Paraíso En Llamas (libro 2)

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 12

Primero son las risas, luego la luz es encendida. El lugar queda iluminado y somos capaces de ver a los diez hombres que nos rodean, tengo que girarme para contar a los de atrás quienes bloquean la salida. Todos sonríen malévolos, pero hay uno en especial, el que está en frente, apoyado en la vitrina de vidrio llena de armas. Ese nos mira como un gran premio gordo. Mamá me agarra del brazo, de repente, ha dejado de temblar, pero sé que no es más que para hacerse la fuerte frente a estos Caníbales.

Yo sabía que nada podía sacarnos de aquí. Eran demasiados, y si tratábamos de luchar sería en vano ya que sólo llevábamos un par de estacas, y como ya sabíamos, la única forma de matarlos es atravesando su cabeza.

Uno de los hombres dio un paso hacia mi a mi lado, me giré hacia él y le mostré los dientes al mismo tiempo que levantaba la estaca hacia él.- Apártate.- Rugí.

El hombre no hizo más que reír, y todos lo siguieron.

-Oh, miren eso, la chica tiene agallas aun sabiendo que no saldrá con vida de este lugar.- Dice el de la vitrina. Estoy casi segura que fue él quien se asomó por la ventana del edificio de correos. Estaba lleno de tatuajes, sus brazos e incluso su cuello, era delgado y con barba, lo peor, su camiseta parecía manchada con sangre seca, de hecho, todos tenían eso en común, estaban sucios, hediondos.

Era inútil preguntar lo que querían, era clara que nos querían a nosotras.- Te preguntarás.- Dice el de los tatuajes.-¿Cómo supimos que venían hacia acá?- Dice sonriendo de una manera que me hace temblar. Y yo que creía que la sonrisa de Sam guardaba algo oscuro...

Sam. Oh, espero que él y James no estén cerca, son demasiados. Incluso para ellos.

No le contesto nada, me limito a mirarlo con odio, en mi cabeza estoy planeando varias formas de salir de aquí pero ninguna es funcional, todas terminan en la misma mala manera.

-Bien, te lo diré de todas formas...- Se separa de la vitrina y se acerca. Me congelo en mi lugar, totalmente asustada. Pero mi madre no, ella parece más activa que nunca. No lo piensa dos veces antes de crear un círculo de fuego alrededor de nosotros. Todos los hombres se sorprenden, incluso retrocede, menos uno, que se queda de pie mirándonos curiosos.

-Te acercas a mi hija y te quemaré vivo.- Le amenaza mi madre al de los tatuajes.

Este levanta su cabeza y mira a mamá con odio reprimido, luego la señala, el movimiento me deja sin aliento.- Tú, tú serás la primera en morir.

Y esas palabras para mi son como un catalizador, la furia supera al miedo. En un abrir y cerrar de ojos mis brazos están en llamas, siento el calor irradiar de mi. Mi madre me sigue, también está en llamas. Sonrío maliciosa.

-¿Quién será el primero en probar esa teoría?- Pregunto en un rugido furioso. Y aunque esté ardiendo, literalmente, puedo sentir frío en mis dedos por la adrenalina.

-Oh.- Dice él formando de su boca una O abierta, sus ojos brillan de diversión.-¿No te ha enseñado mamá que con la comida no se juega?

-¿No te ha enseñado tu madre que los muertos deben pertenecer así?

Veo por el rabillo del ojo a uno que se mueve, finjo que no lo veo y cuando se acerca lo suficiente, formo con mis manos una bola de fuego que le da justo en el pecho.

Lo escucho gritar, y sé que en parte es malo porque el ruido puede atraer a más. Pero no me detengo, lanzo otra al siguiente que intenta acercarse, incluso la estaca en mi otra mano está en llamas.

Todos avanzan hacia nosotras al mismo tiempo, y era lo que me temía.

Me posiciono espalda contra espalda con mamá y observo a los hombres que debían estar quemados pero cuando los veo, están repuestos, se han curado ya. El fuego no era útil aquí.
-Finalmente.- Dice el tatuado.- Se dan cuenta que no hay salida, puedo verlo en sus ojos grises como el metal.- Tal vez hayamos perdidos nuestros dones, sin embargo ganamos otra cosa... Grandes habilidades para cazar.- Sonríe maliciosamente. Sus palabras no me pasan por alto, ahora sé por qué Tessa no usó sus dones conmigo, o por qué ellos no habían intento nada aún. No tenían dones, al parecer el virus lo anula, eso es información valiosa.
Mi voz no tiembla cuando le digo.- Vete al infierno.
-Seguro, te espero allá.
Estamos rodeadas y esta vez con menos espacio. Ellos cruzan las llamas, gimen de dolor pero al cabo de unos segundos, se acostumbran al dolor. ¿En qué clase de criaturas nos convertimos al ser mordidos?

Levanto la estaca así como mamá y cuando el de los tatuajes asiente a sus hombres, estoy segura que jamás me sentí así de derrotada.

Y entonces hay un rayo de luz cegadora. Gimo y me tapo los ojos. Es cuando escucho los disparos. Abro los ojos a tiempo de ver cómo varios de los Caníbales caen al suelo, alguien me toma de la cintura, alejándome de los que se aproximan a mi. Ese alguien es Sam. Me coloca tras él y empieza a disparar directamente a las cabezas de estos. Busco a mi madre con la mirada pero la encuentro a salvo, detrás de James. Los Caníbales que estaban detrás, en la puerta están muertos, yaciendo en el suelo.



Abby Conrad

#6675 en Fantasía
#13539 en Novela romántica

En el texto hay: guerra, virus, ancla

Editado: 12.03.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar