Olvidando lo prohibido

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Capítulo 21

~Pasado. Narra Darrel, 20 años. Abby, 15~

 

“<<¿Todavía no vas a venir?>>”, leí el mensaje de Abby.

Hace unos días me preguntó lo mismo. Ya llevaba tres semanas fuera de la casa. Trataba de no hacer viajes tan largos, pero a veces no tenía otra opción.

“<<En un par de días>>”, le puse.

No quería comprometerme.

Abby volvió a escribir.

“<<Vwle>>”

Unos segundos después, envió otro mensaje.

“<<Vwle>>”

Vi que seguía escribiendo.

“<<Vale>>”

Fruncí el ceño. Se me hacía raro que escribiese tan mal. Desde que estaba fuera ya me había mandado varios mensajes así.

—Oye… —me llamó Pongo.

Dejé el móvil y me puse los guantes.

—Me imagino que seguirá sin hablar —le comenté.

Él asintió.

Cogí el pomo de la puerta y, justo cuando iba a abrir, noté que me ponía una mano en el hombro.

Le miré.

—No hace falta que lo hagas. Al menos no tienes por qué hacerlo tú. —La forma en la que me veía no me gustaba.

«Qué tontería», pensé.

Siempre que tocaba hacer este tipo de cosas se ponía así. Raro. Pero yo sabía lo que era mejor para el negocio.

—¿Es que quieres hacerlo tú? —cuestioné elevando una ceja.

Él negó.

—Pues déjame hacer mi trabajo. —Y abrí la puerta.

Entré a la habitación. Tenía humedad en las paredes y tan solo una pequeña lámpara con una bombilla fundida que colgaba del techo.

Dentro, sentado en una silla metálica, estaba un hombre delgado, escuálido, y que desgraciadamente ya conocía.

Cuando levantó la cabeza y me vio, su rostro perdió el poco color que conservaba.

—Hola, Mark —saludé a mi antiguo jefe.

—Darrel… —titubeó—. ¿Por qué… por qué estoy aquí?

—Ya lo sabes —comenté analizándolo—. Te di la oportunidad de marcharte —dije.

—Y lo hice —habló de forma rápida.

Sonreí.

—Pero también has estado planeando alguna mierda para joderme.

Desvió la mirada nerviosamente.

Qué diferencia a cuando era él quien tomaba las decisiones. A cuando mandaba golpearme o me encargaba los peores trabajos. Cuando era él quien tenía el control.

Y ahora, ya no lo tenía.

—No. Me he quedado al margen. Lo juro —terminó diciendo.

—Claro —dije apoyándome en la pared—. ¿Con quién has estado hablando? Quiero saber lo que has contado y a quién.

Le temblaron los labios. Sus ojos se fijaron en mis manos cubiertas. Él sabía lo que eso significaba. De hecho, fue él quien me enseñó este tipo de cosas. Abrió la boca para decir algo, pero un instante después la cerró, reconsiderando sus palabras, hasta que volvió a hablar.

—Yo no he dicho nada a nadie.

Mi rostro adquirió una expresión seria.

—Pongo, ¿la información es buena? —pregunté a mi amigo, quien observaba desde el marco de la puerta.

En realidad, ya sabía la respuesta, pero de cierta forma me parecía divertido que mi patético ex-jefe se hiciera ilusiones. Para luego quitárselas, claro.

—Sí. Y también he visto fotos.

—¡Mentira! —gritó Mark. Mi vista cayó en sus dientes negruzcos debido a la podredumbre.

—Puedes salir, Pongo —hablé acercándome a la silla—. Los tíos que se llaman como tú siempre me dais problemas. Mark... —murmuré pensativo viendo al deshecho de persona que tenía frente a mí—. Tienes la oportunidad de comprobar qué tan buen profesor fuiste. Me pregunto cuánto aguantarás —dije estirando bien los guantes.

—Espera…—murmuró Mark.

Y la puerta se cerró a mi espalda.

 

******

Tres horas más tarde y después de que me limpiara, me reuní con Pongo en otra habitación. Estaba muy serio, pero me daba igual. Él solía decirme que no hacía falta la agresividad, que lo importante era el respeto. Y yo estaba de acuerdo. Pero si se trataba de gente que te quería joder, el miedo pesaba mucho más. Y reconocía que como a veces me costaba controlar mis impulsos algo... violentos, tampoco me venía mal liberarme de vez en cuando.

—Quiero que me consigas información de estos nombres —dije dándole una hoja con las personas que Mark había terminado diciendo.

—Claro. —Miró mis brazos, seguramente buscando algún rastro de sangre, pero no dijo nada al respecto.

Finalmente, había resultado que, o Mark había sido muy bueno enseñandome este tipo de "artes", o yo fui muy buen alumno. El caso es que lo había soltado todo. Y no aguantó demasiado.

Pongo podía decirme si no estaba de acuerdo conmigo en este tipo de cosas o sobre cualquiero otro tema. Era de las pocas personas de las cuales respetaba y valoraba su opinión. Y si no coincidíamos, él era capaz de entenderme y hacer lo mismo conmigo. Como ahora.

Y en las ocasiones en las cuales ninguno de los dos quería ceder, nos peleábamos. Pero este no era el caso.

Me senté a su lado.

—No creo que vayamos a tener problemas —comenté recostándome.

Mark podía saber mi verdadero nombre y lo que hacía a los diecisiete años, pero desde que se fue, las cosas habían cambiado mucho.

—Yo tampoco. Para estas alturas ya habríamos visto algo fuera de lo habitual. No creo que nadie le tomara en serio, y de momento nuestra gente es de fiar —dijo Pongo.

Asentí y cerré los ojos, relajándome. De todas formas, no estaría mal tener un ojo encima de esos contactos. No quería ninguna sorpresa en un mal momento.

—¿Qué hacemos con Mark? —preguntó—. Puede volver a intentarlo.

«Cierto», pensé.

—Hasta que no compruebes que los nombres son correctos, nada. —Medité mi próxima decisión y abrí los ojos—. Si todo cuadra, antes de mañana le entrará el mono. Ese capullo no dejó de consumir ni siquiera cuando le destrocé el negocio. —Hice una pausa—. Cuando pida un chute, que le den tres veces más de lo adecuado. Estoy seguro de que se meterá todo y nos hará el trabajo él mismo.



SylvanaMist

Editado: 25.08.2019

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