Oda a mi Locura

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46# Adagio blanco

Venas desesperantes de martirio
En enclaustradas micenas, de amores prohibidos,
Probando va la sal
En la isla de Chipre,
Donde la diosa tienta al mortal ausente.
No hay quien le cante
Al presente inicuo,
El fuego indigente de luceros fugaces.
Batallando siempre ante aguaceros,
En pocas tardes de idilio vivido,
En cantos solemnes de placer oscurecido,
De desoladas noches en tiempos imberbes…

Presente vienen la flor,
los cielos,
Al enlace profano de la dama y el ciego
Donde resguardan en buques la llave dorada
Del corazón perdido, enigmática doncella.
Pisadas firmes,
Manchas ajenas,
En el sacro sepulcro
De minimidades santas.

Al mar yo echo la vida nostra
Del poco sabor
De la tarta,
Y las sombras.
En pesos muertos de tiempos urgidos
Allá van los caídos, en cantos de esperanza,
Y vienen señales, de finales costas,
En la barca del trigo
Quemando la carne,
Del que en muerte despide
Por los vivos detraen
Y sin pedir nada
Pierde el embarque…

Y si deseo el no, tener que esperarte,
Espero impaciente, tu dulce partida.
Donde la guerra no lleva, la vida mía,
Ni la vida nuestra,
A sacra despedida,
No requerida.

Adiós, pues,
Márchate ahora,
No vaya ser que me arrepienta
al decirte adiós en los tranvías,
A las travesías dormidas
De la blanca cuna,
Donde el vals de la muerte
Se pinta ajena,
En niebla sombría
De dureza carcomida
Y pesadez de espíritu,
De innobleza incomprendida.
Ante llantos vacíos,
De huérfanos, viudas,
Y vidas vacías,
que amenazan el ciclo.
Y tras la muerte, venida,
En esta guerra,
Nos decimos adiós,
Antes que llegue la condena.



La Duquesa Rainford

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En el texto hay: poesia, poemas, poemario

Editado: 23.07.2019

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