a Matt y me lo había llevado iba de camino a mi antigua casa, no a las de mis padres sino a otra.

La casa la había comprado con el dinero que había ganado en las primeras carreras, una hermosa casa rústica. Estaba conduciendo hacia esa dirección. No estaba tan lejos unos cuantos kilómetros. De tuve el auto en frente de esa casa.

No quería salir, pensar que hoy cumpliría dos años de su muerte, me mataba por dentro, mi pequeña Angela no merecía pasar eso, era solo una niña, una niña que no tenía ninguna culpa.

¡Maldito Marcus si tan solo nunca hubieras mentido ella estaría viva! Era hija de ambos, el día del accidente me entere que estaba embarazo. Casi pierdo el bebé. Tuve que chantajear a varios doctores y enfermeras para que no dijeran nada.

En el embarazo les dije a mis padres que tenía una beca para ir a estudiar en el extranjero. Me fui y tuve lejos de todos a Angela. La enterre cerca de esta casa, de su casa mientras la enterraba le prometi volver cada cumpleaños de ella. Hoy era su séptimo cumpleaños.

Me abajo del auto, mis amigos me había seguido pero no me importo, corrí a donde su cuerpo se encontraba enterrado. Estaba ahí una cruz entre montones de flores blancas. Me arrodille y una lágrima corrió por mi mejilla. Tan tarde llegue ese día para que ese hombre de mierda le hiciera eso. Era todo mi maldita culpa y lo sabía, sabias cuanto mal había hecho a lo largo de su vida. Ella necesitaba amor de madre el cual nunca le pude brindar, le deje sola como un perro sin dueño. No tenía corazón, creo que nunca lo tuve.

—Mi pequeña e inofensiva niña no tenía que pasar eso—. Era lo que repetir mi mente cada 23 de septiembre, cada lágrima derramada era por todo el daño que provoque.

—Aquí estoy cariño como lo prometi—sonreí con melancolía—¡Feliz séptimo cumpleaños!

Llegaron los demás y se sorprendieron de ver el lugar que me encontraba.

—Emma, ¿Qué significa esto? —llegó a mi lado Victoria dejó su brazo en mi hombro.

—Es una tumba—dijo Matt observando la cruz—¿De quién es?

—¿Donde estamos? —dijo Tobias observando todo el lugar.

—¿Quién era Ángela? —Dijo Martí.

—Todo comenzo hace ocho años atrás...

—Hace ocho años fue la muerte falsa de Marcus—me interrumpio Matt.

—Matt callate solo escucha y no hagas preguntas—agregó Dani.

—Antes del accidente me di cuenta que estaba embarazada, perdí demasiada sangre que casi pierdo a mi bebé—sonreí—. Más tarde una enfermera me dijo que mi bebé era tan fuerte como para aferrarse a su vida como ella lo hizo. Les pedi a los doctores y enfermeras que no dijeran nada algunos les tuve que pagar mucho. Al salir del hospital y enterarme que Marcus había muerto fue un golpe demasiado duro. No comía, no dormía, cuando fui al doctor me regaño tanto por mi estado, revisó a mi bebé y se sorprendió al darse cuenta que el bebé estaba bien que ese pequeño ser se aferrada con todas sus fuerzas a su vida, me reproche tanto por no cuidar de mi y de ese bebé. Sabía que si seguia en casa mis padres se darían cuenta y yo no quería eso. Me iba a ir, tenía que irme, entonces le invente a todos que iba a ir a estudiar al extranjero, pero vine aquí el dinero de las carreras hizo que pudiera vivir un año fuera de casa absolutamente bien. Las clases del Instituto eran profesor en casa. Antonio así se llamaba el profesor, cada vez que venía me hacia sentir que no estaba sola, me hablaba de sus hijos y me contó que el había tenido a su hijo mayor a mi edad. Era como un papá preocupado por el bien de su hija, por mi bien. Los nueve meses en que ella estuvo en mi vientre fueron los mejores, amaba sentirla en mi vientre, esas noches que me despertaba por sus patadas me hacía saber que ella ya quería vivir, que ya quería conocer el mundo. El día que rompí fuente estaba en clases, Antonio se asustó tanto y mintió diciendole al doctor que él era mi padre. Le había dicho que mi padres me había corrido de casa al enterarse de mi embarazo, él me creyó unas tres semanas después de parto me entere que el tuvo un accidente de auto, un hombre borracho chocó con él arrebatándole la vida.

—Lo lamento—dijo Dani.

—No más que yo—sonreí —Su hijo un día después de su entierro llegó a mi casa me dio un oso de peluche café y un libro dijo que su padre le había contado de mi y mi situación todavía seguimos en contacto se llama Mariano. Ya no podía más conmigo y la pequeña recién nacida. Dicidi darle alguien más ese privilegio, de tenerla a ella como hija, pense que ellos les darían ese cariño que yo nunca le hubiera podido dar. La deje con ellos y volví a casa y la cuidaba desde lejos, cinco años de pura felicidad. El esposo se fue embolucrando en malos paso se drogaban y golpeaban a Angela harta de esa situación quise quitarselas pero ellos me dieron una palisa mandandome al hospital cuando desperte corrí hasta esa casa ya era muy tarde —mi voz empezó a estremecer— ellos habian violado a la pequeña y le habían herido con varias cortadas en su cuerpo. Yo asesine a la mujer desgollandola y al hombre lo hice sufrir tanto para luego quemarlo vivo. Los restos de Angela están aquí enterrados.
Angela era mi hija.

—Como lo siento Emma—me abrazo Victoria.

—Ese fue mi primer acesinato—dije levantándome.

—¿Por qué nunca nos dijiste? —dijo Tobias acercándose.

—Solo quería dejarla ir, dejar ir todo el dolor, solo recordar el momento donde fui feliz, donde ella estuvo en mi vientre. Al contarles todo vuelve a mi mente, todas aquellas images, donde yo sola cavaba esta maldita tumba, donde yo enterraba su frágil cuerpo.

—Te amamos pequeña nunca te dejáramos sola—me abrazo Martín.

—Se que no es el momento—dijo Matt —. Pero hay un radio comunicador en esa flor y por lo que has dicho nadie sabe de esta casa así que si esto no es tuyo tiene que ser de Marcus.

—¿Qué radio comunicador?

—Ese se—señalo Matt—Tiene que ser de Marcus—se dirigió hasta ahí y lo tomo y tocó un botón del costado. —¿Hola?



Mari Lopez

Editado: 30.01.2020

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