Orquídea de media noche

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La playa

Hace unos años fui a una isla cerca a las costas de sudamericana , era un lugar agradable, lo más agradable era el sentimiento de ser el único ser vivo en un mundo tan lleno de personas, solo iba una vez al año.

 

A mis 37 años de edad cada vez que vengo me siento mas joven, en un par de horas me puedo recorrer toda la isla, me gusta cerciorarme de que esta vacía, paso por debajo de los escasos arboles que adornan el terreno, subo por una pendiente y a lo lejos escasos restos de islas se asoman, antes de que el cielo oscurezca me apresuro para llegar a la playa.

 

Por el camino recojo ramas y hojas secas para hacer una fogata, mis manos resecas por el trabajo están llenas de material para quemar, tengo un pequeño campamento que prepare hace varios años atrás, a pocos metros veo el techo de mi campamento, una suave brisa con aroma a sal me relaja mientras llego al bello lugar.

 

Tengo muchos preparativos que hacer y el sol cada vez se aleja mas y mas, la fogata esta montada mientras estoy sentada en una roca, la pesca es un deporte de gente paciente, como para todo en la vida las cosas que valen la pena se hacen esperar.

 

Sentada en esa piedra reflexiono sobre mi vida, trabajo a medio tiempo en una oficina, el salario no es tan bueno y muchas veces trabajo horas de más sin ningún tipo de retribución, aun así me las apaño para vivir, he tenido varios trabajos a lo largo de la vida.

 

Fui niñera de un par de gemelos hasta que sus padres se divorciaron, fui mensajera hasta que gracias a un camión me lesione y me despidieron, también fui cocinera hasta que los de salubridad tras una severa inspección encontraron un nido de cucarachas y por obvias razones nos clausuraron, he tenido tantos trabajos que ya no recuerdo como comenzó.

 

Pero tras muchos trabajos en su mayoría despreciables, he encontrado un trabajo perfecto para mis habilidades.

 

los peces están en la red y los saco del agua, sus cuerpos se sacuden con violencia mientras los alejo del agua, pongo una manta en la arena y con un cuchillo de carnicero empiezo a sacar las tripas de los peces, las dejo en una jarra aparte mientras empiezo a descamar los, las escamas caen sobre la manta como gotas de lluvia.

 

El cielo deja sus últimos tonos de violeta dando paso al intenso azul, ahora no se logra distinguir el cielo del agua, me levanto y sacudo los restos de escamas, entro en el campamento, las paredes de madera siguen tan viejas como siempre y el techo de hojas a pesar de que cada vez que vengo necesita reparaciones esta vez parece bastante estable, en el medio de la estancia hay solo una mesa y una silla, sobre la mesa varios materiales, jarras y frascos que con mucho cuidado voy llevando de a poco a la playa.

 

Me toma un par de viajes llevarlo todo y para entonces las primeras estrellas destellan en lo alto del cielo, en la ciudad no se suelen ver tantas estrellas como en la isla, tampoco se siente tanta calma en la ciudad como acá, es casi como estar en un planeta diferente, me siento en la playa y dejo que las olas me besen los pies, el frió empieza a llenar esta única y precisa noche.

 

El reloj en mi muñeca es lo único que me conecta con mi yo fuera de la isla, es un recordatorio de que se me acaba el tiempo constantemente, desde el momento de mi nacimiento no he tenido tiempo apenas empece a vivir cuando empece a estudiar, la primaria y el bachillerato y después inmediatamente el trabajo vino por mi como una fuerza maligna que ocupa mis pensamientos y la mayor parte de mi vida.

 

La otra cosa que toma tiempo en mi vida a parte de trabajar es la lectura, no solo leo por gusto, también lo hago porque gracias a la lectura mis habilidades se han potenciado de forma prodigiosa, he aprendido diferentes cosas que me han ayudado a crecer, por desgracia los libros que necesito no son fáciles de conseguir, por eso la mayor parte de mi sueldo termina transformada en libros perdidos, tan poco comunes que a no ser que pagaras una muy buena cantidad no los conseguirías.

 

Tengo un cuento favorito, a diferencia de lo que se piensa disfruto mucho de los cuentos y las leyendas urbanas y hay una en particular que me gusta mucho, habla sobre una niña hija de la noche y el bosque, que salio de una flor que se da al sur de américa, tras caer el sol la orquídea perfumada de la noche abre sus pétalos pero esta vez sale de ella una niña de piel oscura y ojos brillantes, una bruja nacida en la tierra que solo sale una vez al año.

 

El reloj en mi muñeca suena sacándome de mis ensoñaciones, y sobre la manta cada caja, cada frasco, cada herramienta tiene un orden, saco un par de pedazos de madera y el fuego ya no es tan grande ni tan cálido, el frió cada vez se siente mas y mas.

 

Me saco la camisa y la brisa besa mi espalda, mi largo cabello me cosquillea las costillas y me arrodillo en la manta, junto a mi un cuchillo con mango de oro resplandece, al otro lado una jarra, quito la tapa y el aroma a sangre y carne impregna en mi nariz.

 

Poco a poco lo siento, la hora esta cerca, y de un momento a otro unas pisadas a mi espalda hacen que me estremezca, tengo la vista fija en el agua, pura e infinita, así que como tantas veces en el pasado espero ser igual, pura e infinita.

 

El cuchillo en un rápido movimiento ya no esta en la manta sino en mi espalda, y estando en el umbral de la muerte, la adrenalina y el placer se apoderan de mi, se que no moriré, mi maldición no me lo permite, por eso soy el sacrificio perfecto para traerla a la vida, una vez más, solo el tiempo dirá si esta vez funciono o tendré que volver el siguiente año.



Myco Zelle

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En el texto hay: magia, magia y brujas

Editado: 01.01.2019

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