Olvidando lo prohibido

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Capítulo 3

~Actualidad. Narra Abby~

 

Ya habían pasado 7 días sin que supiese nada de Darrel. Miro al techo, pensando en dónde podría estar. Una semana es mucho tiempo. Ha habido ocasiones anteriores en las que hemos estado más tiempo separados, pero nunca han pasado más de tres días sin que por lo menos nos mandáramos un mensaje. Era lo mínimo. Quería saber si estaba bien, si regresaría pronto. Pero yo tampoco le he enviado nada. No quiero ceder, a pesar de que me esté volviendo un poco paranoica, imaginándome mil escenas diferentes.

Nuestra casa es bastante pequeña, pero estos días se me está haciendo enorme. Asfixiantemente grande y solitaria. Y Darrel no vuelve. Lo único que puedo hacer ahora es confiar en que esté bien y en que en algún momento volverá de donde quiera que esté.

Eliza me ha dicho que por lo que ella sabe, no ha peleado en el Foso de nuevo, el local donde suele combatir ilegalmente. Según lo que me ha contado, ella lo conoce porque fue allí un par de veces el último año de instituto. Yo solamente había ido una vez, a la edad de 15, y fue suficiente para no querer volver.

 

~Pasado. Narra Abby, 15 años. Darrel, 20~

 

Cuando Darrel tenía 20 años, pasaba mucho tiempo en el Foso. Él siempre me había advertido, desde el primer momento en que me enteré de lo que hacía, de que jamás se me ocurriese ir por allí. Eso fue aproximadamente cuando yo tenía 12 años, y nunca se me pasó por la cabeza desobedecerle. Cuando alguien que te importa llega a casa ensangrentado y tienes que ayudarle a curarse las heridas, tiendes a prestar atención a lo que te dice. Así que cuando me dijo con total seriedad que, por favor, nunca fuera a ese sitio, yo obedecí. Darrel no solía usar la expresión “por favor”.

Lo que pasó fue que las cosas se complicaron. Un día, al volver del instituto, me encontré con que Annabelle estaba muy mal. No conseguía despertarla y no reaccionaba a nada que yo hiciera. Llamé a la ambulancia y después a Darrel, pero este último no me cogió el teléfono. Cuando llegaron los paramédicos, atendieron a mi madrastra y la subieron a la ambulancia rápidamente. Les acompañé y en el hospital me comunicaron que le había dado un coma etílico. Además, también encontraron en las analíticas señales de haber consumido otro tipo de drogas. Volví a llamar a Darrel, pero seguía sin contestar.

Pasaron las horas y se hizo de noche. Dos personas con traje se acercaron a mí preguntándome cosas como qué edad tenía, con quién vivía, quién se hacía cargo de mí… Se alejaron con rostros serios, pero a mí me pusieron muy nerviosa sus preguntas. Darrel me había dicho que evitase ese tipo de situaciones. Al parecer, esos agentes no se debían de fiar mucho de mi versión. Cuando me quitaron el ojo de encima, salí del hospital y llamé a una chica de mi clase que conocía el Foso. Su novio debía de ser habitual del sitio, le gustaban las apuestas. Ella me dio las indicaciones para llegar, así que me puse en marcha. Cuando llegué al barrio, ya sabía que no iba a ser un lugar fino y elegante. Eran casas y edificios muy pobres, y los grupos de personas que había por la calle no daban muy buena espina. Me coloqué la capucha de la sudadera para no llamar la atención.

Logré pasar desapercibida, así que me dirigí a la casa de madera pintada de azul que me habían indicado. Me metí en el jardín trasero abriendo una puertecita de hierro oxidado que chirrió un poco. Allí había una entrada a la casa, pero cuando quise abrir la puerta, no cedió. Llamé usando los nudillos y un hombre gigantesco abrió.

—¿Qué quieres? —preguntó serio. Ahora venía lo difícil. Mi compañera de clase me había dicho que era muy probable que no consiguiera pasar, ya que se necesitaba una contraseña.

Pero tenía que intentarlo.

—Estoy buscando a Darrel —dije convencida.

—¿Quién? —preguntó extrañado. Yo también fruncí el ceño.

«¿Cómo no iba a saber quién era?»

Luego caí en la cuenta de que seguramente usaba otro nombre. Maldije por lo bajo.

—Mmm… Busco a un chico alto, de pelo y ojos oscuros. Con varios tatuajes en el brazo izquierdo —le describí.

Al hombre le salió una sonrisilla.

—¿Te das cuenta de que mucha gente allí dentro tiene tatuajes?

Bufé, comprendiendo que esa pista sería inútil.

—Él pelea aquí todas las semanas. Unos 20 años, muy guapo. —Gesticulé con las manos, desesperada porque dedujese quién era. El hombre me miró con la sonrisa más extendida que antes. Analicé mis palabras y enrojecí como un tomate.

Mierda.

El hombre chasqueó la lengua.

—Hay que joderse, cada vez vienen más jóvenes. ¿Cuántos años tienes, 13? —Me puse más roja todavía, si es que era posible. Además, ya sabía que aparentaba menos que mi edad, estaba poco desarrollada y los vaqueros y sudadera grande que llevaba no ayudaban—. Chica, mejor vete. Este no es sitio para niñas —dijo con seriedad, pero en un tono más suave que el inicial. Tuve esperanzas de que fuese un buen hombre y pudiera darle pena.



SylvanaMist

Editado: 25.08.2019

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