Oscura Obsesión

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Capítulo 1

Dekeam

Despierto, no veo nada ¿Estoy ciega? ¿Qué pasa? No puedo mover mis brazos ¿Estoy atada? Intento gritar, pero el sonido no sale de mi boca, tengo algo en la boca ¿Mis pies? Mis pies están atados también ¿Qué es esto? ¿Qué pasa? Si es una broma no es graciosa. Intento sentarme, pero no puedo mantener el equilibrio. ¿Por qué me pasa esto? Solo quiero irme a casa. 
No recuerdo nada. ¿Cómo llegue aquí? Intento no llorar, pero es imposible.

Me quedo quieta para intentar pensar en algo. ¿Cómo llegué aquí? Lo último que recuerdo es estar en mi casa preparándome para ir a la fiesta de Krysna.

Luego de varios intentos logro sentarme, me muevo un poco hacía atrás y siento algo, creo que es un muro. Me quedo paralizada por un momento, luego hago lo que puedo para intentar liberarme, intento escupir lo que está dentro de mi boca, pero es inútil, todo mi esfuerzo es en vano. 
Las manos me duelen, creo que me hice daño al intentar liberarme.

Escucho pasos cada vez más cerca, se detienen por un segundo y luego los escucho de nuevo, pero esta vez alejándose.

Siento el miedo recorrer todo mi cuerpo, mi corazón late muy rápido, mi respiración se agita y comienzo a llorar.
¿Por qué me está sucediendo esto a mí? ¿Qué hice mal? Solo quiero salir de aquí.

Volteo mi cabeza hacía todos lados, pero no puedo distinguir nada todo está oscuro, sólo veo una línea de luz proveniente de afuera, asumo que es la puerta, pero no quiero acercarme a ella.

Intento liberarme de nuevo, pero es imposible, creo que estoy atada con una soga, las muñecas me duelen mucho, creo que abrí un poco más mis heridas.

Intento gritar, pero apenas se logra escuchar un quejido.
Comienzo a pegarle al piso con mis pies y se escucha un estruendo enorme. 
La puerta se abre de golpe, hay un hombre justo en la puerta mirándome, no logro distinguir su rostro, pero parece que trae puesta una máscara.

— ¿Podrías callarte? Si escucho de nuevo que le pegas al piso te mueres ¿Entendiste? — Dice el sujeto muy molesto.

Por la mordaza no puedo hablar así que solo dejo escapar un "mjm" para que sepa que he entendido.

— Buena chica. Encenderé la luz para ti cariño. — La luz se enciende de repente, siento un enorme malestar en los ojos, los abro poco a poco mientras me acostumbro a la luz, cuando finalmente lo logro veo mis manos, tienen un poco de sangre, veo mis pies los cuales están atados como lo imaginé, miro a mi alrededor y veo mi habitación.

¿Qué es todo esto? ¿Estoy en mi casa? Si es así ¿Qué han hecho con mis padres? Me pongo de pie como puedo y veo todo con más detenimiento.

— Esta no es mi habitación. — Pienso.

Mi habitación tiene una ventana, y definitivamente no tiene dos puertas ¿Qué es esto? ¿Qué está pasando aquí?

Doy pequeños saltos apoyándome en la pared para llegar hasta la mesa de noche junto a la cama, me pongo de rodillas y con dificultad abro la gaveta, dentro hay un cuaderno, un lápiz morado, una bolsa con chocolates y un estuche de maquillaje, todo es idéntico a lo que tengo en mi habitación ¿Cómo es posible que todo esto llegase aquí? 
Tomo el cuaderno, pero se me resbala y cae al suelo, me siento en el suelo, abro el cuaderno y lo leo, todo lo que está escrito aquí es lo mismo que escribí en mi diario, solo que la letra es un poco distinta a la mía. 
Se escuchan unos pasos y la puerta se abre.

— ¿Que te dije sobre pegarle al suelo? —Hace una pausa y me ve. — ¿Quieres escribir en tu diario? Solo tenías que pedirlo. — Dice en un tono más dulce.

Asiento con la cabeza, el sujeto se acerca a mí y saca una navaja de su bolsillo, corta la soga que ata mis pies y luego la de mis manos.

— Te hiciste daño. — No puedo ver el rostro del hombre por la máscara, pero suena a que está muy preocupado. — No te quites la mordaza de la boca aún, voy a ir por algo para curarte las heridas. — El hombre se levanta y se va, cerrando la puerta detrás de él.

Veo mis muñecas, por alguna razón me duelen cada vez más, me pongo de pie, me cuesta mantener el equilibrio, me apoyo en la pared, camino hacia la cama, me siento en el borde, justo en ese momento entra el sujeto de nuevo.

— Buena chica. — Dice en un tono de voz amable y calmado. — Dame tus manos.

Estiro mis manos y el sujeto toma una de ellas, llena un algodón con alcohol y me ve a los ojos.

— No voy a mentir, esto va a doler.

El sujeto comienza a limpiar la herida y tenía razón, esto duele demasiado, reprimo mis gritos de dolor un poco para que el sujeto no se moleste, toma mi otra mano y comienza a limpiarla con otro algodón, está vez no duele tanto por lo que no hago ni un solo ruido.

— Listo, eso era todo, ahora solo pondré estas vendas en tus muñecas. — Dice mientras abre el paquete de la venda.

Coloca la primera venda, pone un poco de Micropore para detenerla en su lugar, coloca la segunda venda haciendo lo mismo.



Daniela Berkel

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En el texto hay: misterio, secuestro, acosador

Editado: 18.10.2019

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