Oscura Obsesión (corazones Oscuros #1)

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Capítulo II

"Blanco como la nieve a la mitad del invierno"

Annelisse observó con una sonrisa posada en sus rosados labios como sus hermanos mayores jugaban entre si con un balón; observó a su padre besando cada pocos minutos a su madre, besos delicados y breves pero cargados de amor; observó su alrededor, los altos árboles, la variedad de animales, la belleza escondida en medio del bosque.

La curiosidad le entró de repente ¿Podría alguien vivir en medio de tal armoniosa belleza del mundo? ¿Alejado o alejada del pueblo? ¿Solo?

Consideró sus pensamientos por un instante y notó que para ella sería mágico vivir rodeada de tal majestuosidad.

Pero, tristemente, su futuro ya estaba planeado. Se casaría con algún hombre adinerado, tendría a sus hijos y los cuidaría. Aprendería a amar a cualquier desconocido con tal de hacer sentir orgullosos y felices a sus padres.

Suspiró posando una de sus delicadas manos sobre el vivido verde del césped. Acarició la maleza mientras sopesaba lo que le depararía su futuro, ella daría cualquier cosa por cambiarlo.

Estaba dispuesta a dar su vida para cambiar el destino que ya estaba escrito.

Por el rabillo de su ojo, captó un casi imperceptible movimiento. Giró su cabeza vertiginosamente vislumbrando un gato mientras este desaparecía en el bosque boreal.

Anonadada por aquel bello animal de pelaje negro azabache, se levantó y sacudió su vestido, se sentía atraída por el paradero del gato y si tendría un dueño... O dueña.

Además, intrigada por aquel valiente que viviera solo en la inmensidad del frondoso bosque... A menos que buscara ocultar algo.

Sacudió su cabeza ante la ridiculez de ese pensamiento. Dándole una última mirada a sus familiares, sus hermanos ni siquiera le prestaban atención y sus padres estaban enfrascados en la mirada del otro, sonrió y desapareció entre dos altos árboles, perdiéndose de la vista.

Annelisse caminó con cuidado, en el suelo habían retorcidas raíces gruesas de árboles que debían ser mucho más antiguos que sus padres, por su altura y grosor. Aún así, también habían árboles jóvenes, apenas creciendo.

Mientras avanzaba adentrándose entre plantas desconocidas para ella, logró ver aves de colores atrayentes, conejos escabulléndose en sus madrigueras cuando se acercaba. Por un segundo, se sintió libre, un peso invisible se levantó de sus hombros e inhaló el inmaculado aire no contaminado. Puro.

Una brillante sonrisa se extendió en sus labios y cerró los ojos por un instante, perdiéndose a si misma. Cuando los abrió, ante ella, posado grácilmente en una rama, observándola con inquietantes ojos verdes, estaba el gato.

Ella se acercó con pasos titubeantes, las hojas crujieron bajo sus pisadas y el gato pareció entrecerrar los ojos en su dirección, una advertencia silenciosa para que no se acercara.

Pero, Annelisse era testaruda, así que, alzó su delgada mano y el gato se crispó, soltando un pequeño rugido, saltó de una rama a otra, perdiéndose de su vista.

Annelisse molesta con aquel irritante felino, salió en su persecución, corrió tras el gato, tratando de no perderlo de vista, pero el animal era ágil, no tardo en desaparecer totalmente.

Ella soltó un bufido, aquel sonido nada femenino llegó a sus oídos y se estremeció. Frunció el ceño molesta con el gato y siguió caminando, sólo pasaron un par de segundos, hasta que los árboles dieron paso a un gran espacio iluminado por los rayos del sol, el cantar de las aves y el revolotear de las mariposas hacia acto de presencia mientras un imponente castillo medieval se alzaba en medio del lugar.

Su boca se abrió. Las enredaderas subían por los costados del castillo y cubrían las ventanas más bajas, seguramente, no estaba habitado. La curiosidad de Annelisse aumentaba por minuto, quería entrar y ver por si misma cada estancia del castillo.

La majestuosidad atraía a simple vista ¿Cómo puede estar aquí sin ser descubierto? Estaba oculto tras un millar de árboles, en medio de dos grandes montañas.

Annelisse caminó hacia el gran portón de la entrada, tocó y logró escuchar el retumbar del sonido en el interior. Espero unos segundos, por precaución, pero luego, empujó la puerta, para su sorpresa, esta se abrió sin problemas.



Mélia Àngelier

Editado: 25.05.2018

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