Obligada a ser tuya

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Capítulo 24

Rápidamente salimos de la cabaña, todos corrimos apresuradamente hacia los autos. Ya en ellos nos pusimos en marcha íbamos para la base.

Arrancó el coche, me colocó mi cinturón de Seguridad.

Si alguna vez me escuchaste Dios por favor protegue a mi hija. Ella es mi luz, mi fortaleza, mi todo. La niña que se robo mi corazón. No permitas que le sucedió algo. Solo intersede por ella.

Sabes todo lo que e hecho, todo lo que e pasado, toda mi vida, por eso te estoy pidiendo  que intersedas por mi hija, si quieres puedes llevarte mi vida, pero dejala a ella vivir todo lo que quiere. Que sea una mujer de bien, como quiso que fuera su madre biológica. Dame el poder de salvarla, de darle un último abrazo, decirle te amo.

Claro que estúpida soy. Me dije muchas veces a mi misma que nunca pondria a otra persona en peligro, que nunca llegaría a amar a otra, pero soy tan cobarde y estúpida, ¿Por qué Matías Valverde apareciste en mi vida? En mi mundo, ¿Por qué no te alejaste como todos? ¿Por qué no te fuiste? ¿Por qué te quedates? Maldigo el día que me enamore de ti, maldigo el día que te ame.

Tantas cosas que quiero decirte, quiero besarte, quiero que me apoyes, quiero que me abrace y susurre cosas cursi a mi oído. Pero no estás como todos, estoy sola y asustada, asustada a no recuperarla, a que se vaya de mi lado, como todos. Tengo miedo y siento que me voy a romper, que no podré hacer nada. Tan impotente.

Solo deseo verla abrazarla y decirle que solo fue una pesadilla, que siempre voy a estar a su lado, que no la voy a dejar ir, que vamos a estar con ella, que nunca nos separamos, que seremos los tres una familia, la familia que ella deseo siempre. No entendía porque tenía que pasar esto, para que sufrió más, porque él no tenía corazón.

—Madison cariño solo ten fuerza, solo espera a mamá—susurre—. ¡Joder porque ella! —dije mientras una pequeña lágrima recorría mi mejilla. —. ¡Joder! ¿Por qué ella?

Separe un instante mis ojos del camino y eso bastó para que el auto se atropellara en un árbol.

Mi cara se estrelló en el volante. Me sentía mal, me iba a desmayar, con la poca fuerza que me queda logre abrir la puerta, logre quitarme el cinturon de Seguridad y me deje ir de lado cayendo al suelo. Mis ojos ya no soportaron más y se cerraron. 

 

¿Donde estaba? Era una habitación totalmente de blanco, sin ventanas tan solo una puerta. Me acerque a ella e intente abrirla. Fue en vano, quería abrirla, nesecitaba hacerlo. Seguia intentado, le eche todo mi cuerpo contra ella, lograndola abrirla, al echarle todo mi cuerpo caí en un precipicio, era lo que había del otro lado. Cerré mi ojos, sabía que iba a morir al tener que impactar en el suelo.

En cambio de eso senti que caí en algo blando. Abri los ojos, me encontraba en una cama en una casa. Me levante camine por toda la habitación, no me era conocida. Abri la puerta y camine por el pasillo. Hasta la planta de abajo. Y me sorprendi era mi casa cuando estaba embarazada.

Ahí estaba yo sentada en la silla mecedora cantando una canción infantil a el pequeño bulto en mi vientre. Me iba a acercar pero de repente todo se desvaneció.

Para aparecer el día que traía el cuerpo de Ángela para enterrarlo, ví tanta tristeza en mis ojos, vi su cuerpo sin vida, sus ojos vacíos, revive ese momento, me ví cavando con aquella pala, ví como caían lágrimas de mis ojos, ví mi sufrimiento, lo ví todo. Pero igual que antes esto se desvaneció.

Apareció en el día que Matías durmió conmigo alejando todas esas pesadillas, tomando mi mano, diciendome que todo estará bien, que siempre iba a estar conmigo, solo eran palabras vacías que significa tanto para mi.

En un cerra y abrir de ojos, me ví a mi aquel día que firme los papeles de divorcio, ese día fue devastador, me dolió tanto en el alma, lo firme con mis ojos llenos de lágrimas, no quería divorciarme, sabía que tenía que hacerlo pero era tan difícil, tan doloroso.

—Emma, por favor vuelve.

—Emma tenemos la ubicación de Madison—de golpe abri mis ojos sin importar cuanto me lastimara la luz.

—¿Donde está?

—En un viejo edificio, donde fueron a celebrar su primer año juntos y ya tenemos listo todo pero tú no despertabas.

—¿Qué me pasó?

—Nada solo vamos no queda casi tiempo.

—Me levante solo déjeme cambiarme y nos iremos.

—Si todo lo que necesites estará de atrás de esa puerta solo apurate que nos quedan como cuatro hora para llegar a donde ella.

Me levante del sillón y me adentro a la habitación. En la cama estaba mi atuendo.

Un vaquero negro junto a mi blusa del mismo color y mi chamarra negra y mis tenis. Me puse la ropa me coloque un labial rojo y tome las llaves que era de mi moto.

Salí y todos me quedaron viendo.

—Quiero decirles que esto no va a hacer fácil, que que tal vez algunos van a perder sus vidas, los que no quieran morir, pueden quedarse no importa.

Dicho esto subí a mi moto.

—Emma vamos detrás tuyo—dijeron mis amigos en su auto.

Arranque mi moto. Salí a toda velocidad como si se tratase de una carrera no me importaba nada, solo llegar donde ella.

El camino no fue largo. Sabía que si dejaba pasar más tiempo ella moriría, se que a pasado tiempo pero sabía como era Marcus, sabía que él no se iba a detener hasta verme sufrir.

El camino se me hacia eterno, en ningún momento pensé que él fuera donde empezó toda esta mierda, el día donde él se fue. El día del... Accidente.

Ese día tan oscuro, ese día tan mierda, ese día donde cambio mi vida. Ese día que me prometió amarme y nunca hacerme daño, el día donde me pidió matrimonio, ese día donde todo empezó, donde rompió todas mis ilusiones, ese día donde me hizo morir viva.

Ya casi llevaba solo quedaba como un kilómetro más, solo un maldito kilómetro nos separaba. Recuerdo aquello como si se tratase de ayer.

Esa adolescente locamente enamorada de él, ese corazón que lo aceptó tal y como era, recuerdo como llore todas esas noches, esas noches que llore en mi habitación sola, por culpa del él, por no poder salvarlo.



Mari Lopez

Editado: 30.01.2020

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