Oscura Obsesión

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 12

Dekeam

— Buenos días Dek. — Escucho a lo lejos.

¿Dek? Es muy extraño que me llame así, solamente personas muy cercanas a mí me llaman Dek, en especial mis amigos del pueblo.

Siento que algo se mueve en mi cabeza, abro los ojos para encontrar a Jay acariciando mi cabello, mirándome de pie junto a la cama, lo miro aterrada, se acaba de dar cuenta que me dio el susto de mi vida.

— Tranquila, no pasa nada. Soy yo, tranquila.

— ¿Qué haces aquí Jay?

— Me gusta verte dormir ¿Sabías que roncas un poco?

— ¿Me has visto dormir otras veces?

— Sí, algunas.

— Antes de secuestrarme ¿Entrabas a mi habitación para verme dormir?

— Sí. 

— ¿Por qué? — Me levanto de la cama.

— Te ves muy linda mientras duermes, aunque no lo creas tienes el sueño pesado, una vez tiré un lapicero de tu escritorio y ni siquiera te diste cuenta.

— No quiero que vuelvas a entrar a mi habitación.

— ¿No quieres que entre aquí?

— A mi habitación, en mi casa.

— ¿De qué hablas? Esta es tu casa, esta es tú habitación. — En su tono de voz noto que está molesto. — Quizás te refieres a tu habitación en casa de tus padres.

— Sabes a que me refiero. Esta no es mi casa Jay, es la tuya y ya no quiero estar aquí. — Digo sumamente molesta arrojándole la lampara sobre la mesa de noche.

Él logra atraparla, la pone sobre el escritorio antes de mirarme de nuevo, la furia en sus ojos es notoria.

— ¿Qué es lo que quieres entonces? ¿Eh? ¿Voy y asesino a toda tu familia para que todo lo que te quede sea yo y así me ames? ¿Eso es lo que quieres? ¿Por qué no entiendes que te amo? — Me toma por los hombros y me agita levemente, intenta controlarse para no lastimarme. — Todo esto lo hice por ti, para que ya no sufrieras con tu familia y con aquellos que dicen ser tus amigos.

— ¿Tú me amas? — Le doy un leve empujón haciendo que dé un paso hacia atrás. — Si me amaras no me tendrías aquí encerrada, me tuviste atada y luego me encadenaste ¿Es eso amor para ti?

— Amor es no soportar ver que te quiebras en pedazos, rescatarte de todo ese dolor que sentías con esas personas, te traje aquí porque aquí puedo hacerte feliz y cuidarte como tú lo mereces.

— Yo no te pedí esto Jay, no pedí nada de esto.

— Nunca lo dijiste, pero por dentro lo gritabas, querías escapar de todo lo que te hacia daño ¿Recuerdas esa intoxicación de medicamentos por la que fuiste internada en el hospital?

— Eso fue un accidente. — Miro hacia el suelo muy nerviosa.

— ¿Tomaste por equivocación veinte píldoras para dormir? — Dice molesto.

— No, solo olvidé que había tomado tres y luego volví a tomar otras tres.

— Eso pudieron creerlo en el hospital y tus padres, pero yo no, yo sé que querías acabar con tu vida por que eras muy infeliz, ese día decidí que yo iba a cuidarte, ese día inicio mi plan para sacarte de ese lugar en el que te encontrabas.

— Eso fue hace casi dos años, el tiempo suficiente para planearlo y lograr hacer todo esto. — Señalo la habitación.

— También tuve tiempo para practicar.

— ¿Tienes secuestrada a otra chica?

— Tuve un par, pero ninguna como tú, ni siquiera me gustaban, solo quería practicar para este momento.

— ¿Cuál momento?

— Tenerte aquí conmigo ¿Sabes? Ellas me enseñaron muchas cosas, como por ejemplo jamás debes dejar algo afilado cerca, ni siquiera cosas a las que puedan afilar como un cepillo de dientes.

— ¿Cuantas chicas fueron Jay? — Pregunto entre dientes

— Tampoco debes darles pollo con huesos, una vez una de ellas afiló un hueso e intentó apuñalarme ¿Puedes creerlo?

— ¿Cuantas fueron? — Digo más fuerte esta vez.

Se que me escuchó la primera vez, pero evadió la pregunta, Jay me ve muy serio, sus ojos de repente se ven muy oscuros, no hay nada de vida en ellos. De pronto mis piernas se sienten como gelatina ¿A caso es miedo? Si, eso debe ser, tengo mucho miedo de Jay, de cómo me está observando, creo que está recordando también todo lo que hizo.

— Cuatro. — Dice de pronto sin emoción alguna.

— ¿Las asesinaste?

— Sí. — Dice fríamente. — Cuando dejaron de ser útiles y comenzaron a ser un estorbo.

— ¿Vas a matarme como a ellas?

— No. Nunca podría lastimarte, a menos de que me obligues a hacerlo.

— ¿Qué me asegura que no vas a querer asesinarme como a ellas?

— Te amo y solo quiero cuidar de ti.

— Así que... ¿Solo quieres cuidar de mí? Teniéndome encerrada.

— Si Dekeam, ese fue el punto de traerte aquí, quiero protegerte y que seas solo mía para siempre.



Daniela Berkel

#102 en Thriller
#48 en Misterio
#42 en Suspenso

En el texto hay: misterio, secuestro, acosador

Editado: 18.10.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar