Para siempre es mucho tiempo (para siempre 1)

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Capítulo 1

CINCO AÑOS DESPUÉS

Apenas pongo un pie fuera de casa, me entran ganas de regresar mis pasos, acostarme en mi cama, esconder la cabeza entre las mantas y rogar porque el tiempo regrese. Sí, eso estaría bien.

Casi puedo ver a Jake pasando por mi casa para ir juntos a esperar el autobús de la escuela. Casi… pero no hoy. Me pregunto si ya sabe que he vuelto, si conoce las razones por las que me fui y más importante por qué volví.

Bajo los cinco escalones, llego a la acera y observo hacia ambos lados de la calle, pero no hay señal de él. Tal vez es mejor, no sabría qué decirle, cómo explicar mi silencio durante todos estos años.

Comienzo a caminar de nuevo mirando al suelo y me doy cuenta de que tengo unas zapatillas muy parecidas a las que usaba el día que me fui hace 5 años. Cuántas cosas han cambiado desde ese entonces.

Levanto la vista al cielo esperando encontrar el consuelo que tanto me falta. Es un día agradable en Nueva York, con cielos despejados y personas de buen humor; por lo menos eso me parece a mí, ya que contrastan con mi sombría presencia. No siempre fue así, mi color favorito solía ser el amarillo. Me recordaba los días de sol. Por esa razón lo usaba mucho en invierno.

No sé qué me espera hoy, pero allá voy. No puede ser tan malo ¿cierto? Comenzar la secundaria sin ningún amigo. Tal vez Jake esté allí y me odie. Sí, será genial. Lo que toda adolescente espera. Bueno, no.

Me concentro en el sonido de las suelas de mis zapatillas chocando contra el piso, en mi respiración intermitente, en las sombras proyectadas de las personas que cruzan por mi lado, en los pequeños insectos que me encuentro en cada pequeño rincón. Sí, será un día genial. Lo repito como un mantra.

Estoy tan concentrada que cuando algún estúpido toca la bocina de su auto demasiado cerca de mí, puedo verme a mí misma saltar por los aires, como un gato al destapar una lata de gusanos. Maldigo por lo bajo acordándome de todos sus ancestros y descendencia, pero al final vuelvo la vista al frente y todo el aire abandona mis pulmones. Es él.

Jake está en la parada del autobús mirando hacia al frente. ¿Dónde están mis mantas cuando las necesito? Disminuyo la velocidad de mis pasos sin tener idea de lo que diré cuando llegue a su lado. Está solo, agarrando fuertemente las correas de su mochila cerca de su pecho. Luego baja la mirada y, sin saber cómo, estoy al fin a su izquierda. Vuelvo a tener un año de edad y estoy aprendiendo a volver a hablar aquí, espero que aún quede algo de mi mejor amigo en él.

Trago la pelota de tenis que atraviesa mi garganta y levanto la mirada. Es ahora o nunca.

—Ho… la —sale entrecortado y apenas audible, pero es lo mejor que tengo y sé que lo escucha porque levanta la mirada y veo algo en sus ojos que no consigo descifrar. ¿Dolor?

Espera demasiado en responder y por un momento creo que no lo hará.

—Hola —me saluda al fin y enseguida vuelve a su antigua posición, como si hubiera mirado directamente al sol.

Genial, esa era mi mejor línea y estoy sin material. Hora de la improvisación.

—Estás… grande…

¿En serio? ¿Acabo de decir que está grande? Casi lo puedo escuchar responder: claro, tonta, te fuiste por cinco malditos años, claro que estoy grande. El tiempo no se detuvo para mí.

—Sí, supongo —me vuelve a mirar un par de segundos estudiando no solo mi rostro, también mi cuerpo pero no me incomoda—. Tú también has cambiado.

—Sí, supongo —repito sus palabras como solíamos hacer cuando éramos niños esperando que suene gracioso, pero sólo logra forzar una sonrisa fingida en sus labios.

—No sabía que volverías —habla en un tono plano.

—Regresé hace como una semana —confieso e inmediatamente sus ojos disparan furia contra mí, pero sabe recomponerse y disimularlo muy bien.

Sé lo que pasa por su mente. Volví hace una semana. Una semana que no lo he buscado.

—¿Te quedarás? —pregunta con algo que identifico como esperanza, pero no estoy segura.

—Sí…

Nos miramos en silencio unos segundos hasta que él desvía la mirada hacia algún punto detrás de mí.

—Ya viene el autobús —es lo único que dice y el momento íntimo se esfuma.

Subo primero y el miedo regresa, no conozco a ninguna de estas personas y casi todos los asientos están ocupados, ya que no estamos tan lejos de la escuela. Pienso por un momento pedirle a Jake que se siente conmigo, pero eso se derrumba en cuanto escucho una voz.



Patricia Morenz

Editado: 07.07.2019

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