Papi, estoy de regreso |sueños oscuros #1|

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3º Fantasmas

El dulce aroma de café con leche inundó el hogar cuando el sol ingresó por las ventanas, tiñendo el suelo y las paredes de cálidos tonos naranja y amarillo. Valeria se encontraba sola en la cocina preparando el desayuno, prestando poca atención al ruido producido por el programa matutino que se veía en la televisión.

Cada movimiento que la mujer realizaba de aquí para allá en la cocina, cortando, batiendo, asando y demás, era captado con perturbadora atención por un hombre que vestía una capucha negra. El padre de Jenny.

Y entonces, cuando Valeria se giró hacia la ventana para abrirla y dejar escapar un poco del humo que se acumuló de la estufa, el hombre desapareció sin más.

—¡Víctor! —gritó Valeria desde las escaleras a su hijo mayor, quien no tardó en atender el llamado de su madre—. Despierta a Susy, cariño. Es hora de desayunar.

Así pues, el joven salió de su habitación y se dirigió a la de su hermana menor. Tocó con suavidad a la puerta y esperó por una respuesta que jamás llegó. Ante tal hecho, Víctor giró la manecilla para después abrirse paso e ingresar en la oscura habitación.

Cuando algunos rayos de luz entraron al lugar, iluminaron la silueta de Susy, permitiendo al joven presenciar una escena no sólo escalofriante sino también extraña.

Susy estaba ahí, sí, pero no se encontraba sobre su cama, ni mucho menos dormida.

La pequeña estaba justo a la mitad de la habitación, levitando, con la cabeza echa hacia atrás y los ojos totalmente blancos. Tenía la boca abierta, mientras que de ella emanaba una especie de polvo negro que parecía esparcirse por la habitación.

A su alrededor, podían distinguirse cinco siluetas de color blanco, sin rostro; todas tenían las manos huesudas, además de apariencias grotescas. Las tres siluetas más pequeñas no despertaron ningún interés en Víctor, pues estaba acostumbrado a mirarlos caminar todo el tiempo por la casa. Sin embargo, las dos siluetas más grandes sí que despertaron en él una fuerte señal de alerta, ya que jamás las había visto.

El ambiente que llenaba la habitación era tan helado, que incluso emanaba humo del aliento del joven cada vez que exhalaba, y la piel había comenzado a coloreársele de un tono azul.

Víctor formó una expresión seria antes de entrar por completo en el cuarto y cerrar la puerta tras de sí. Observó con detenimiento a cada uno de los seres que sostenían el cuerpo de su hermana, analizándolos con detenimiento.

En realidad, ninguno poseía una apariencia que le resultara inquietante, pero no podía quedarse tranquilo con tan pocas sospechas, así que afinó su olfato lo más que pudo, luchando por detectar aunque fuese el más mínimo aroma pestilente pero no, el lugar estaba inundado de un fuerte olor a canela.

No había duda alguna de que esos seres estaban muertos, pero ninguno era maligno.

—¿Están buscando ayuda? —preguntó en un susurro Víctor a las dos siluetas más grandes, quienes poseían apariencia femenina. No recibió respuesta de ninguno de los entes, así que optó por acercarse un poco más antes de volver a hablar—: Yo puedo ayudarlas, pero dejen a mi hermana. Aún es muy pequeña.

Ante tales palabras, uno de los seres se alejó de la niña y se acercó a él, ondeando el largo velo blanco que se extendía desde su cabeza hasta sus pies. Posó sus cadavéricas manos sobre los hombros de Víctor y aproximó su rostro hasta la oreja de él.

Aunque estaba más acostumbrado a todas estas situaciones de lo que en realidad le gustaría estarlo, le fue inevitable sentir cómo un escalofrío poderoso le recorría por la columna vertebral, erizándole cada vello del cuerpo y haciendo a su corazón golpetear con fuerza dentro de su tórax.

No sentía miedo, pero podía percibir a la muerte misma acariciando su piel.

Víctor prestó toda la atención que pudo a las cuidadosas palabras que el fantasma le susurraba. Cuando ella terminó de hablarle se apartó y lo miró con ojos fríos pero que transmitían un intenso dolor.

El joven hizo un asentimiento de cabeza tras prometer que haría todo lo que pudiese por ayudarlas.

Después, cuando la segunda mujer fantasma se alejó de Susy, fue el turno de Víctor para acercarse a ella. Con cuidado colocó su mano izquierda en la espalda de su hermana, mientras su mano derecha se encargaba de acariciarle el rostro y cerrarle los ojos.

—Es tiempo de volver —le dijo al oído el joven, preparándose para sostener su cuerpo cuando ella regresara al mundo de los vivos—. Despierta, Susana.



Kim Pantaleón

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En el texto hay: drama y misterio, muertes tragicas, enfermedades mentales

Editado: 22.02.2018

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