¡oye vecino, esa es mi ropa interior!

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CAPÍTULO 5.

El apartamento de Nate estaba más ordenado de lo que pensaba. Siempre había pensado que era el típico chico que dejaba su ropa interior regada por todos lados y los platos por semanas en el lavaplatos. Incluso podría decir que estaba más lindo que el mío y eso, es difícil. No me culpen, su aspecto era descuidado y muchas veces podría jurar que veía manchas de comida en la ropa con la que asistía a las reuniones, pero definitivamente esto me enseñaba que no debía juzgar. Drew se vestía muy bien y su apartamento era un desastre, Nate se vestía muy mal y su apartamento estaba inmaculado. Como es la vida ¿no?

— No te despegues del piso, Kelsey. —Gruñi al ver que hacía el amago de levantarse. Sin embargo no me escucho y lo hizo.

— ¿Crees que podremos escuchar algo con vasos pegados al piso? —Cuestiono.

— Si. —Contestaron Drew y Nate al unísono con los vasos pegados al piso, muy concentrados en su tarea. Los señale y Kelsey blanqueo los ojos.

— Ridículo, simplemente ridiculo. —Refunfuño Kelsey volviendo a su tarea.

— ¿Aún está viendo su novela? —Repetí la acción de Kelsey. Al escuchar los diálogos dramáticos y como Clemencia le gritaba a todo pulmón a la televisión "No Pablo, ella te engaña" No necesite una respuesta.

— Creo que debemos tomarnos un descanso. La gata no acaba hasta las cuatro cuarenta y cinco. —Nate se desplazó unos centímetros intentando escuchar algo más y se incorporó dejando el vaso.

Si, es lo que piensan, estamos escuchando a través del piso con vasos.

Luego de descubrir que Clemencia tenía una de mi bragas, por supuesto comimos nuestra pizza, volvimos al apartamento y no dormí en toda la noche intentando crear un plan que funcionará para descubrir porque una señora de setenta años tenía mis bragas. ¿Y si las está usando? Nate quien era su vecino, relativamente, era mi amigo— El me dio azúcar, yo le di azúcar — Por lo que decidí venir a contarle e inmediatamente acepto.

— Entonces, Nate...—Hablo Drew mientras jugaba con el vaso— ¿Cómo se te ocurrió esto? Porque no es algo que se te ocurra de buenas a primeras.

Nate nos miro y suspiro— Lo hago seguido.

— No me digas que te gusta. —Comentó con horror Kelsey mientras fingió arcadas.

— ¡No, por dios! —Se apresuró a responder para evitar mal entendidos— Hace poco me organizo una cita con su nieta, y no he vuelto a saber de ella.

— ¿Entonces la espias para saber si gusta de ti? —Pregunté con temor a su respuesta. Asintió y la habitación se quedó en silencio.

— ¡Eso es genial, hermano! —Drew le dio una cuantas palmadas en señal de apoyo rompiendo el incómodo silencio que se había formado. Kelsey y yo nos miramos horrorizadas.

— Eso es totalmente horrible. —Leyó mis pensamientos Kelsey y no tuvo problemas en decirlos en voz alta. Nate, quien sonreia por el apoyo de Drew, nos miro y vio nuestra expresión sería.

— ¿No crees que es mejor preguntarle que espiar? —Intente explicar mi punto sin sonar mal.

— Es raro que la espies. —Kelsey se acercó y ahora ella comenzó a explicar su punto— ¿Y si la escuchas mientras está en el baño? Ya sabes, ese momento cuando todos somos trompetas.

— Evitó hacerlo. —Murmuró apenado.

— ¿Dices que ya la has escuchado? —Kelsey abrió sus ojos espantada. Mire a Drew quien intentaba contener la risa. No podía creer que ahora habláramos de las flatulencias de la nieta de la vecina roba bragas.

— Sólo fue una vez. —Se excusó. Pobre chico, estaba rojo de la vergüenza.

— ¿Es ruidosa? —Rompí en carcajadas por el comentario fue de lugar que, tradicionalmente, Kels tenía que hacer. Nate asintió y Drew era que se partía en risa ahora— Bien, al menos habrá algo que te mantenga despierto toda la noche, y no me refiero al sexo. —Kelsey golpeó su hombro ligeramente y Nate se sonrojo. 

También es más tímido de lo que creía.

Veamos si la señora aún sigue viendo la gata. —Drew colocó el vaso en el piso y con eso su oreja— Chicos, no escucho na...

Ding dong.

Nos miramos intentando descifrar quien podría ser.

Drew se adelanto y se levantó. Con las mismas que abrió la puerta, cerró.— ¡Es ella, vayan a la habitación!

Los tres nos levantamos y comenzamos a correr hacía donde nos indicó Nate. Cerramos la puerta y colocamos nuestros oídos sobre ella para escuchar lo que decía clemencia.

¿Pero qué hacía alli?

— Niño Nate, ¿Cómo estás?  —Se escucharon los dos ruidosos besos que dejó en las mejillas de nuestro cómplice. Casi podía imaginar la expresión incómoda del castaño.



AvaCorallend

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En el texto hay: amor, chico malo, chica buena

Editado: 03.01.2019

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