Orquídea de chocolate

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Capitulo 7 - Revelaciones

 

Debido a lo sucedido con el arma de fuego, había permanecido por un buen tiempo recluida en otra habitación de la casa, quizás fuera de ella, en algún lugar del terreno bien lejos de la casa principal, sin los privilegios que tenía antes, en una habitación a la que apenas entraba un poco de luz, llena de frio y soledad. No había vuelto a ver a Sonia ni a la señora Gutiérrez, en su lugar el sujeto denominado Cáncer le llevaba las cosas que necesitaba.

No sabía si se encontraba en la misma casa aun, estaba asustada y más confundida que nunca, lo último que recuerda es que Cáncer le había propinado una golpiza y le había aplicado un sedante casi a la fuerza. Estaba pálida, hambrienta y sedienta, con los labios secos y agrietados, sin fuerzas, apenas las suficientes para respirar, la estaban castigando por lo que había hecho. Tampoco sabía cuántos días habían pasado desde el incidente con el arma de fuego, no había tomando un baño adecuado, salvo las cubetas de agua helada que su carcelero arrojaba sobre ella para despertarla por las mañanas, de las cuales se percataba por el pequeño rayo de luz que entraba por un agujero en el techo. Las comidas eran muy reducidas, por lo que no eran suficientes para saciar el hambre, el agua también era racionada, ahora era más evidente el cautiverio, las mentiras estaban cayendo poco a poco y la verdad se dejaba ver de a poco.

  • ¡Despierta princesa! – Le gritaba el hombre con cara de ángel, justo cuando le arrojaba una cubeta de agua helada. – ¡Aun te quedan unos días aquí, este no es un hotel de lujo princesita, así que despierta, despierta ya!

La mentira de que estaba ahí para que sanara las heridas provocadas por el accidente se había descubierto, incluso las terapias y todo lo demás eran solo parte de una falsa para ella, se preguntaba si el Doctor Castillo era solo un farsante mas, como la familia de mentiras que tenia.

  • ¿Por qué me haces esto? Le dijo.
  • ¡Esto no lo hago yo princesa! Lo manda a hacer mi jefe, yo solo cumplo ordenes mientras me paguen – Le dijo mientras le pasaba un plato de comida, esta vez con una ración mas grande de lo habitual.  – Te pareces tanto a ella, sino la hubiese visto morir diría que eres ella, salvo tu cabello, todo en ti es igual.

Ella se quedo perpleja un momento, luego recordó a la chica de las fotos, las que había encontrado en el gavetero junto a los diarios y al revolver. 

  • ¿Si te la recuerdo tanto entonces por qué me lastimas? – Le dijo mirándolo fijamente a los ojos.
  • Ella lo era todo para mí, de algún modo tú la traes de vuelta. - Le dijo un poco sensible.

Nunca antes se había mostrado vulnerable ante nadie más que ella, era la única que podía ver al ser humano y no al monstruo que era realmente, la bestia sin escrúpulos ni piedad alguna.

  • Si no te parecieras tanto a ella ya te hubiese hecho el favor de matarte para evitarte todo esto, pero mi jefe insiste en mantenerte con vida, ella quiere torturarte. – Le dijo mientras acariciaba su pelo.

Belinda se había quedado aun mas sorprendida, ni siquiera pudo articular palabra alguna para preguntar a que se refería, el recorrió la habitación mientras ella comía y tomaba agua, tomó una silla y se sentó a verla mientras lo hacía, luego se quejo del calor y decidió abrir la única ventana que había en la habitación, la luz inundo el lugar y el ambiente cambio por completo, por primera vez en días podía ver todo alrededor.

Era una habitación algo pequeña, con piso rustico de cemento, toda de madera y sin pintar, tenía una única ventana al fondo, todo estaba en perfecto estado, excepto por el pequeño agujero en el techo por donde entraba un rayo de luz a diario. No había nada más que una silla plegable y una sabana.

  • Veo que te mueres de frio aquí, podías haber tomado la sabana, la dejé aquí para ti. – le dijo mientras la observaba de una manera humana y gentil. – No te acostumbres a esto, no suelo ser así con las victimas de mi jefe, ni siquiera con las mías, solo lo hago por el enorme parecido que tienes con ella.

Ella dejo de comer por un momento y miro aquellos ojos hermosos que la observaban, respiro profundo y dijo:

  • Pensé que tu jefe era ese hombre al que casi hiero con aquella bala equivocada que fue a parar en la señora Gutiérrez.
  • ¡No podías estar más equivocada princesa! – Le dijo mientras sonreía.

Estaba sorprendida con aquella revelación, ¿Le había disparado a la persona equivocada, le había reclamado a quien no tenia respuestas? Tal parece que así era.

  • Dejare la ventana abierta por unas horas, así no te sientes tan sola aquí, de todos modos no podrás salir, la ventana tiene una malla de protección que solo se puede quitar por fuera. – le dijo.



Ovent

Editado: 16.02.2019

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