Óleos de amor

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Capitulo 1



La tarde era tan hermosa como ninguna otra, las nubes parecían algodones de azúcar con ese rosa tan hermoso, el cielo pintaba un bello color rojo y amarillo con un poquito de azul, el árbol en el que me recargaba era enorme y sus hojas eran de un color entre amarillo y café anunciando que el otoño había llegado. 

Mis tardes se componían de salir al aire libre con mi termo lleno de té, mi paleta para pinturas, mis lienzos y pinceles. Sentarme a mirar el cielo y las hojas caídas de los árboles me inspira a la hora de pintar algún cuadro. 

Las horas pasan y mis manos parecen tener vida propia porque mueven el pincel con tanta precisión formando líneas, trazos, curvas y de más hasta formar mi siguiente obra de arte. 

Todo va bien solo que falta una cosa, mi estro. 
Falta esa bonita inspiración que sientes al ver a una persona y que te haga querer plasmarla para siempre en tu memoria y/o pinturas. 

La noche ha llegado y es hora de volver a casa, tomo mis pertenencias y camino de regreso a mi casa con el viento chocando en mi rostro y moviendo uno que otro cabello. 

Camino por la acera de mi casa con la cabeza baja para evitar que el viento lastime mis ojos, sin darme cuenta choco con una persona y ambos caemos al frío cemento, levantamos la cabeza y nuestras miradas chocan. 

Mi corazón desborda chispas electrizantes por todo mi cuerpo, los ojos del chico frente a mi son de un color casi nunca vistos son de un color ámbar tan hermoso, sus pestañas son gruesas y de un negro intenso están perfectamente curvadas, sus cejas pobladas de color café, su nariz y sus labios me hacen saber que es el rostro más hermoso que he visto en mi vida. 

“-Perdón, no veía mi camino”, habló primero mientras se ponía de pie. 

“-No te disculpes, yo tampoco veía mi camino”, respondí ya de pie. 

“-Bien, cuídate y mira por donde vas”, dice sonriendo. 

“-Tú también”, respondí y ambos seguimos caminos diferentes. 

Luego de veinte minutos llegue a mi casa siendo recibido por Nila, mi gata. 

“-Nala, ¿Cómo estuvo tu tarde?”, digo cerrando la puerta. 

Ella maúlla en forma de respuesta, la cargo en mis brazos y camino al sofá. La acaricio un rato hasta que se levanta de mi regazo y brinca al suelo para después echarse a correr a la cocina. 

Cuando estaba por levantarme tire una foto, la levante y me vi sonriendo y con la cara pintada. Recordé el día que Giselle me ayudo a decorar el departamento y me pinto la cara con la pintura azul.  

También recordé que hace un año que no vivo con mi familia porque ellos no aceptaron mi presencia sexual, me declare gay a hace tres años y viví el peor año de mi vida desde ese momento mi familia utilizaba cualquier momento que pasaba con ellos para humillarme e insultarme, mis amigos se redujeron y las personas de mis alrededores me miraban como si lo mío fuera una enfermedad altamente tóxica. 

El acto que me impulso a salirme de mi casa fue cuando mis padres comenzaron a golpearme sin razón alguna, estaba harto de sus maltratos así que sin aviso alguno tome todas mis pertenencias y me fui. 

Afortunadamente mi mejor amiga, la única que si me apoyó cuando nadie más lo hizo, habló con su padre y llegaron a un trato donde me dejaba vivir aquí sí le pagaba una renta, cuando llegue a este departamento supe que sería el inicio de una vida sin maltratos o insultos. 

Volví a la realidad cuando Nala brinco a mis piernas. 

“-Te has manchado las patas”, dije bajándola para limpiarme y descubrir de que son las manchas. 

Eran de salsa de tomate, recordé el espagueti que había preparado para cuando volviera y corrí a la cocina encontrándome con la cazuela tirada y el espagueti regado por la cocina junto con las huellas de Nala por todo el suelo. 

Tomé un trapeador y comencé a limpiar todo el desastre causado por Nala, cuando termine me puse a buscar algo que comer y encontré los ingredientes para una lasaña así que comencé a prepararla. 

~*~ 

Me encamine al sofá y saque mi libreta de bocetos para terminar el boceto de aquel chico del parque, su mirada era tan tierna y a la vez seria, sus ojos eran de un color grisáceo, sus labios de un color rosa claro y sus pestañas largas y curvadas. 

Tomé el lápiz y terminé de darle los últimos detalles al dibujo de su rostro, la verdad que no me pude resistir a dibujarlo su rostro es una belleza y tenía que plasmarlo por siempre. 

Cuando termine guardé la libreta y me fui a mi habitación para darme un baño y ponerme la pijama, luego de lavarme los dientes me acosté y después de un largo tiempo de estar pensando en aquel chico me quedé muy dormido. 

~*~ 

Al día siguiente me levante tomé un baño y desayune como todos los días antes de salir de casa y dirigirme al trabajo, trabajo en un café a tres cuadras de mi casa la paga es muy buena y solo trabajo medio turno. 

Tengo mis tardes libres así que las dedico a estar en el parque o las plazas pintando, dibujando o buscando un modo de pasar el tiempo. Siempre encuentro algo que hacer porque la inspiración es algo que llega a mi en todo tiempo y forma. 

Llegó al café y saludo a mis compañeros quienes se encuentran en la pequeña sala de empleados en la parte trasera del café. 

“-Hola Nancy ¿Cómo estas hoy?“, saludo y ella me sonríe. 

“-Hola, bien ¿y tú?“, responde sonriente. 

Dejó mi mochila en mi casillero correspondiente y me coloco el mandil del uniforme y la gorra para salir a trabajar, el café se encontraba un poco solo y es normal, en las mañanas no hay muchas personas pero conforme la tarde se acerca las personas llegan por montones hasta convenir este lugar en una locura con muchas órdenes. 

“-Hola, quiero un panque y un café helado por favor”, dice una voz algo familiar. 

Volteo hacia la persona y es él, el chico que conocí en el parque la tarde de ayer, estaba aquí con su sonrisa encantadora. Me acerqué a tomarle la orden y después me dispuse a preparar sus alimentos, normalmente no preparo yo los alimentos pero solo por esta ocasión lo haré yo. 

“-¿Qué ha pasado para que los prepares tu?”, pregunta Lydia. 

“-Digamos que un chico especial”, digo y ella chilla emocionada. 

“-¿Cómo se llama?”, pregunta viéndolo discretamente. 

“-Aún no lo sé, lo conocí ayer por la tarde mientras pintaba en el parque”, dije colocando los ingredientes en la licuadora. 

“-¿Cómo pasó?”, pregunta ayudante a ponerle la tapa y encenderla. 

“-Chocamos por accidente cuando regresaba a casa”, dije sirviendo la bebida en el vaso desechable y colocando una tapa en este. 

“-Es muy guapo”, dice y sonrió asintiendo. 

“-Tengo buenos gustos”, digo bromeando. 

“-Dejare que lo entregues tú, yo tomaré la orden”, dice guiñándome un ojo. 

“-Gracias”, digo sonriendo. 

Digo el número de orden y él se acerca a tomarla, me sonríe y agradece antes de dar la vuelta y salir del local. 

El resto del día es algo aburrido, los clientes llegan a la hora de la comida y el lugar se llena de personas conversando, riendo, niños llorando y mi cabeza comienza a doler para mi suerte mi hora de la salida esta por llegar. 

Atiendo a las personas en la caja y dejo que mis compañeros preparen las ordenes, finalmente mi hora de irme llegó y me retiro no sin antes despedirme de mis compañeros y checar mi hora de salida. 

Cuando salgo del lugar el aire me golpea con fuerza haciéndome saber que hoy no habrá salida al parque por la fuerte lluvia que seguro viene, camino a mi casa. 
Cuando llego me encuentro con Nala esperándome en el sillón, dejó mis cosas y la cargo para después besar su cabecita. 

“-Te extrañe”, le digo y ella maúlla en respuesta.  

La dejó en el sillón y camino a la cocina por algo que comer, no hay mucho en el refrigerador así que veo la opción de pedir algo a domicilio. 

Me decido por un sushi del restaurante que está en la esquina, me han dicho que es muy bueno y me daré la oportunidad de probarlo, no pasan de los cuarenta minutos cuando tocan mi puerta. 

Abro la puerta y mi corazón se detiene por unos segundos al verlo frente a mí con su uniforme y la bolsa con el logo del restaurante. 

“-Hola, te entrego tu pedido”, dice sonriendo y estirando su brazo. 

“-Hola, gracias”, lo recibo y le entrego el dinero exacto y una buena propina. 

“-Son muchas coincidencias”- dice y ríe un poco – “-Te veo en todos lados, no pensé que te encontraría muy seguido”, sonríe. 

“-Tampoco lo esperaba”, respondo. 

“-Me llamo Luke”, dice y me extiende su mano. 

“-Dylan”, estrecho su mano. 

“-Bueno Dylan, debo volver al trabajo espero verte pronto”, se despide. 

“-Hasta pronto”, nos despedimos. 

Cierro la puerta cuando él se ha ido y camino a la mesa para desenvolver la comida y poder comer mientras veo la televisión. 

Cuando termino tiro los desechables y camino a mi habitación, me doy un baño para cuando salgo una tormenta asecha la ciudad y por lo tanto no habrá salidas hoy así que me dedico a ver películas, estar Nala y pensar en la bonita sonrisa que tiene Luke.  
 



Emma Flores

#6954 en Novela romántica

En el texto hay: discriminacion, gaylove, amor lgbt

Editado: 24.07.2019

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