Paraíso En Llamas (libro 2)

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Capítulo 8

La gente corre de un lado a otro, gritando con horror.
Los edificios están en llamas. El olor a quemado inunda mis fosas nasales.
Estoy en medio de la calle, viendo todo a mi alrededor, veo como unos monstruos en forma de personas corren y gruñen como animales en busca de sus presas. Veo como la gente se asesina entre sí, no hay remordimiento en sus ojos, no hay compasión en sus actos.
Veo la sangre, el olor a podrido, siento pánico. Pero ¿Por qué no me estoy moviendo?
Me escondo detrás de un auto cuando una de esas bestias pasa de cerca. Mi pecho sube y baja agitado y mi respiración es fuerte, demasiado, estoy haciendo demasiado ruido.
Me tapo la boca con la mano y me inclino hacia afuera para ver lo que sucede. No hay ninguno de ellos cerca. Entonces, cuando me giro hacia el otro lado, unas manos me cogen de los hombros y chillo. Ahí está Jesse, con la cara rasguñada llena de tierra y lodo.
-Ellos ya vienen.- Es lo que dice. Sus palabras me sacuden más que sus manos. Lo miro a los ojos cuando lo repite.- Ellos ya vienen. ¡Despierta!
Mis ojos se abren de golpe y choco contra algo duro. Jadeo y me llevo una mano a la frente escuchando un gruñido agonizante a los pies de la cama. Con el pulso acelerado me pongo en pie y veo qué es lo que produce ese ruido.
Es Sam, está tirado en el suelo con la mano en su enrojecida frente, sus ojos verdes me miran furioso.
-¿Qué demonios haces aquí?- Pregunto bajando la mano de mi propia frente palpitante. Con razón me dolió tanto el golpe, si choqué con su cabezota.
Se levanta con elegancia.
-Por si no lo sabes, son las seis de la tarde.
Miro el reloj, él tenía razón. Me había tomado una siesta luego del trabajo. No había visto a Katy en días.
-Oh.- Susurro recomponiéndome.- Bien, supongo que es hora de irnos.
-¿Con qué soñabas?- Pregunta él con la ceja alzada y acomodándose su cazadora.-Parecías agitada.
-Nada que te incumba.- Le contesto colocándome mi chaqueta y haciéndome una rápida coleta.
-Oh, ya sé, ¿estabas teniendo sueños eróticos conmigo, pastelito?
Le lanzo uno de mis guantes.-¡Por supuesto que no!- Exclamo.- Maldito puerco.
Él se ríe e incluso hace sonidos de puerco. Lo miro seria aunque por dentro quiero reírme por los sonidos tontos que yo solía hacer de niña, él claramente no ha madurado.
-¿Nos teletransportaremos?
-Hoy no, pastelito. Hoy iremos en auto ya que si logramos cumplir con la misión de conseguir la localización de uno de los infectados, traeremos a uno de esos chicos con nosotros. Por si no lo recuerdas, el usar nuestros dones nos roba energía, nos debilita. Soy capaz de llevar a dos personas más que yo, pero eso me dejaría un poco débil y si necesitamos correr o escondernos, entonces necesito estar al cien, por eso iremos en auto.
-Bien, porque odio sentirme mareada.
Sam sonríe.- Te acostumbrarás.

Compramos comida china de camino al hospital, Sam aparcó el coche y nos quedamos ahí unos momentos, repasando el plan.
-Espero que lo logremos, no podemos dejar pasar tanto tiempo.- Miro por la ventana.
El tiempo era limitado, mientras más tardemos en descubrir lo que pasa, más desastroso será el resultado.
-No actúes demasiado quisquillosa, tu madre puede sospechar.- Murmura enfundándose un arma en la espalda. Lo miro boquiabierta.
-Quedamos en que no mataríamos a nadie.
Hace una mueca.- Lo sé, las balas son de goma. Si ocurre algo no planeado y tenemos que salir inmediatamente, éstas nos despejarán el camino.- Suelto aire. Armas otra vez.
-Si nos cachan, será el fin.
-No seas tan pesimista.- Me aconseja.- Tú sólo sigue el plan.- Asiento y agarrando el envase de la comida, abro la puerta. Sam me agarra del brazo y me detiene. Lo miro dudosa, su rostro no tiene expresión alguna.- Ten cuidado.- Es lo que dice.
Las palabras no salen de mi boca así que asiento y me bajo del auto.
Entro al hospital por la puerta principal, como siempre hago cuando vengo a dejarle la cena a mamá. No siempre venía sola pero no es raro que hoy venga sin compañía. O al menos, eso es lo que piensan los que me ven, que vengo sola. Cuando en realidad, Sam se está teletransportando a cada pocos pasos cuando nadie lo ve y cuando está fuera de las cámaras.
Camino como si no notara su presencia tras de mi. Mi sentido auditivo está activado, puedo escucharlo casi todo.
Los murmullos ahora parecen gritos en mis oídos. Los abanicos en el techo en realidad son muy ruidosos y estresantes, el pitido del elevador se escucha cerca y el sonido de las teclas al ser presionadas en los celulares me hace estremecer. Demasiado ruido, no estoy acostumbrada a esto, lo oculté por demasiado tiempo, no quiero ni pensar en lo que pasará si llego a invocar mi fuego. ¿Podré controlarlo?
Casi me río al darme cuenta de mi pregunta, una que me he hecho en el pasado y que tanto miedo me daba.
Saludo a Alisha en su escritorio, es una compañera de mamá, me conoce de tantas veces que he venido.
-¡He Abby! Tu mamá está en el tercer piso. Puedes dejarle la comida aquí, prometo no tocar.- Sonríe. Ella es muy amable. Por eso le agrada a mamá.
-Gracias Alisha pero tengo que hablar con mamá, supongo que ya te lo contó pero me ascendieron en el trabajo.
Ella abre los ojos como platos.-¡Eso es bueno! Me alegro por ti.
Sonrío tensamente.- Gracias.
Camino hacia el elevador a paso lento cuando escucho la voz de Sam.
-Disculpa.- Dice él en tono relajado.- ¿Dónde se hacen las consultas médicas?
-Oh, en el segundo piso, sigue a esa chica, la puerta que buscas está al lado izquierdo de donde se dirige.- Se refiere a mi, le ordeno a mi cuerpo no girarse para comprobar si Sam se quedó atrás o si viene tras de mi, no lo sé ya que no escuché su contestación. Entro al elevador y presiono el botón del segundo piso. Y cuando me giro ahí está él, caminando con seguridad y entrando justo antes de que las puertas se cierren. Asiente en mi dirección como saludo, lo imito y luego veo hacia Alisha que me guiña un ojo, pícara. Piensa que me ha hecho un favor con el chico.
-Paso uno, completo.- Murmura él.- Te espero fuera.- Dice cuando las puertas se abren. Nos separamos y agarramos caminos diferentes como extraños.
Entro al cuarto de enfermeras, había llamado a mamá antes de venir por lo que llegaría aquí en unos minutos. Saludo a las enfermeras que conozco y cuando mamá llega, nos dan espacio. Ella arrastra una mesa pequeña y que se tambalea más que Jared aprendiendo a andar en bici. La usan para comer.
-Vienes temprano.- Comenta.
-Quería salir esta noche, pensaba ir a la biblioteca y... No sé, leer libros de medicina, lo que hablamos me hizo ver que en realidad me gustaría trabajar como doctora.
Ella sonríe satisfecha por mis palabras.- Me parece bien, pero recuerda no irte con las primeras opciones, tienes tiempo aún, apenas estamos en febrero.
Asiento, qué rápido ha pasado el tiempo.
-¿Y cómo ha ido hoy? ¿Demasiado pesado?
-Para serte sincera, nos han disminuido el trabajo, como la mayoría de los casos eran por esa dichosa fiebre, entonces los jefes decidieron tomar el asunto por ellos mismos.
-¿Entonces sólo ciertos doctores están tratando con lo de la fiebre?
Asiente.- Sólo los mejores, y todo es bastante confidencial.
-Supongo que los tienen en un lugar más apartado del resto.- Comento yo.- No querrán que la fiebre contagie a los otros.
-Así es.- Se llena la boca de comida. Me impaciento, no me ha dado la información exacta.
-¿No has sabido nada más? ¿Sólo es fiebre, lo que significa que es pasajero, no?
Me mira con el ceño fruncido. Okey, muchas preguntas.- No lo sé, ya te lo dije, a los que no están autorizados para subir no nos dicen nada.- "Subir" deben estar en el último piso. Lo que es lógico.
-Pobre gente.- Digo soltando aire.- Ojalá logren recuperarse.
-Sí.- Murmura mamá.
Luego de cinco minutos que parecen eternos, ella termina su comida. Miles de preguntas invaden mi cabeza.
¿Por qué Sam y James tienen esos tres nombres? ¿Por lo que los quieren a ellos habiendo tantos otros infectados aquí?
Hay algo que Sam no me está diciendo.
Me despido de mamá
Salgo por el pasillo y veo a Sam sentado en una de las bancas, está tosiendo en su mano como desquiciado. Me mira de reojo y se levanta calmando su tos falsa. Lo sigo a distancia y doblamos por un pabellón desierto.
-¿Qué averiguaste?- Pregunta.
-Que me ocultas cosas.- Contesto yo.- Hay algo que no me estás diciendo, Sam. ¿Por qué justamente quieren a esos tres chicos habiendo tantos infectados en cuarentena? ¿qué tienen ellos de especial?
Sam suelta aire resignado.
-Prometí contarte los avances, lo que tenemos hasta ahora sólo son teorías.
-¿De qué estás hablando? Dímelo ya.- Exijo.- Acepté pensando que de verdad estabas siendo honesto.
-Eso ni tú te lo crees, no confías lo suficiente.- Dice él.- Pero para contestar a tu pregunta. Queríamos a estos tres chicos porque, uno de ellos es humano, otro es un Origen y el otro Medio Origen. Nuestra teoría se basa en las palabras de tu ex compañera, ella dijo que era como tú, y ¿Qué eres tú? Una origen, así que pensamos que hay una posibilidad de que esta enfermedad sólo ataque a los de nuestra especie. Por eso esos tres chicos, queríamos pruebas.
Me quedo con la boca abierta. ¿Un virus que sólo ataque a los Orígenes y Medio Orígenes? Eso sería letal, sería... Una forma de eliminarnos. Parpadeo violentamente cuando me doy cuenta de la situación.
-Son ellos.- Digo.- Son los Primeros, nos están atacando.
Él asiente.- Eso es lo que pensamos.
-Pero si la teoría es correcta, significa que hay al menos una docena de Orígenes en manos de doctores humanos.
-Lo que explicaría el que no dejen salir a los pacientes.- Concuerda Sam.- Han descubierto que nuestro ADN es diferente al de ellos.
No puede ser, no puede ser. Me llevo una mano a la boca y mordisqueo la palma.
Los Primeros Orígenes estaban atacando y nosotros no nos dábamos cuenta. Santo cielo.
-¿Desde cuándo lo saben?- Pregunto.- Me extraña que James no alejara a mamá del hospital sabiendo que ella puede contagiarse.
-Lo supimos en la mañana, por eso no ha hablado con ella ni contigo.
-Necesitan no sólo un cuerpo entonces, necesitan tres. ¿Por qué me dijiste que sólo uno?
-Porque si desaparecen tres individuos de una vez, eso los alertará. Hay que hacerlo despacio, iniciando por el que más necesitamos.
-Al Origen y Medio Origen.
-Quizá sólo al Origen, ya que los de tu especie y la mía no son tan diferentes genéticamente, podemos conformarnos diciendo por el momento que si la enfermedad los afecta a ustedes, nos afecta a nosotros.-
Me sorprende que parezca tan sereno, como si esto no fuese nuevo para él, yo estoy aterrada por dentro. Aunque no debería sorprenderme, es un cazador, sabe cómo guardar la calma en momentos como este. Los humanos posiblemente ya sepan sobre nosotros si Sam y James están en lo cierto, y eso no es lo peor, la enfermedad puede atacarnos, puede matarnos así como a Tessa.
Estamos en riesgo. Todos nosotros, una raza entera. Y no me refiero a que sólo sea una cosa la que nos atormente, no sólo es la fiebre. Puede haber una guerra, los humanos le temen a lo desconocido, nosotros somos desconocidos para ellos.
-Tienen a los de cuarentena en el último piso, mamá dijo "arriba" pero supongo que la mejor opción para que nadie entre de improvisto es estar en el lugar más alto.
-Ese lugar debe estar lleno de guardias.- Dice Sam.
-¿Pero podemos teletransportarnos, no?
-No.- Niega con la cabeza.- Para teletransportarme a algún lugar, primero debo haber pasado por ahí antes.- Mi boca se abre por la sorpresa.
-Oh, ese sí que es un problema. ¿Qué opción tenemos entonces?
-¿Recuerdas eso de ser discretos?- Pregunta. Yo asiento.- Bien, podemos olvidarnos de eso.
Lo miro dudosa.-¿Qué planeas hacer?
-Evacuar el edificio, activar las alarmas de incendio.- Dice de manera rápida.
Niego con la cabeza.-¿Qué pasa con los enfermos? ¿Qué pasa con los que están en una operación? No sabrán que es una falsa alarma, pueden morir.
-Deberías dejar de preocuparte siempre por todos, no va a haber un fuego real, se darán cuenta pronto, ellos tienen protocolos, no creas que no están preparados. Los pacientes estarán bien, lo prometo.- No dejo de mirarlo. ¿Y si se equivoca?- Deja de tener tanto miedo.- Me dice.- No todo lo malo que sucede a nuestro alrededor, significa que es tu culpa, a veces hay que hacer sacrificios, arriesgarse.- Sus palabras por alguna razón son tranquilizadoras, hacen que me relaje un poco. Suavizo mi mirada y pregunto:
-¿Cuánto tiempo tenemos?
-No iremos los dos al último piso, sólo yo.- Lo miro alarmada.
-No puedes hacerlo solo.- Digo enseguida.- Es arriesgado.
-Necesito que tú actives las alarmas mientras esté en el penúltimo piso. No puedo hacerlo por mi mismo.
-Pero no sabrás en dónde encontrar a esos chicos, te tomará demasiado tiempo solo, es demasiado arriesgado.- Sam sonríe.
-Cualquiera diría que estás preocupada por mi, pastelito.- Cierro mi boca y su intensa mirada me recorre, odio cuando hace eso, me siento como desnuda.
-Me preocupo por todos.- Escupo.
-Ya.- Dice él asintiendo.- Pues no lo hagas, estaré bien. Entraré y saldré. Tú puedes ayudar a evacuar al personal, actuar como loca o algo así. Espérame en la parte trasera del edificio.- Me da las llaves.- Y en cuanto nos teletransportemos en la parte trasera del auto, tú conduce a toda velocidad y da vueltas lejos de casa y lejos de la bodega y claro, lejos de mi apartamento, luego te llevaré a un lugar seguro y me encontraré con James para revisar el cuerpo.- Suelto aire, porque ni siquiera diciéndolo suena fácil.
Asiento sin comprender la mitad.
-Bien, te enviaré un texto.- Me da su celular y le doy el mío. Nos grabamos los números y luego, me doy cuenta. Es tiempo de comenzar.
-Atenta.-Dice por el pasillo. Asiente y luego se va. Yo me quedo sin aire, intentando tranquilizarme y cuando veo hacia arriba, empiezo a rezar porque funcione.
Me pregunto si James sospechaba que Sam haría algo tan escandaloso como esto.
No ha pasado ni un minuto cuando el celular vibra. Con el corazón en la boca leo el mensaje de Sam. "Ahora"
No lo pienso dos veces, cruzo el pasillo y activo la alarma de incendios.
Se produce un sonido sordo, las luces empiezan a parpadear y luego se estabilizan, lo siguiente que sé es que estoy siendo rociada por agua. Abro la boca y ahogo un grito mientras corro hacia el pasillo. La gente en las bancas empiezan a alarmarse, quisiera tranquilizarlos pero no puedo, lo único que puedo hacer es ayudarlos a evacuar. Llevo a ancianos hacia los escalones, porque los ascensores están fuera de servicio gracias a la alarma. Los guardias empiezan a bajar del tercer piso, son al menos una docena y me doy cuenta de que posiblemente todos ellos vengan del último piso. Ayudan a la gente salir, también a los doctores, escucho a uno dar la orden de encontrar el fuego.
Me doy cuenta de que la mentira se descubrirá demasiado rápido si no hay al menos algo de humo.
Corro en dirección contraria a la salida, evitando las miradas de los trabajadores. Y voy hacia el baño, está desierto cuando llego, también hay agua por lo que me cubro los ojos con el brazo.
Estoy entrando en pánico mientras ideo algo rápido.
Miro la puerta cerrada y me digo a mi misma que puedo hacerlo.
Cierro mis ojos y me relajo. A pesar del ruido, a pesar del agua que me resbala en el rostro y empapa mi cuerpo, a pesar de que Sam sigue arriba. Cierro los ojos y lo obligo a salir. Fuego no. Fuego no. Humo.
Lo siento en mis venas, luego en mis dedos. Aquello que tuve guardado muy dentro de mi. Se siente bien, se siente como... Estar en casa. Lo expulso, sale tanto de mis manos como de mi boca y oídos, sale por todo mi cuerpo y cuando abro los ojos me encuentro en medio de una nube enorme de humo. No me atraganto, tampoco me obstruye los pulmones porque yo soy fuego y tanto como él, soy humo.
Me felicito a mi misma antes de salir de ahí. Doblo por varios pasillos antes de llegar por donde vine, los guardias dan orden, continúan vigilando, uno de ellos me ve pero yo me hago la víctima aterrada y lloriqueando bajo las escaleras junto a los otros pacientes.
Tengo el corazón en la boca mientras bajo al primer piso, está atestado de gente por lo que tengo que escabullirme y cuando por fin salgo, el aire me golpea. No trato de buscar a mamá, sé que ella estará bien y que pensará al igual que todos que algo ocurre pero está bien. Yo todavía tengo algo que hacer. Esquivo a la gente reunida afuera y voy hacia la parte trasera del edificio en donde el auto está aparcado. Meto la llave en el cerrojo y entro. Mantengo el motor encendido y espero.
Las manos me tiemblan. Espero que salga bien, espero que Sam lo logre.
Pasa demasiado tiempo para mi, los segundos se me hacen eternos y empiezo a creer lo peor y como si fuese poco, luego empiezan a sonar disparos. Mi corazón se detiene.
No confundiría esos sonidos con nada.
Quieto bajarme del auto, quiero ver qué pasa, si le han dado a alguien, puedo escuchar a la multitud jadear asustada.
¿Y si le dispararon? ¿Y si lo tienen?
Mis manos se cierran sobre el volante con violencia. No porque no me agrade significa que lo quiera muerto.
Y entonces, unos cuerpos chocan en la parte trasera del auto. Miro por el retrovisor y me encuentro con la mirada verde de Sam, está sudado, despeinado e incluso pálido. Aparto la vista de él y la poso sobre el chico dormido a su lado.
No lo pienso dos veces, piso el acelerador.
Esquivo a la gente, ven el auto como si fuese una nave espacial. Algunos nos señalan pero ya estamos doblando hacia la otra calle.
-¡Esto fue una mierda!- Dice Sam enojado.- Nos expusimos demasiado.-
Por el retrovisor veo a las dos personas sentadas atrás. El chico debe ser Max, está noqueado, sedado.
Miro hacia la carretera, disminuyendo la velocidad y doblando hacia otra calle. Luego miro a Sam, está haciendo muecas.
-¿Te hirieron?- Pregunto alarmada.
-Me rozaron el brazo.
Ay por Dios.
Trago saliva y me concentro en la carretera.
Nadie nos sigue gracias a Dios. Por lo que me mantengo a una velocidad normal.
-¿Está sedado o ya murió?
-Sedado.- Dice Sam.- Digamos que le di una dosis extra.
Ruedo los ojos. Ya ni me sorprendo.
El cielo oscureció para cuando Sam me indicó que condujera a su edificio.
Lo miro extrañada pero hago lo que me dice, aparcamos en el callejón lleno de grafitis, al alzar la mirada me topo con la azotea en donde casi caí una vez.
-Dijiste que me llevarías a un lugar seguro.- Le digo distraída.
-Lo es.- Dice acercándose a mi.
Está despeinado, su ropa desarreglada y rasgada en algunos lugares.
-Ellos te vieron, ¿Sabes en qué peligro te has metido?- Le pregunto observando su rostro.
Se queda callado tomándose el brazo herido. Con sumo cuidado aparto su mano y veo la herida, no es profunda, no necesitará puntadas.
-Te lo dije, a veces hay que hacer sacrificios.- Lo escucho decir en voz baja.
-Sabías que esto podía suceder.- Lo culpo.- Por eso no me dejaste ir contigo.
Sus ojos se suavizan y agarra mi mano en un gesto suave. Mi corazón da un vuelco y lo miro extrañada. Sam sonríe y quita mi mano de su brazo.
-No te creas especial, pastelito. Lo hubiese hecho por cualquiera.- Sus palabras me hacen retroceder, y aún más su tono brusco.
Yo sabía que no lo haría por cualquiera, alguien como él... Simplemente pone su vida primero que el del resto. Me doy cuenta que ha pronunciado las mismas palabras que yo cuando me preguntó si me preocupaba por él.
Sonrío de lado.
-Ya.- Le doy las llaves del auto y él se saca una llave del bolsillo trasero.
-Puerta número ciento catorce, décimo piso. No toques nada.- Me advierte.
-No creo que sea buena idea que me quede aquí.- Le advierto.- Preferiría irme a casa.
-¿Así?- Me mira y yo dudosa me miro.
Estoy empapada. Demonios.- Puedes ducharte y llevar la ropa a la lavandería.- Sugiere.- Vuelvo en una hora o más, depende del humor de James.
Se da la vuelta y va hacia el auto. Estoy confundida, han confundida respecto a él. ¿Por qué me ayuda? ¿Quién es él? No lo conozco, lo que veo frente a mi es lo que él quiere que vea pero este chico parece totalmente diferente al de la descripción de James. ¿Qué cazador despiadado cubre a una Origen?
-¿Quién eres?- Le pregunto antes de que suba al auto. Él se detiene y me mira. Otra vez tiene los ojos oscurecidos.
-Hay cosas que es mejor no saberlas.- Es lo que contesta.-Pero si quieres darte una idea, soy todo lo que James dijo sobre mi, no lo dudes.-
Y entonces se va.
No me mira mientras pone el auto en retroceso y se pierde por las oscuras calles.
Sam es extraño, es oscuro, realmente oscuro.
No como Jesse cuando lo conocí, Jesse tenía problemas familiares pero en ese entonces él no era malo, simulaba odiar a todos para alejar a la gente y así mantener a su familia segura, escondía la pena de haber perdido a su padre, todo eso lo hacía explosivo pero en ese entonces él no tenía las manos llenas de sangre.
Sam es diferente, él no simula ser malvado y misterioso, él lo es. Supongo que es unos pocos años mayor que yo, se crió diferente, no tuvo una infancia buena y pura, su infancia estuvo llena de armas y entrenamientos, le metieron desde pequeños la idea de odiar a los Orígenes. ¿Puede alguien tener un alma pura si desde pequeño estuvo entrenado para matar? Su corazón está lleno de odio y sé que si algún día los cazadores volvieran a reunirse contra nosotros, él estaría en el otro bando. Porque es lo que es, le gusta ser él y extraña su vida de forma obsesiva.
Sin embargo me confunde cuando es bueno conmigo, como por ejemplo aquella noche en su azotea. ¿Por qué me salvó? Si su corazón estaba tan lleno de maldad. ¿Por qué hacerlo? Y luego, ¿Por qué escuchar mis problemas y aconsejarme?
Sam era un rompecabezas y yo... Yo estaba harta de ellos, harta de que al terminarlos de armar, descubría que había piezas nuevas. El rompecabezas era infinito.
No tengo tiempo para descubrirlo, no tengo tiempo para preguntarme quién es este extraño, lo importante es descubrir lo que está pasando con todos nosotros y lo que los Primeros planean hacer. Usar a Sam para tener información, usarlo para estar dentro pero al mismo tiempo no. Eso es lo que tengo que hacer, por muy egoísta que suene, esta vez no me detendría a lamentar mis pensamientos poco amables, seguro él saca provecho de una forma u otra. A como James dijo, si él está ayudando, no es porque quiera ayudar, sino porque lo beneficiará a él también.
Cuando subo al edificio por la puerta principal (para no parecer sospechosa y ser detenida por las autoridades) una chica alta y rubia en recepción me detiene de subir en el elevador.
El lugar no es muy extravagante, las paredes estaban pintadas en tonos oscuros, había aire acondicionado, las puertas estaban limpias, el ascensor impecable y el escritorio en el que se encontraba la chica, parecía incluso nuevo.
-¿Disculpa?- Pregunto, ya que no escuché lo que me dijo.
Ella al ver mi desconcierto hace una mueca maleducada.-Que te detengas.- Repite.-¿Quién eres? ¿qué haces aquí? Nunca te había visto.
Ah.
Camino hacia ella y le enseño la llave que Sam me dio en último momento.
-Sam me dijo que podía entrar, ya ve, estoy empapada, no creo que ustedes apruebe que moje su piso.- Le digo lentamente, no estoy de humor para discutir o fingir que todo es arco iris y flores.
Ella entorna sus ojos hacia mi, cuando mencioné el nombre de Sam hizo lo que pareció una mueca con los labios, se le notó lo disgustada que estaba.
A juzgar por lo que veo, ella parece estar un poco colada por él, no desecho la idea de que tanto ella como Sam hayan tenido un encuentro... Amoroso anteriormente. Así que para no tener que lidiar con eso, agrego.- Soy su prima Abby, estoy de paso, ya sabes, no lo he visto en mucho tiempo.- Ella cambia su expresión, incluso sonríe.
-Oh, vaya, no sabía que Sammy tuviese una prima, bueno, no es que diga mucho cuando... Bueno, estamos juntos.- Se ríe. Y a mí me dan ganas de vomitar.
Dios, no puedo creer que existan chicas como ella, o mejor dicho, chicos como Sam que andan de chica en chica pudiendo contraer enfermedades... Qué asco.
Trato de fingir una sonrisa.- En fin.- La corto.- Tengo que subir o me agriparé, si gustas puedes marcarle para la confirmación o algo así.- Ella asiente.
-Claro, que disfrutes tu estancia.
Maldita sea. Subo al elevador.
Espero no tropezarse con condones en el piso, sino en serio que me iré de aquí.
En cuanto llego a la puerta me doy cuenta de que no esperé ver todo tan ordenado y oloroso.
El lugar no es grande, incluso más pequeño que el de Tessa. Este apenas es un dormitorio grande. No hay cocina, no hay sala, sólo una habitación de baño al fondo.
Hay una gran cama pegada a la pared izquierda, en la pared de enfrente un plasma en la pared y una mesa de vidrio debajo de este, con CD's de música y por lo que veo, películas clásicas. Las paredes son de negro intenso al igual que la seda en su cama y alguno que otro adorno.
Las paredes no están llenas de cuadros, están llenas de nada a diferencia de un pequeño mapa pegado en la pared del fondo. Hay un sillón de cuerina en donde alcanzan al menos tres personas, una alfombra blanca de lana que cambian con las cortinas y... Oh Dios, qué hermosa vista tiene.
Me olvido de mi ropa mojada y casi corro hacia la ventana. Descorro la cortina. Es un ventanal. Una parte lo cubre el edificio lleno de grafitis pero hay una parte en que pueden verse varios edificios, las luces centellan, las personas parecen pequeñas y los autos más brillosos con sus luces rojas y amarillas.
Vaya. En serio no esperé esto.
Miro hacia el piso por si acaso, no hay ningún condón, al menos.
Me meto a la ducha, el baño es reducido pero con suficiente espacio para la ducha y el inodoro.
Huele a limón y a masculinidad que es a lo que Sam huele siempre.
Cuando me estoy secando con la camisa que llevaba me doy cuenta de un problema. Y es que no llevo más ropa, ¿Cómo es que saldré a lavar y secar esta?
Mirando por la puerta cerrada, voy a los cajones de Sam y busco una camiseta grande. Encuentro una de color crema, la tela casi transparente por desgracia y luego encuentro un pantalón suave de deporte. Me digo a mí misma que se los lavaré antes de irme y él jamás se dará cuenta.
Le pregunto a la chica en dónde está la lavandería y casi me río cuando dice que en el sótano. Si se tratara de una película de terror, yo ya estaría muerta.
Bajo hasta el último piso y luego paso por un pasillo bastante... Desolado y bajo las escaleras metálicas, enciendo las luces, abajo está sucio, lleno de lavadoras y secadores, canastas de ropa e incluso tendederos metálicos con pinzas y todo. Llevo mi ropa dentro de la lavadora y aplico lo que tengo que aplicar. Me quedo mirando mi celular mientras tanto, pongo música pero baja para no sentirme tan sola y vigilada.
Al final, cuando la ropa está seca y limpia, subo y apago la música. Han pasado varios minutos, casi media hora para cuando llego a la habitación. Cierro y coloco mi ropa en la cama, me aseguro de que las ventanas estén cerradas antes de quitarme la ropa.
Deslizo la camiseta de Sam por mi cabeza e ignoro el olor de él sobre mi piel. Me coloco mi sostén y mi camisa, arreglo mi cabello antes de ponerme lo de abajo. Cuando termino, justo cuando lo hago, la puerta se abre y yo pego un grito.
Sam frunce el ceño pero igual entra.
-Me asustaste.- Murmuro doblando su ropa.
Sam ríe de lado y me mira con picardía.- Sí, así vi.- Luego señala su ropa.-¿Eso es mío?
Mi rostro se torna rojo.
-Ah sí, perdón, no tenía qué ponerme... Iba a lavarla justo ahora.- Digo tomando las prendas y caminando a la salida. Pero claro, Sam me agarra del brazo y me detiene, lo miro sin palabras mientras él me las quita de la mano y... Las huele. Cierra los ojos y luego cuando los abre, me suelta solo para abrir uno de los cajones y meter la ropa dentro.
-¿Qué demo...? ¿Sabes qué? Mejor no quiero saber.- Niego con la cabeza.-¿Cómo te fue con James?
Sam se sienta en la cama con los hombros tensos y me mira.- Ya sabrás tú, me soltó cosas que ni tú deberías escuchar y lo tengo merecido, no debí exponernos de esa forma, ahora lo que pasó está en las noticias, y adivina qué.
Me encojo de hombros.- Los doctores al fin soltaron algo sobre la fiebre, han admitido que no tienen mucha información sobre esta y que es mejor que la gente empiece a tener más cuidado.
-¿Qué eso es ridículo? Ni siquiera sabemos cómo se transmite pero puedo asegurarte que no se da solamente de noche.
-Es para mantener a la gente en su casa, para evitar que los vean salir a cazarnos.
-¿Cazarnos?
-Ellos ya lo saben, pastelito. Saben que existimos, no todos pero los suficientes como para empezar a preocuparnos.
-Teníamos sospechas pero...
-Tenían armas listas. ¿Por qué las tendrían si se tratara de un humano cualquiera? Nos estaban esperando. Lo descubrieron gracias a las pruebas en los infestados. Descubrieron nuestro ADN.



Abby Conrad

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En el texto hay: guerra, virus, ancla

Editado: 12.03.2018

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