Paraíso En Llamas (libro 2)

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Capítulo 10

Los resultados tardan en llegar. Drew tenía mucho trabajo tratando de estudiar el virus. Tenía que descubrir si el virus Caníbal ataca tanto a Orígenes, Medio Orígenes como a humanos.
¿Y cómo lo sabría?
Bueno, mezclando las muestras de sangre de Max, Sam, las mías y la que mamá nos sacó del hospital, ésta última es la de humanos. Drew estudiaría el comportamiento del virus alrededor de las muestras de sangre. Todo era muy complejo y complicado, creo que si Drew me pusiera junto a él a comprobar las reacciones del virus con la sangre, no entendería nada.
Han pasado un par de días y como Drew pidió tiempo y espacio, ninguno hemos ido a la bodega. Tiempo es lo que no tenemos ya que Max aunque dormido, está llegando a las últimas fases del virus. Tiene fiebre alta y eso está por matarlo.
Falta poco para que los humanos se enteren que algo malo ocurre, no solo por rumores, sino confirmándolo ellos mismos.
Falta poco para que el virus se esparza aún más, esto ocurre día a día, minuto tras minuto el virus se esparce cada vez más. Cuando la mayoría esté contaminado, tendremos que defendernos ya que querrán cazarnos y comernos. Esto será algo así como un apocalipsis zombie, de esos como en las películas y series. Sólo que diferenciar a los infectados será difícil ya que lucen como cualquier otra persona, piensan, hablan y caminan como tal. Sólo los distinguiremos cuando vengan a por nosotros.
Por eso me he estado preparando, he aprovechado mi tiempo libre para entrenar. Mi cuerpo estaba oxidado. Lo está incluso ahora. Todo el entrenamiento que recibí junto a los otros de la comunidad se ha ido borrando de mi mente.
Ocupo la noche para camuflar mis movimientos.
Como esta noche, cuando todos están dormidos y yo estoy aquí en la parte trasera de la casa, con ropa oscura y deportiva para iniciar.
No me molesté en despertar a James para que me acompañara, sé que ha estado cansado, por eso habíamos cancelado nuestros entrenamientos.
La luna me ilumina lo suficiente para saber hacia dónde voy.
Empiezo a calentar a como me enseñaron en la comunidad.
Relajo mi cuerpo y mi mente.
He estado descubriendo cosas sobre mi en estos entrenamientos y es que mi cuerpo reacciona de manera natural cuando entreno, cuando me muevo, cuando estiro... Es como si fuese natural en mi moverme para luchar.
Miro el par de las dagas en mis manos. Había dicho que no mataría más pero ahora estoy consciente de lo que pasa. Esos Orígenes Caníbales que siguen libres, están hambrientos y si ellos me encuentran no dudarán en alimentarse. Ellos son inocentes, lo sé así como lo era Tessa pero si se aparecen frente a mí y buscan como lastimarme o a mi familia...
Cierro los ojos mientras siento el frío metal en mi mano. Está pasando otra vez, esos pensamientos, los sentimientos de compasión.
Lo sabía, aunque no quería admitirlo. Sabía que no podía ser buena en un mundo así, y el saberlo me destruye más que negarlo. Porque no quería ser así, no quiero tener mis manos llenas de sangre, no quiero ser una asesina. Pero si me dejo llevar por mi consciencia entonces no sobreviviré mucho tiempo. Mis manos ya están manchadas de sangre, le agregara más o no, ellas ya no se limpiarían.
Mi cuerpo se enciende con la pena y la furia y entonces empiezo a imaginarlo. Cómo sería si ellos invadieran mi hogar ahora, esos Caníbales.
Me los imagino saltando las cercas, entrando por la puerta y rodeándome. El miedo me invade pero me muevo. Imagino el tenerlos cerca, ataco con las dagas, me muevo, giro y ataco, me muevo, giro, ataco.
Imagino que clavo las dagas en sus cabezas, incluso escucho el ruido que produce la daga al enterrarse en la carne. Tengo ganas de vomitar pero no paro.
Entonces la cara de Tessa viene por mi, ella con sus dientes afilados queriéndolos clavar en mi piel. Con un gran pesar, clavo la daga en su frente.
¿Esto es lo que soy? ¿Esto es en lo que me he convertido?
Me muevo, giro y ataco. Me muevo, giro y ataco.
Si ésta era yo, entonces tendría que aceptarlo de una vez.
Yo no era débil, no era tonta o lenta.
Era yo, un origen de fuego, rápido y fuerte y sobre todo, lista para atacar si era necesario.
Mirando mis manos aferradas a las dagas, por primera vez, no me sentí mal o culpable.
Gruñí al ser despertada por la luz. Me doy cuenta que no me quité la ropa de anoche, en serio había quedado exhausta. Incluso, estaba a dolorida.
Pero aunque mis entrenamientos estaban bien, sabía que no podía hacerlo sola, ¿Qué pasaba con las peleas cuerpo a cuerpo? Eso no podía hacerlo imaginándolo, necesitaba a alguien que entrenara conmigo, y no podía ser James, no quería preocuparlo o estresarlo.
Tenía que ser alguien más.

Esto me recuerda a aquellos días en donde me levantaba temprano en mi propia cabaña, desayunaba y me reunía con mi grupo. Elías o Jordy me recibían para entrenar y Caín me miraba desde la distancia.
Me sentía bien entonces, me sentía fuerte. Ahí fue donde cambié, en donde dejé de ser débil. Incluso, no necesité de mis dones de fuego para ser de las mejores, desperté mi poder luego de un tiempo con ayuda de Caín y fue para reforzar mi fuerza. Pero no fue el fuego que me ayudó a saber moverme o saber pelear, fui yo, gracias a ellos.
Pensar en que los volvería a ver, me llena de emoción. Aunque me hubiese gustado que no fuese en circunstancias como éstas.
Debía admitirlo, estaba nerviosa, y ya no estoy hablando de las cosas malas que suceden, estoy hablando de los chicos. Si todo salía bien, ellos vendrían con nosotros, si todo salía bien, Zack también lo haría.
Mamá intentó comunicarse con Jared lo que fue una pérdida de tiempo ya que Jared cambió su número. Está preocupada por él ya que este no tiene ni idea de lo que pasa, decidió un mal momento para fugarse. Le prometí a mamá que si encontrábamos a Caín, le pediría que le enviara un mensaje de fuego a mi hermano. Con eso quedó tranquila, más o menos.
Sólo pienso en lo que se sentirá verlos de nuevo. ¿Y si Caín no quiere verme? ¿Y si Zack ha cambiado tanto que ya no puedo ni reconocerlo? Aún me lo imagino con gafas aun cuando sé que dejó de usarlas. Me pregunto cuán poderoso será ahora, me pregunto si ha estado practicando o si como yo meses atrás, ha ocultado lo que es.
Espero que no haya sido así.
Paso la mañana metida en mis pensamientos, no he visto a Katy en días, incluso hoy, no viene a la librería.
No puedo evitar recordar a Tessa cuando subo al segundo piso a ayudar a los clientes. Puedo recordar el desastre que dejamos. Las estanterías a medio caer, otras destrozadas y Sam quitándome de encima a Tessa.
Hablando del rey de Roma, lo veo entrar a la librería con su usual paso varonil y confiado. Le doy a la chica rubia su cambio y al salir Sam le da una buena mirada. Niego con la cabeza.
-¿Qué quieres?- Pregunto.
Hace días que ha dejado de ser amable conmigo. A veces creo incluso, que la noche en que compartí mis pensamientos con él, no fue nada más que un sueño. Pero sería estúpido lamentarme por eso. No lo necesito como amigo, él no me necesita como amiga, estamos bien.
Sin sonreír o tener emoción alguna en el rostro, responde:
-Los resultados están listos y Max despertó.
-¿Despertó? ¿No estaba sedado?- Sam asiente mirando los separadores que están a la venta. Lo miro agarrar uno e inspeccionarlo.
-Sí, pero al parecer el dolor lo despertó.- Vaya, debe estar muriendo por dentro si ni los sedantes lo ayudan.- Pero bueno, supongo que es malo para él pero bueno para nosotros.
Frunzo el ceño.-¿Cómo puedes decir eso?
Se encoje de hombros.- Es la verdad, ahora podrá contestar ciertas preguntas. ¿Nos vamos?
Miro el reloj en mi muñeca.- Todavía quedan cinco minutos para el almuerzo, no puedo irme.
Soltando un suspiro que indica la pérdida de su poca paciencia, deja el separador en su lugar y puedo verlo bien.
Hay un pastelito de vainilla con una cereza en forma de corazón impreso en el separador, y dice: "Buena lectura + Pastelito y café = Perfección"
Lo miro midiendo su expresión pero está vacía. Casi sonrío cuando le pregunto:
-¿Vas a llevarlo? Es gratis.
Lo mira por unos instantes y luego me mira a mí, no hay diversión ni una sonrisa.
-No, ahora vámonos o quédate.- Tenso la mandíbula. Qué estupidez tratar de ser buena con él. A veces se me olvida como deben ser las cosas.
Tenía que dejar el trabajo, sino él de verdad me dejaría. Asiento de mala gana, tragando un millón de insultos hacia él.
-Puedes esperarme fuera mientras cierro.- Le informo.
Asiente.
-El auto está en frente.- Y entonces se aleja.
Guardo mis cosas en el bolso, incluyendo mi celular. Cierro la caja, agarro las llaves del local y salgo cerrando con llave.
Cuando entro al auto con Sam, me doy cuenta de que la nieve ha dejado de caer y que la que queda en el suelo está empezando a derretirse. Adiós al invierno. Adiós a la nieve. Y por último, adiós al recordar a Jesse con sólo ver la nieve caer. No sé si alegrarme o entristecerme por el pensamiento.
-¿Tanto te duele dejar el trabajo por sólo cinco minutos adelantados?- Lo escucho decir. Parpadeo para alejar a Jesse de mi mente y lo veo con el ceño fruncido.
-¿Por qué lo preguntas?
-Tu rostro.- Dice sin mirarme.- Pareces... Triste o algo así.
Me sorprende que sepa lo que siento tan fácilmente y me pregunto si soy así de transparente siempre.
No ignoro su comentario pero tampoco estoy de humor para hablarle de esa forma tan íntima.
-No es por eso, tan sólo tuve un pensamiento amargo.
Sam se detiene en un semáforo. Me pregunto por qué no sólo nos teletransportamos al lugar. Debe ser cansado hacerlo, como invocar al fuego cada dos por tres.
No dice nada al instante, lo que me hace creer que la conversación murió ahí, pero entonces vuelve a hablar y sigue sorprendiéndome lo observador que es.
-¿Ropa nueva?- Pregunta de manera distraída.
Había cambiado mi forma de vestir, no para impresionar a alguien sino para impresionante a mí misma. Había recordado lo que él y mi hermano me aconsejaron, que buscara cosas nuevas. Y lo hice. Un día, de los que tenía libres simplemente me vi en el espejo y supe que la ropa que solía usar era demasiado simple y no decía nada de mí. Y luego recordé cómo me sentí cuando me vi en el espejo con la ropa que Karum había elegido para mí. Me había sentido bien, incluso bonita. Así que copié un poco ese look.
Busqué mis pantalones rasgados, dejé mis camisetas atrás y busqué algo que combinara con mis botines de plataforma. No de los que suelo usar sino unos más femeninos pero igual de cómodos. Me había trenzado el cabello y aplicado un poco de sombra oscura en mis ojos, no mucho, tampoco quería parecer mapache.
Nadie había parecido notar mi cambio de guardarropa excepto él en estos momentos.
Me odié por sonrojarme y sentirme aliviada cuando él me miró de reojo al decir esas palabras.
-Tomé tu consejo.- Contesto sin pensar. Y al instante me arrepiento, habíamos quedado en no mencionar nada sobre esa noche o cualquier otro día entre nosotros. Pero él no pareció enojado conmigo por mencionarlo.
-Me gusta.- Fue lo que contestó.
Y me odié por no decirle algo grosero a cambio.
Me odié por mirarlo de reojo en su lugar y sonreír discretamente.



Abby Conrad

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En el texto hay: guerra, virus, ancla

Editado: 12.03.2018

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