Octógora: La Legión de los Caídos.

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6. Locura

"Estás loco pero te diré un secreto

Las mejores personas lo están"  

Me dolía la cabeza un poco pero la ducha lo había mejorado todo, aunque claro los incesantes ruidos que hacían al tocar el timbre no ayudaban. Al principio decidí ignorarlos, pero al ver que los estúpidos no se rendían bajé de nuevo para abrir, seguro eran esos idiotas religiosos que siempre pasan dando un folleto e "invitando" a la a sus reuniones en sus sectas.

Al abrir me encontré con mis dos amigos discutiendo entre sí, a punto de darse duro sino los detenía.

— ¿Qué hacen ustedes dos en mi casa a estas horas del día? — Grité para que me escuchasen.

Los dos se dieron la vuelta mirándome sorprendidos, al parecer no se dieron cuenta en el momento en el cuál abrí la puerta. Ambos parecían haber despertado hace cinco minutos y como por arte de magia, haber corrido hasta mi casa. 

¿Por qué? 

De seguro son los efectos secundarios de la cruda que estoy sintiendo. 

— ¡Queríamos venir a pasar el día completo con nuestro mejor amigo Oliver! ¿Acaso no lo podemos hacer? — Gritó Taylor con la sonrisa más falsa que pudo salir de ella.

La conozco muy bien para saber que me está mintiendo, sus ropas sucias al igual que su cabello alborotado por completa me da mala espina de que se haya o no bañado después de ocupar un cuarto de motel. Austin tampoco se veía mejor que ella, con grandes ojeras que surcaban sus platinos y antes llenos de vida ojos. 

— A mí no me engañan, vos deberías estar en tu casa arreglándote para salir de compras y Austin en casa de su víctima en una segunda o tercera ronda —

Sí, los conocía demasiado bien, para saber que tramaban algo esos dos. No podía pensar en una respuesta razonable para esto, pero mis brazos se estaban cansando de tener que retener la puerta principal para evitar que estos dos entren a hacer un desastre. 

— Pues Austin no consiguió nada anoche y pues, no han traído nada nuevo en las tiendas, así que deja de decir estupideces y déjanos pasar —.

Respondió ella, empujando la puerta y haciendo que mis brazos tengan que aguantar un dolor fuerte que durará cerca de dos días completos, pero eso no parece importarle pues sigue entrando sin más a la casa y sentándose en el sillón en L que se encontraba en la sala de estar de los invitados.

—No les creo pero igual, ya me lo dirán—. Contesté con un tono de que no me creía para nada lo que me estaban diciendo. 

Esos dos no pueden ocultar nada, siempre termino sabiendo lo que esconden. Lo veo en sus ojos, me están mintiendo. La sala recién limpiada pronto parecía una pocilga una vez más, gracias a los dioses que mis padres nunca venían aquí, sino me regañarían toda la vida por los desastres que hace Taylor en la casa cada vez que llega. 

— "Eso es lo que tú crees" —Dijo su voz de nuevo, desde anoche que la oigo, pensé que debía de ser el alcohol pero al parecer no, me estoy volviendo loco. 

Flaashback

Bajé las escaleras y salí hacia la calle, necesitaba respirar un poco, me senté en la acera frente a un árbol.

— ¿Quién diría que años atrás nunca irías a una fiesta? —

"Si que has cambiado mucho en estos años" Dijo su voz, miré tras de mí y no había nadie, seguro que estoy loco.

—No, no lo estás —Volvió a repetir su voz, me levanté y tiré el vaso con whisky que llevaba.

—Claro que lo estoy— Grité, no importando que alguien me viera, no me importaba que me creyeran un loco.

—Claro que no Oliver— Una mano se asomó sobre mi hombro y por unas milésimas de segundos lo vi, estaba frente a mí. Dallas estaba vivo.

Entré de nuevo a la casa, había una chica de pelo castaño con ojos amarillos que brillaban que se dirigía hacia mí.

—Hola— Saludó mirándome lascivamente— ¿Quieres bailar? —Me preguntó mientras me tomaba del brazo e iba hacia la pista.

Empezamos a bailar mientras sonaba una canción en español que nunca había escuchado antes.

— ¿Eres del instituto o vecina de los White? —Pregunté mientras restregaba su trasero a mi miembro.

—Vecina, me llamo Chanel Stone —Dijo antes de unir nuestros labios con desesperación.

—Aléjate de esa zorra, no es de fiar —Dijo detrás de mí.

Le seguí el beso, después de unos minutos las cosas se comenzaron a subir de tono a tal punto que necesitábamos una habitación.

—Aléjate de esa impura, Oliver ¿o quieres acabar como yo? Hazme caso maldito sea, lo hago por tu propio bien— Gritó haciendo que rompiera el beso y lo viera rompiendo un jarrón que se encontraba en la entrada.

—No eres una imaginación—

Susurré para mi mismo mientras podía tocar los pedazos rotos del jarrón y como algunas personas veían la escena para luego volver a lo suyo.



Naran Sellers

Editado: 23.09.2018

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