Olivia y la esfera de navidad

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El árbol y el niño

Olivia solía recostarse bajo la sombra de un árbol que le gustaba mucho, pero rechazaba su fruta verde. Le parecía fea y amarga.

Olivia era una niña que vivía con su madre en un bello pueblo. Aunque su madre era una persona joven, y, generalmente saludable, enfermo gravemente en plena navidad. Olivia se encargó de algunas de las tareas de su madre, como cocinar y limpiar. Ella quería que su madre tuviera una deliciosa cena de navidad así que fue al pueblo para realizar las compras necesarias.

En el camino de regreso a casa avisto al bello árbol que le brindaba sombra en los días de verano. Ahora estaba seco, y sus frutas verdes y desagradables se habían vuelto cafés. Cuando se acercó, vio a un niño que recolectaba las frutas negras y las colocaba en un canasto, con una gran sonrisa, mientras silbaba alguna canción que él y algunos más conocen.

Olivia al ver la escena del niño recolectando ansiosamente frutas podridas asumió que era pobre, y que probablemente moría de hambre. Así que empezó a correr y caer en la escasa nieve blanca para llegar hasta su casa por comida, tomo una canasta y la lleno con algunas de las cosas que compro y con algunas que ya estaban preparadas como pan, leche, frutos, y sopa.

Antes de salir, amarro con fuerza sus agujetas para correr nuevamente por el camino que la llevaría hasta el árbol. Cuando llego la canasta con las frutas podridas seguía ahí, pero el niño ya no estaba.

Cuando se agacho para tomar el canasto, una fruta negra le cayó en la cabeza.

—¡Ay! se quejó la niña.

—Lo siento, dijo el niño mientras se balanceaba desde arriba del árbol extendiendo su mano para alcanzar una fruta negra y aferrándose con la otra al tronco.

—Pobre, debes tener mucha hambre, dijo la niña desplazando los rizos que cubrían sus ojos negros.

—Completamente de acuerdo señorita, tengo tanta hambre que podría comer carbón. Mas, sin embargo, gracias a Dios encontré estas delicias.

—¿Hablas de las frutas podridas? No, no tienes que comer eso. Toma esta canasta, tiene algunos alimentos que te ayudaran a mitigar el hambre, y toma mi bufanda, cuidara tu garganta.

—¿Frutas podridas? Dijo con extrañeza y con humor el niño al saber que esas no eran frutas y que menos estaban podridas.

Olivia lanzo la bufanda al niño, quien la atrapo con facilidad.

—Gracias, es una bufanda muy hermosa. ¿Cuál es tu nombre?

—Olivia, y ¿el tuyo?

Antes de que el niño pudiera responder, una ráfaga de viento sacudió con ahínco el árbol haciendo que el niño perdiera el equilibrio y cayera en el montón de hojas secas del árbol.

Olivia se acercó asustada esperando que el niño sin nombre se levantara de entre las hojas que hundían su cuerpo. Empezó a remover las hojas con prisa, después de manera frenética. Las campanas del pueblo sonaron. La tierra se había tragado a su primer amigo.

Olivia decidió nunca contarle a nadie lo sucedido y con el pasar de las estaciones y los años, pensó que tal vez todo había sido un sueño. Un mal sueño, pues su madre falleció días después. En su lugar llegaron sus tres tías, quienes eran un completo fastidio para la joven Olivia.



Paulina Castro

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En el texto hay: magia, amistad, navidad para todos

Editado: 15.12.2018

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