Papi, estoy de regreso |sueños oscuros #1|

Tamaño de fuente: - +

6° La despedida de Víctor

—¡Por Dios, Víctor! ¿Canela? Eso fue demasiado. Estoy harto de este jueguito entre ustedes dos. Puedo soportar a sus amigos imaginarios ¡pero anoche parecía una loca!

—Susy no está loca, papá.

—¿¡Entonces qué fue eso!?

—Ya te dije que no le gusta el olor. Es todo.

—¿¡No gustarle, Víctor!? ¡La niña estaba muerta de miedo porque olías así! ¡Dime, maldita sea!

—¡Deja de gritarme! Te escucho perfectamente con tu volumen normal de voz. Además con esa actitud no vas a conseguir nada.

—No me vengas con tus sermones de telenovela barata, y mejor dime qué está ocurriendo.

—¿Quieres saber lo que ocurre? Te diré qué mierda ocurre. Desde que Jennifer murió hay una bestia del averno persiguiendo a Susy para hacerle no sé qué cosa, y como no voy a permitir que le haga nada, me hizo oler a canela. Eso es un mal augurio. Significa que...

—¡Víctor! ¿Realmente esperas que me crea eso? A mí no me asustas con tus estúpidas historias de fantasmas. NO existen, Víctor. ¡NO!

—¡Si de todas formas vas a juzgarme de loco entonces no deberías preguntar! Ahora vete de mi cuarto. Ve a refugiarte en tu oficina, como siempre...

Alan empuñó las manos y apretó la mandíbula con ira. Después se dio la media vuelta y salió de la habitación, cerrando con un fuerte portazo que lastimó los oídos de Víctor. Era más que claro que el hombre se había enfurecido por las palabras de su hijo, pero a esas alturas, era algo que a Víctor no podía importarle menos.

Se levantó de la cama y caminó arrastrando los pies hasta el baño, donde se dedicó a lavarse los dientes, peinarse y en general, a alistarse para salir.

De cierta forma, no podía evitar que su espíritu estuviese lleno de culpa.

La relación que llevaba con Alan era complicada en muchos aspectos, pues aunque ambos podían llevarse muy bien y convivir como los mejores amigos, también peleaban demasiado. Principalmente, a causa de Susy.

Alan era un hombre de mente cerrada, cuyas creencias no iban más allá de lo que le habían enseñado. De aquello que podía ver y sentir. Todo lo demás, ante sus ojos, no existía.

Y era eso lo que en tantas ocasiones desencadenaba pleitos entre ellos, pues Víctor —cuya habilidad se había desarrollado desde que era pequeño—, podía ver, oír y sentir todas aquellas cosas en las que su padre jamás creyó.

Durante muchos años, mientras crecía, Víctor se había sentido como un fenómeno. Era diferente a los demás niños, viviendo atrapado en un mundo lleno de seres con aspectos aterradores. Creció sintiéndose perdido. No sabía quién era él, ni mucho menos porque todos esos seres lo acosaban para pedirle ayuda.

Incluso llegó a sentir que quizá, él era un augurio de muerte.

Y entonces, cuando no podía encontrarse más sumido en la soledad, tres dulces palabras llegaron a sus oídos: «tendrás un hermanito» le dijo Valeria, cuando el niño tenía apenas once años.

Víctor miró día a día crecer el estómago de su mamá, repitiéndose todos los días si él sería un buen hermano mayor.

Temía que sus habilidades afectaran a su nuevo hermano, o que este lo creyera loco cuando tuviese edad para entender. Estaba asustado por lo que le aguardaría de ahí en adelante, y aun así, no hubo día en que no le jurase al pequeño que lo cuidaría sin importar nada.

El día en que Víctor cumplió doce años, Valeria le contó que el bebé que esperaba era una niña, y una sensación cálida nació dentro del corazón del niño.

Ahora tendría a una princesita a la cual cuidar, fue lo primero que pensó. Pero lo que ocurrió después, marcó su vida para siempre...

La tarde en que aquello ocurrió, tenía casi dos horas de haber regresado de la escuela. Víctor se acercó a hurtadillas a su durmiente y agotada madre para hablarle a su hermanita, pues le apenaba un poco que Valeria lo viese hablándose a su barriga.

Mientras estaba ahí con ella, acariciándola, le dijo lo mucho que la querría siempre sin importa nada. Le dijo que la protegería y la amaría sobre todas las cosas. Para su sorpresa, sus palabras de verdad fueron escuchadas por su hermana, y Susy —desde el vientre de su madre— le respondió con un suave «yo también te quiero».

Al principio volvió a creerse un loco, pero cuando la diminuta mano de Susy se dibujó por un costado del vientre de Valeria, supo que no era así.

Sin esperarlo, sin planearlo, sin desearlo, entendió que fue su propia habilidad lo que hizo que pudiese escuchar a su hermanita ese día. Él podía oír a las almas hablar, y ahí lo comprobó. Entendió que él no era un fenómeno, sino alguien con habilidades especiales.

Entendió entonces que su propósito en la vida, sería el de cuidar a Susy. Le costara, lo que le costara.



Kim Pantaleón

#820 en Terror
#3749 en Thriller
#1649 en Suspenso

En el texto hay: drama y misterio, muertes tragicas, enfermedades mentales

Editado: 22.02.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar