Para siempre es mucho tiempo (para siempre 1)

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 14

—¿Piensas tener esa cara de cachorro atropellado todos los días? —pregunta mi tía en el desayuno.

—¿Cuál cara, tía? Solo me acabo de levantar —me excuso.

Es mi segundo día en Tampa y ya extraño a Jake. Sí, hablamos mucho por teléfono y nos mensajeamos cada cinco minutos. Pero aun así.

—Solo digo que si vas a estar triste, no hubieras venido —lo dice en broma o más bien como una burla.

—¡Ja, ja! Desde cuando eres tan graciosa.

—Debe de extrañar a su novio o a su pequeña hermana —interviene Kevin con la boca llena de cereales.

—Tú cállate, pequeña lagartija.

—A la apestosa no le gusta la verdad.

¿Pero que se cree el pequeño elemento este? Ni siquiera tiene derecho de hablarme así.

—Bueno, yo me voy a trabajar, ¿estás segura de que puedes con él?

—¡Oye, yo soy el hombre aquí! Yo la cuidaré a ella —replica mi primo.

—¡Oh, sí! ¡Protégeme de los dragones, gran caballero! —contesto dramáticamente. Mientras Kevin echa humo por las orejas, nosotras nos partimos de risa.

—Está bien —acepta tía—. Espero que cuando llegue aún estén completos. Los quiero, nos vemos.

Es extraño ser la mayor de la casa ahora. A la que dejan a cargo. Pero también se siente bien.

—¿Qué te parece si vamos a la playa después de terminar aquí? —pregunto.

—Sí, te hace falta un poco de sol. Casi me dejas ciego en cuanto te vi, estás más blanca que una camiseta de anuncio de detergente.

—¡Pero qué dices! ¿En serio? —sonríe.

—Sip.

Puedo ver sus pequeños cuernos sobre su cabeza y parece disfrutar burlarse de mí. Bueno, como siempre.

—Extraño mucho a la abuela… —admite, mientras estamos sentados en la arena, después de haber nadado un poco.

Nunca he hablado de esto con él a solas. Es verdad, él también perdió a su abuela y a su tía. Él y mi madre se llevaban súper bien. Tanto que a veces mi tía admitía estar celosa.

—Yo también la extraño mucho… —admito también.

—También extraño a mi tía Jane.

Me acerco más a él y paso mi brazo por su hombro atrayéndolo más a mí y abrazándolo.

—Yo también. No sabes cuánto.

—¿Crees que desde donde estén pueden vernos ahora? —cuestiona.

Miro la inmensidad del mar deseando tener la respuesta para esa pregunta.

—Espero que sí, Kevin. Sé que la abuela siempre te cuidará. Eres muy travieso, pero ella siempre te cuidaba y protegía. Eres su bebé. Estoy segura que ella encontrará la manera de seguir haciéndolo.

—Soñé con ellas, Lyn.

No me detengo a pensar que no me ha llamado apestosa y sólo lo miro con cariño.

—¿Quieres contarme? —asiente.

—Estaba justo aquí, hablando con ellas, riendo como si nada hubiera pasado.

Siento como su voz cambia volviéndose más inestable y dudosa.

—Me dijeron que siempre que mirara al mar podría escucharlas en las olas y verlas en las nubes o en la unión del cielo y el mar.

No me hace falta ver a Kevin para saber que ahora está llorando.

—Después se levantaron y caminamos hasta la orilla. Abuela dijo: no te metas en más problemas de los que puedas salir —ambos sonreímos entre lágrimas, sí, esa era abuela—. Yo puedo ayudarte, pero tienes que convertirte en un hombre y cuidar de tu madre y de tu prima.

Kevin se limpia con las manos ambos ojos. Yo apenas puedo tragar el nudo de emoción.

—Después habló tía Jane y me dijo: no le hagas caso a la abuela —ambos reímos de nuevo—. Aún eres un niño, solo se bueno de vez en cuando. Lyn no necesitará una niñera, pero sí un amigo. Ahora se tienen el uno al otro. Nosotros no estaremos lejos. Siempre los amaremos porque el amor es inmortal. Cerré los ojos un momento y cuando los abrí estaba solo en la playa y solo podía ver el horizonte y escuchar las olas. Y desperté. Corrí hasta aquí y podría jurar que podía sentirlas. ¿Crees que fue más que un sueño, Lyn?



Patricia Morenz

Editado: 07.07.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar