Para siempre es mucho tiempo (para siempre 1)

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Capítulo 34

Debí haber sido más inteligente. No dejar que una persona se convirtiera en todo mi mundo. Pero dejé que pasara y ahora debo construir un nuevo mundo para mí.

El día de la graduación estaba ansiosa, cada minuto esperaba que Jake apareciera, pero al igual que en el baile, nunca lo hizo.

Volví a mantener encendido mi teléfono porque él no volvió a llamar nunca más. Meryl habló durante la ceremonia y me parecía increíble lo segura que se mostraba a pesar de estar muerta de nervios, no parecía la chica frágil que conocí en el autobús, aunque al mismo tiempo seguía siendo ella. Me preguntaba si yo también había cambiado tanto y no me daba cuenta.

Observé detrás de mí a mi padre con Elena y Alice, orgullosos y con lágrimas en los ojos cuando recibí mi diploma. Me imaginé a mamá en algún lugar sonriendo y llorando de alegría, diciendo que ahora podía ser lo que yo quisiera. Tenía la certeza de que ella me observaba y levanté mi diploma al cielo por ella.

Apenas podía creer que se había acabado. La escuela. Jake. Meryl iría a un campamento de verano de pre medicina al que sus padres la inscribieron. Era aquí donde el camino se bifurcaba.

—No sé qué haré en Harvard sin ti, Joce —lloriquea mi amiga.

—Harás nuevos amigos y cumplirás tu sueño.

—Tengo tanto miedo —admite—. Estoy segura de que es lo que quiero, pero aun así no dejo de sentirlo.

—Lo sé. Yo también lo tengo.

—¿Estás segura de no ir a Stanford? No queda tan cerca de LA, si es por…

—No es por él. No del todo. Simplemente me siento mejor aquí. Quiero estar aquí.

Meryl se fue al día siguiente entre lágrimas. Prometimos estar en contacto y visitarnos. Me estaba quedando sola de nuevo.

Tendría que levantarme a mí misma y demostrarme que podía hacer mi camino a solas.

Miré mi dedo y vi el anillo de girasol. Tal vez no estaba tan sola, mamá estaba conmigo. Pero sabía lo que había debajo de él. No quería verlo, pero siempre estaría ahí.

Papá no se sorprendió de que no fuera a Stanford y que también rechazara la UCLA, me dio su comprensión en silencio, lo cual agradecí.

Decidí pasar gran parte del verano con tía Kerry, ella también respetó mis decisiones sin hacer muchas preguntas. Al llegar me contó que estaba saliendo con alguien hacia unos meses.

—¿Lyn? —pregunta Kevin una noche que nos quedamos solos—. ¿Cómo te sentiste cuando tu padre se volvió a casar?

Lo observo.

—Horrible. En realidad ni siquiera sé por qué. Él y mi madre se habían separado hace mucho. ¿Por qué preguntas?

—Creo que mi madre va en serio con Dave.

—¿Y tú te sientes mal por ello?

—En realidad sí, pero no tanto. Él la hace sonreír. Mamá está más feliz ahora.

—¿Qué sentirías si se llegaran a casar?

—No me gusta compartir a mi madre… pero creo que ella se merece ser feliz.

Creo que Kevin es más sabio que yo. Por lo menos más de lo que yo era a su edad. No sé cuándo maduró tanto, pero me alegro por él y por mi tía.

—¿Lyn? —vuelve a decir.

—Hmm —respondo.

—¿Tú terminaste con Jake o fue él? —me tenso—. Mamá dijo que no lo mencionara, pero necesito saberlo.

—¿Por qué quieres saber eso? —sonrío falsamente.

—Tengo que saber si hay que darle su merecido.

Sonrío de nuevo imaginando la escena.

—No tienes que hacer nada, Kevin. Pero gracias por ofrecerte a hacerlo.

—Pero no me respondiste —se queja.

—El amor es complicado —suspiro y me levanto para preparar la cena.

A pesar de que solo me iba a quedar un par de semanas, volví a mi trabajo. Era bueno ver a los chicos de nuevo. Les conté a todos mi separación para que no esperaran que Jake se apareciera por ahí. David me invitó a salir y yo quería aceptar, deseaba poder verlo con otros ojos, pero aún no podía y eso fue lo que le dije, él lo entendió.



Patricia Morenz

Editado: 07.07.2019

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