Oscuridad de lobos

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Capítulo 4:

Era yo. Era yo. Era yo.

Las palabras se repetían una y otra vez en mi mente. Por culpa de las malditas brujas todo había cambiado.

Ellas me persiguieron hasta la espesura del bosque, donde nadie escucharía mis gritos, me acorralaron, y aun así no me hicieron daño. No físicamente. ¡Arruinaron mi vida! Me separaron de mi manada, me obligaron a dormir por años.

Todo estaba perdido para mí... tal vez su objetivo era que nunca despertara y todos siguieran siendo felices. Yo no debía estar aquí. Yo no debía seguir con vida... yo, solo debía morir.

Me levante de la silla y abandone el despacho de Liana. La morena me siguió gritando que me detuviera, pero no lo hice. Necesitaba acabar con todo esto de una buena vez por todas.

Entre en la habitación donde dormía y cerré la puerta con seguro. Desesperado busque con la mirada algún objeto capaz de matarme, pero no había ninguno.

¡Joder!

¡¿Porqué?! ¡¿Porqué a mí?! ¿Que hice para merecer toda esta basura?

Estaba atrapado. Sin salida alguna. No tenía escapatoria al infierno en el que me encontraba.

¿Que debía hacer?... no poseía algo con lo que suicidarme... podría caer desde la ultima planta de la mansión al vacío, y aun así no moriría. Mis heridas sanarían con el pasar de los días.... podía intentar ahogarme pero mis pulmones resistirían... ¡Maldita sea!

Mis ojos cristalizarón pequeñas gotas empañando mi vista, reprimí las intensas ganas que tenía por llorar. No lloraría. Debía ser fuerte.

Escuche pasos apresurados provenientes del pasillo, acompañados de respiraciones aceleradas. Pronto la puerta fue abierta de golpe, chocando con la pared a su paso.

Tres pares de ojos me observaban fijamente.

—¡¿Que diablos ocurre contigo?! —expreso una alterada Maddison

La mire fijamente con rostro neutro, no permitiría que ella tuviera control alguno sobre mi. Así lo había decidido en el instante en que rechazó.

Enfurecida por mi acto hizo un ademán para que Liana y el vampiro se marcharan, dejándonos solos. La puerta se cerró tras ellos y fue la señal para empezar a hablar.

—Voy a irme. Mañana por la mañana ya no estaré aquí. —hablé con tono firme encarandola.

—¡No puedes irte!

—Es mi vida, puedo hacer lo que me plazca. —espeté irritado ante su comportamiento.

—¡Morirás allá fuera! No sabes nada sobre el futuro...

—¿Qué acaso te importo? ¡¿Porque no me dejas en paz de una vez?! Eso es lo que querías cuando te enteraste de que soy tu mate. Da igual si muero Maddison, tu seguirás con tu vida.

—No vas a irte, escuchame bien Mathias, porque no lo repetiré dos veces. Tu. Te. Quedas. No sobrevivirás un día allá fuera, ahora vives aquí y eres mi responsabilidad. No voy a permitir que algo te pase.

—¿Porque lo haces? —pregunte intrigado, hace tan solo una hora me odiaba por maltratar a su amigo el vampiro.

—Ya te lo dije, eres mi responsabilidad ahora —y aunque me lo esperaba, de igual forma su respuesta dolió.

—Puedes mandar a tu manada, pero a mí no. Me iré te guste o no —respondí indignado, necesitaba respirar, alejarme de ella... salí de la habitación y corrí en dirección al jardín que conectaba con el bosque; podía escuchar sus gritos y pisadas pero aún así no me detuve.

Maddison era la causante de mi dolor, de mi agonía... pero, también era la causante de mi diminuta alegría.

La amaba y a la vez odiaba por hacerme daño. Era una mezcla de sentimientos tan extraña. Tan confusa y envolvente, que quería sentir más.

 

 

 

¡Feliz navidad! Gracias por el apoyo que le estan dando a la obra. No puedo escribir😆 mucho, solo quiero desearles una feliz noche buena, y que disfruten con las personas que aman. Se les quiere.

Att: sophiaG_lanerd05



SophiaG

Editado: 24.01.2019

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