Paraíso En Llamas (libro 2)

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Capítulo 18

Lo primero que siento es el cambio climático, hace mucho, pero mucho calor aquí. Lo próximo que percibo son los sonidos. Todo está demasiado vivo para ser las once de la noche, porque son tres horas de diferencia entre Canadá y L.A No veo las luces pero siento la vibración de la pared a mis espaldas, a causa de la alta música. Estamos en un callejón y el olor a basura y vómito me hacen hacer una cara de asco.
-¿No había otro lugar despejado para aparecer?
Escucho la risita de Sam.- Lo siento, es el único lugar vacío que conozco, además.- Se endereza y yo hago lo mismo, estirando la tela para estar decente.- Nos queda cerca.- Toma mi mano y tira suavemente de mi para salir del callejón oscuro y sucio. Justo al hacerlo, me encuentro con una playa al otro lado de la calle. Mi boca se abre por asombro. No había escuchado el golpear de las olas a causa del alto volumen musical.

-Manhattan Beach.- Dice Sam.- Si salimos temprano, podemos ir a curiosear.- Lo sigo mientras pasamos bajo las luces de la calle y luego nos guía directo a un lugar gigantesco y ruidoso. Hay una larga fila de personas que quieren entrar, un gran hombre con cabello rapado y piel oscura mira las identificaciones. Yo me tenso ya que no traje la mía, miro a Sam pero camina con seguridad, como si el mundo está a su dominio, y su rostro es inexpresivo pero creído y cuando llegamos hacia el gorila, ignorando la fila y pasándola, muchos se quejan, muchos que visten como nosotros. Sam va hacia el gorila que abre los ojos como platos e incluso lo veo dudar de sus movimientos, parece nervioso. Frunzo levemente el ceño.

-S-señor Morrison.- Dice este a tropezones.- Un gusto volverlo a ver, señor.

Sam ni siquiera se inmuta.- Vengo a ver a Bruno.- Dice él desinteresado.- Tiene algo para mí.

El hombre asiente rápidamente.- Claro que sí, señor.- Sus ojos se posan en mí, abre la boca pero luego mira nuestras manos entrelazados y se hace a un lado de la pasada.- Pasen, por favor.

San no duda en hacerlo y sin decir siquiera "gracias" nos guía adentro.

La música alta me hace arrugar la frente.

El lugar es bastante amplio y lujoso, una de las discotecas más lujosas y grandes que he visto.

El grupo de personas es extenso. Los cuerpos se mueven pegados los unos con los otros, separados por poca tela. Las luces en el techo son de colores, cambian de rojo a rosa y de rosa a a morado y de morado a azul, luego parpadean, se apagan y vuelven a encenderse en un segundo. Hay un escenario en el fondo donde me supongo a veces dan conciertos. Hay instrumentos sin que nadie los toque esta noche. Hay una barra a la derecha pero para pasar, a como estamos haciendo, tenemos que empujar a los cuerpos sudados y borrachos de adolescentes tontos y adultos sin control. Siento el sudor de alguien impregnarse en mi brazo mientras Sam me guía con cuidado. Me doy cuenta de que algunos usan ropa fluorescente o pintura de ese tipo para que con las luces se noten más entre la multitud. El olor a sudor, sexo y alcohol se siente en el aire. La daga se me pega al muslo mientras pasamos a toda esa gente y llegamos al par de taburetes vacíos en la barra. Evito estremecerme por el frío del metal del asiento en mis muslos.

Creo que estoy sudada, ni siquiera han pasado veinte minutos y ya lo estoy.

Miro a Sam que observa el lugar, o mejor dicho, al pasillo en el fondo donde hay parejas apoyadas a la pared haciendo cosas... aparto la vista de ahí y miro hacia la gente.
-Este lugar sigue siendo el mismo que hace dos años.- Dice con voz alta para que pueda escucharlo a través de la música.

-¿Iremos hacia Bruno o él vendrá hacia nosotros?

-Vendrá.- Dice en tono seco.- Para mientras ¿Por qué no bebemos algo?

-No bebo.- Digo de inmediato. Sam me sonríe de lado.

-Estás en Los Ángeles, estás acompañada por alguien confiable, creo que sólo por hoy puedes quitar esa regla de "no beber"

-No me has visto cuando bebo, la última vez también estaba con personas confiables y me emborraché tanto que de momento a otro desperté en mi habitación sin saber lo que había pasado.- Casi me río ante el recuerdo.- Y el dolor de cabeza de no fue bonito.

Veo a Sam evaluarme con la mirada.- Bueno, yo si soy responsable, no dejaré que sobrepases el límite.

-Tú no conoces mis límites.- Me quejo.

-Te conozco mejor de lo que crees.

-Oh, eso no suena para nada acosador.- Rueda los ojos.

-Sólo relájate.- Dice con calma y luego llama al chico que atiende y pide dos Margaritas.

Lo miro de reojo.- Espero que hagas bien de niñero.

El chico coloca las dos Margaritas frente a cada uno y levanta la suya para chocarla con la mía.- Soy bueno en muchas cosas, pastelito.- Escucho el sonido del chocar de las copas.

Bebo un trago, está deliciosa así que tomo otra y siento el golpe del alcohol al instante.

Me relamo la sal que se queda incrustada en mis labios.- No aceptes bebidas de extraños y si por alguna razón no te estoy viendo, no te distraigas con tu bebida, pueden haber violadores en cada esquina de este lugar, así que ten cuidado.



Abby Conrad

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En el texto hay: guerra, virus, ancla

Editado: 12.03.2018

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